
Arià Paco
Teoría del juego
Anagrama
296 páginas
¿Cómo escribir sobre el amor, en general, y sobre el deseo y el sexo, en particular, desde la perspectiva de un hombre heterosexual en el siglo XXI? Esta parece ser la pregunta que activa la escritura de Teoría del juego, de Arià Paco, novela ganadora del décimo Premio Llibres Anagrama de Novela 2025. Sin duda, escoge un lugar de enunciación en el que es fácil embarrarse, pero que la novela sabe resolver. ¿Cómo? Fundamentalmente, por la elección del narrador. En el primer capítulo, uno de los más logrados, habla una voz que se dirige a otro personaje, Aurora. Esa voz dice que no puede contar su historia en primera persona, para no caer en la autocompasión, para no proteger al personaje, y también porque no puede obviar que es un hombre quien cuenta. Por ese motivo, busca un narrador en tercera persona, que será quien hable durante el resto de capítulos, un narrador que podríamos calificar no solo de autoconsciente, sino de narrador-novelista, semejante al de Poeta chileno, de Alejandro Zambra. Es decir, se trata de un yo que se pone una máscara, que efectúa un movimiento de desvío a otra voz, que se distancia de sí mismo para ahondar en la abyección del personaje. La imaginación consiste en narrar al otro porque es un enigma que se quiere comprender. En este caso, el enigma es el propio yo. Por tanto, se trata de una novela que comienza preguntándose por cómo narrarse y explicita la decisión narrativa desde un primer momento. La sospecha y la autoconsciencia son los mecanismos de los que sirve.
La historia se cuenta rápido: Teoría del juego analiza la vida amorosa y sexual de un personaje, Ernest, desde la adolescencia hasta la veintena, un personaje que crece a la par que internet, las redes sociales, el feminismo, el poliamor, las relaciones abiertas. La novela precisamente atiende a cómo este personaje vivencia y se relaciona con ese mundo. Digo, por ello, que la historia se cuenta rápido: porque el foco, más que en la trama, recae en la reflexión. Por tanto, se podría calificar esta novela de bildungsroman —millenial, o hasta paródico y torcido—; también de educación sentimental, aunque casi más bien sexual, por la preeminencia del tema, o, en fin, de usos amorosos de los 2000 desde la perspectiva de un hombre heterosexual. Como dice Piglia, el héroe de una novela clásica es alguien a quien no le gusta el mundo tal y como está, lo que lleva a una tensión entre el héroe y el mundo; en concreto, entre sus ideales y la realidad. Aquí, si bien este décalage entre el héroe, que se ríe de las convenciones sociales respecto al deseo sin, cabe decir, proponer una vía, y el mundo está presente, el peso, sin embargo, recae más bien en que se trata de un mundo que esta generación tiene que crear, así como también tienen una moral respecto al amor que inventar.
Desde este ángulo, la novela habla de la amistad masculina, trabajada como un espacio de mutismo emocional y de bromas basadas en la humillación del otro, sazonado con chistes sobre falos, de la culpa —una culpa brumosa siempre planeante, inicialmente de raigambre religiosa—, del deseo, entendido como una especie de voluntad o de fuerza natural o animal, como un mar al que no se le pueden poner vallas morales; también de la legislación del deseo frente a la inmoralidad del sexo del protagonista, de las normas sociales que lo contienen, pero, sobre todo, habla de un momento de búsqueda de una moral del deseo.
¿Cuál es su poética implícita? Es esta una novela representacional y, en la estela murdochiana, de estudio moral, inserta en la literatura sobre el deseo. Por un lado, representa una experiencia muy concreta: la vivencia del feminismo y de las transformaciones en los códigos de los afectos por parte de un joven barcelonés de clase acomodada. Pero, por encima de este personaje, capta también las incertidumbres que asoman en el momento de construir relaciones amorosas. En este sentido, por otro lado, es también un estudio moral porque, sobre todo, se detiene a analizar los ángulos ciegos de la moral del personaje, así como señala los de la moral social.
Sexo, culpa, masculinidad y moral. Esas parecen ser las palabras fundamentales en torno a las que reflexiona Teoría del juego. Pero, ante todo, es una novela que no abandona la incertidumbre respecto a cómo narrarse.