Pensar la edición desde una perspectiva transatlántica es, en cierto modo, detenerse a observar un mapa en movimiento. Ese mapa nos muestra, de un lado, la expansión de los grandes conglomerados europeos —españoles y alemanes, sobre todo— que en las últimas décadas han afianzado su presencia en la región latinoamericana, con la fuerza material de quienes cuentan con redes de distribución a gran escala y, por tanto, con la capacidad de convertir sus catálogos en omnipresentes. Un territorio aparentemente conquistado. Pero, al mismo tiempo, ese paisaje está habitado por fuerzas que lo resisten, lo disputan y cuestionan sus dinámicas. Los proyectos independientes, que multiplican catálogos con producción literaria diversa, llevan años recordando que la palabra «independencia» nunca es unívoca, que la bibliodiversidad es un valor en sí mismo y que el mundo editorial es un ecosistema complejo y poroso, que afecta y se ve afectado por las tensiones sociales, económicas y políticas de cada momento histórico. La conversación en torno a estos temas no se detiene: atraviesa congresos, ferias, entrevistas y, por supuesto, las páginas de este dossier.
En ese mapa desigual, Argentina ha sido históricamente un laboratorio privilegiado, lugar de convivencia efervescente de ambos modelos de producción editorial (lógica de grupo vs independencia, si se quiere pensar al panorama de manera binaria). Ha sido un espacio históricamente marcado por la proyección hacia fuera y la hibridación cultural y particularmente con España. Pienso, por ejemplo, en cómo durante el exilio republicano durante la época del franquismo la industria editorial argentina y las redes intelectuales fueron moldeadas por las editoriales fundadas por españoles llegados a la Argentina (como Espasa-Calpe, Losada, Sudamericana y Emecé); o, dando un salto temporal importante, los casos de editoriales independientes argentinas que en años recientes han establecido una presencia estable en la península, con sedes, equipos de trabajo locales, estrategias de comunicación diferenciadas y catálogos adaptados en cierta medida a las especificidades del mercado español.
Si en el primer caso imperó una necesidad política de nuevo refugio, nuevo arraigo y nuevas redes, ¿qué lleva a las editoriales independientes argentinas hacia España? En algunos casos las razones son, naturalmente, movimientos personales y afectivos, que llevan a los y las editoras a plantearse la posibilidad de llevar consigo al proyecto y permitirle echar nuevas raíces. Desde lo comercial, se trata de un mercado amplio e hispanohablante, pero, y sobre todo, con un poder adquisitivo más estable. Además, debido a los límites estructurales de la industria editorial latinoamericana (vista como un todo, como una red regional) suceden cosas como el hecho de que sea más sencillo exportar libros a otros países de la América Latina desde España, que desde Argentina. Simbólicamente, se trata también de una forma de disputar cómo se lee la literatura latinoamericana en Europa, qué imagen se proyecta de ella, qué voces alcanzan a circular de manera central y cuáles quedan relegadas a una lectura desde la mirada exotizante. Dos de esos proyectos —Sigilo y Blatt & Ríos— nos permiten entender lo que significa hoy cruzar el Atlántico en busca no sólo de lectoras y lectores, sino de repensar todos los modos y las razones de editar.
Blatt & Ríos y Sigilo: el desembarco independiente
Conviene recordar algo elemental: los libros viajan de muchas maneras. Se exportan y se venden como costosas ediciones importadas, se imprimen en otros territorios, circulan por canales formales e informales, son trasladados en cajas o a veces hasta en maletas documentadas. ¿Qué quiero decir con esto? Que para llegar a España no hace falta una oficina en Madrid o en Barcelona: basta una buena distribución. Instalarse allí responde a otra lógica, a otra mirada. Es un gesto cultural, incluso político: la voluntad de participar plenamente en un paisaje editorial distinto, de forjar alianzas, de crear comunidades lectoras en diálogo con otras tradiciones, negociando con el bagaje y la posición que conlleva el hecho de ser recién llegados.
Surgen entonces muchas interrogantes sobre lo que significa para una editorial independiente argentina editar desde España. Para despejar la curiosidad, he conversado con Mariano Blatt y Paula Pérez Roda de Blatt & Ríos y con Maxi Papandrea y Adam Blumenthal de Sigilo sobre las modulaciones que adquieren estos proyectos editoriales al insertarse en el campo literario español. Interesa pensar no solo cómo estas editoriales argentinas se adaptan al nuevo contexto, sino también cómo lo transforman desde su especificidad, introduciendo otras temporalidades, sensibilidades comunicativas y políticas de la edición.
Fundada en Buenos Aires en 2010 por dos poetas, Mariano Blatt y Damián Ríos, y una década después en Madrid acompañados por Paula Pérez-Roda, Blatt & Ríos tiene un catálogo diverso en el que conviven la narrativa, la poesía, la crónica y el ensayo, de autores y autoras argentinos, latinoamericanos y traducciones. Por su parte, Sigilo es una editorial en cuyo catálogo encontramos narrativa argentina, latinoamericana y española, así como narrativa traducida (particularmente desde el francés, el hebreo, el inglés y el húngaro), libros de no ficción, libro ilustrado y poesía. Fue fundada, con otro nombre, en 2014 en Buenos Aires por Maximiliano Papandrea, en ese entonces asociado con Claudia Arce y Andrés Beláustegui. Desde el 2014 Sigilo tiene también sede en Madrid, con Adam Blumenthal en la dirección editorial española.
