Jorge Carrión
Membrana
Galaxia-Gutenberg
243 páginas
POR JOSÉ MARÍA POZUELO YVANCOS

Para comprender bien esta obra, que obtuvo el LII Premio Internacional del Novela Ciudad de Barbastro habría que acudir a dos contextos histórico-literarios, que imagino algún día trazara algún estudioso con detalle. El primer contexto tiene que ver con el autor, y el segundo con su generación. Respecto al autor, su trayectoria ha mezclado novelas (la trilogía Los muertos, Los huérfanos, Los turistas) y ensayos; los tres más conocidos se titulan Contra Amazon, Viral y el libro titulado Barcelona, libro de los pasajes. Es importante entender que, si bien los géneros son distintos, una de las condiciones definitorias de la apuesta literaria de su autor es la mezcla de ensayo y novela, hasta propiciar una amalgama en que en el seno mismo de la ficción hay una apuesta reflexiva que muchas veces, así ocurre en Membrana, desdibuja (para bien y para mal según el tipo de lector) su apuesta narrativa. La mescolanza de géneros me sirve para aludir al otro contexto que entiendo necesario y es su vínculo al menos en los comienzos, hoy desdibujados, de la que fue denominada generación Nocilla, que tuvo en la elección de esa marca un hándicap que no ha logrado superar, aunque contenía apuestas de diferente calado por parte de los que formaron aquel grupo generacional entre los que se cuentan Manuel Vilas, Agustín Fernández Mallo, Vicente Luis Mora y el propio Jorge Carrión. Ese estudioso, él o ella, experto en historia de nuestra narrativa que demandaba antes, tendría mucha materia de análisis con solo recorrer la trayectoria posterior de cada uno de los que formaron aquel grupo en que todos se citaban unos a otros y vivieron una «revolución narrativa» que como le ocurre a casi todas, contenía de todo, y no todo era revolucionario, también claroscuros en la calidad de unos y otros. Curiosamente una vez abandonaron el barco promocional de la generación Nocilla, mejoro la literatura de casi todos ellos. Terminada la predicación hubo más trigo. 

Pero si traigo ese contexto externo para entender mejor la novela Membrana, es porque tuvo esa promoción de autores la divisa de mezclar en el género novela muy diferentes aportes. Para algunos fue la cultura musical roquera, heavy o pop en general, incorporada en forma de mitos o personajes a sus novelas, para otros era la ciencia en forma de descubrimientos o desafíos, para casi todos fue el mundo de series televisivas o comics o finalmente videos de youtube. Y en general todos acogieron el mundo Internet como crisol o cruce de los muy variados géneros de la cultura. En casi todos ellos había otro contexto: su desconfianza hacia la estructura narrativa de generaciones anteriores, en especial la trama y los adyacentes que con ella pudiera tener el desarrollo de la novela que tildaban simplemente como realismo. 

Es aquí donde se inscribe Membrana, que rompe, junto con otras de su generación que adoptaron también forma distópica, tres condiciones anejas a la novela que se conoce como realismo y que más bien habría que calificar de referencial: la primera es la unidad de una trama que adopta la forma de intriga con planteamiento nudo y desenlace. La segunda es la muerte del personaje protagonista, como entidad definida y caracterizada con perfiles precisos. La tercera es lo reconocible de los cronotopos puestos en juego. Esta tercera propiedad, la del cronotopo diluido o metaforizante, es la que comparte Jorge Carrión con otras formas de distopia o heterotopía seguidas por diferentes autores de la joven narrativa española, entre ellos Sara Mesa, Pilar Adón y Ricardo Menéndez Salmón.

La apuesta de Jorge Carrión es la más radical en los tres parámetros que he anunciado. No tiene un narrador reconocible, pues la novela es narrada, mejor sería decir enunciada, por un nosotras, que parece comenzar siendo heredera de las fórmulas tradicionales de oralidad de origen femenino (abuelas, madres) pero que conforme la novela avanza va desdibujando esa referencia, por el artificio de feminizar de modo sistemático el sujeto de enunciación. La explicación final de ello se encuentra desplazada a la página 200 de la obra, en que terminamos reconociendo que ese plural responde a la amalgama de redes y maquinas denominada «Membrana», que da título y sentido a ese «nosotras ya nos entendemos» que se reitera una y otra vez (más veces quizá de las necesarias pues termina siendo un tic expresivo que no favorece a la novela). Tampoco la favorecen otros tics expresivos del tipo «dudas y deudas» que va desde la dedicatoria a paratextos cada tanto y casi en cada capítulo. Como ocurre con todo juego, también esta paronomasia resulta paulatinamente menos graciosa y expresiva conforme se va repitiendo.

Es algo que le ocurre a esta novela. Nunca deja de ser una apuesta brillante, podría decir que me ha parecido de una originalidad sobresaliente, con muchos valores a los que ahora iré, tanto en concepción como desarrollo. Pero ciertas opciones menores a modo de insidiosos tics, perjudican el conjunto de un modo innecesario. Por ejemplo, al haber desplazado la explicación del posesivo plural narrativo escondido en nosotras hasta el final de la novela, las apreciaciones sistemáticas de lo femenino para toda referencia personal crean un distanciamiento real del lector para frases tan disparatadas como «Ya la antepasada Ramon LLul en el siglo XV dijo que el pensamiento podía ser artificial» (p.53). El lector no alcanza cuando se encuentra tal frase a explicarse por qué, ya puestos, no ha dicho «Ramona Llull». Lo entiende después (al final de la novela) pero el mal ya se ha hecho, en la forma de supuesta analogía que el lector puede hacer con el coro ministerialoide que propende a nombrar en femenino la totalidad de género. A este lector a lo largo de la novela le causaba algo de grima ver a Jorge Carrión, quien tiene condiciones de solista, en ministriles coros de menor inteligencia.

Salvados los dos hándicaps de tics expresivos («deudas y dudas», «nosotras nos entendemos») y falta de explicación de los plurales femeninos, que en el conjunto de la obra son menores (por tanto, más lamentables), voy a lo que me parece más elogiosamente reseñable de la novela. Se ha concebido como la reconstrucción de una utópica visita a 57 salas de un Museo también heterotópico, albergado en un lugar de la selva brasileña, durante el año 2100. Esa visita al Museo reúne objetos, libros, cuadros, imágenes, evocación de sucesos, que se enumeran al comienzo del capítulo, en los que se va mezclando referencias reales con otros imaginarios en un conjunto que repasa la historia toda de los avances de aquello que conocemos como civilización, desde la rueda, o los experimentos, pongamos por caso de Leonardo da Vinci, hasta el uso militar de los drones por parte del ejército israelí, y su agencia de espionaje, el Mossad. Hay por tanto un Tejido colectivo en que las maquinas (las físicas y las que constituyen los algoritmos de la red, que ha dejado atrás su fisicidad, sustituida por hologramas) van suplantando al hombre y el culmen de esa sustitución es la propia enunciación narrativa, que entendemos finalmente definida desde ese conjunto heteróclito que da título a la novela: Membrana. 

El libro está lleno de referencias históricas y es muy rico en el conocimiento de vicisitudes que la civilización humana ha ido teniendo en el gozne de su evolución, y una de sus apuestas ha sido eludir la historia o trama argumental personal. Si acaso ha concedido algo (al lector común de novela le parecerá excesivamente poco) al proponer una parte de historia personal de dos personajes, Karla Spinoza y Ben Grossman, ambos detentadores de un pensamiento rebelde frente a lo que de una u otra forma resultaba proclive al fin de la Historia y Humanidad, como resultado de un uso subsidiario al Poder de la Ciencia y los dictados de las máquinas y Redes. Para hacer este resumen he tenido que realizar un injusto (para la novela) esfuerzo de comprensión, porque lo que creo mejor de ella es que impone un dictum poético de su propia formulación expresiva, no siempre racionalizable, por lo que un resumen termina siendo una forma de traición. El antetexto de la novela, que firma J.M. Coetzee creo que ofrece, una vez leída una clave: 

«Al explorar el poder del pasado para producir el presente, la novela nos sugiere cómo explorar las posibilidades del presente para producir futuro».

Jorge Carrión, más allá que hacer una crítica, imagina en Membrana un futuro en forma de resultado inequívoco de errores (y horrores) del presente.