Como mencioné más arriba, para estas editoriales, y para otras que han hecho lo mismo (como Ampersand, Adriana Hidalgo, y otras tantas) aterrizar en España implica forzar la puerta de entrada a un mercado más grande y estable, sostenido por la lengua y ciertos vínculos culturales compartidos, pero también enfrentarse a un campo saturado por la sobreproducción editorial. ¿Cómo hacerse un lugar entre tantas novedades? ¿Cómo captar la atención de libreros, prensa, comunidad lectora y crítica literaria digital en el nuevo contexto? Sin olvidar que es una hazaña que se intenta en tanto recién llegados, con una identidad extranjera y sin las posiciones de las que se gozaba en el país de origen. Eso sí, hay que recalcar, apelando a las redes generadas edición tras edición de ciertas ferias y festivales literarios en los que participan y se vinculan, en parte gracias al impulso del ritual compartido, con otros proyectos.
El catálogo como gesto crítico
Recordemos que la identidad de una editorial se forja, en primera instancia, por su catálogo. Y si los criterios de publicación tienen que ver más que nada con una política editorial intrínseca que justifica la existencia misma de la editorial (es decir, ¿qué textos las editoras y editores consideran que vale la pena publicar?), los factores contextuales pesan también en las decisiones finales. Al desplazarse a editar literatura latinoamericana desde España se realiza, sin duda, una operación de intervención crítica en la que se elige, se «traduce» y se promueve una imagen otra de esta literatura, se disputan los modos en que se lee y se edita en lengua española. Se busca sobrepasar las expectativas eurocéntricas ancladas al imaginario del boom y del realismo mágico para, simple y complejamente, proponer lo que se considera mejor de la literatura argentina y latinoamericana. Desde un Sur que ya no se percibe solo como origen, sino también como interlocutor.
En este sentido, la intervención crítica también significa que el catálogo no puede ser exactamente el mismo de un lado y otro del Atlántico, porque no está dirigido a las mismas comunidades lectoras, porque la oferta editorial ante la que se encuentran es otra, porque la relación con el mundo literario es distinta y porque las diferencias culturales configuran el acercamiento. En los casos de ambas editoriales la idea inicial fue (aunque no exclusivamente) dar a conocer autoras y autores latinoamericanos en la península y, poco a poco, observar la dinámica de recepción. Si el catálogo español de Sigilo es aproximadamente 80% común al argentino, la estrategia de Blatt & Ríos España se encuentra en plena transformación desde el año pasado, tras la decisión de abrir más espacio en el catálogo a autores y autoras españolas, como han sido los casos de Rosa Chacel, y de las poetas Belén Soto y Perla Zúñiga. ¿Por qué? Porque se entiende la necesidad de dialogar con el contexto, de intervenir concretamente en la discusión literaria local, haciendo espacio para voces españolas equivalentes a las noveles y novedosas del catálogo argentino.
Alianzas y complicidades: la columna vertebral de un ecosistema
Ahora bien, el trabajo editorial no se agota en los libros. Es necesario intervenir en cada etapa de producción de sentido, construyendo redes con otros actores del ecosistema cadena del libro: otras editoriales, librerías, colectivos culturales locales y eso, desde luego, implica tiempo, vínculos de confianza y paciencia. Por un lado, se tejen vínculos de solidaridad con otras editoriales independientes argentinas que han recorrido el mismo trayecto hacia la península y que pueden, por ejemplo, allanar el camino frente a obstáculos logísticos. Con las librerías, porque son ellas las que deciden qué títulos permanecen en sus mesas, qué libros son defendidos, qué catálogos circulan de manera sostenida y a qué autoras y autores se invita a presentar sus libros. Además, en un país con un ritmo de publicación tan abrumador, lograr complicidad con libreras y libreros comprometidos es una de las claves para sostener la visibilidad a largo plazo de un proyecto. Por otro lado, se forja una relación con la crítica literaria, pero entendida desde la perspectiva transformada de nuestra época, es decir, distanciándose de la figura tradicional del crítico literario: una multiplicidad de voces que prescriben lecturas en redes sociales, blogs, podcasts y newsletters. Muchas veces se trata de lectoras y lectores que comparten reseñas por iniciativa propia y otras veces esto surge a través de colaboraciones de tipo profesional con editoriales. En este nuevo escenario, la figura del «mediador» se diversifica y se vuelve más cercana, más horizontal. La lectora y el lector de hoy se relacionan de una manera distinta con estos nuevos agentes de la mediación, al percibirlos como pares.
La voz del editor/editora en el micrófono digital
Respecto a esto último, es evidente que hoy, a través de las redes sociales, las editoriales hablan en primera persona: el editor o la editora ya no es una figura silenciosa sino alguien que conversa de manera directa con las lectoras y lectores. Al tratarse de herramientas accesibles, directas, son quizás las más efectivas para enunciarse e insertarse de manera inmediata en la conversación, en los debates culturales, y en la actualidad del contexto español. Ejemplo de ello es el post de Sigilo España en solidaridad «algunas amigas y lectoras, que están sufriendo estos días los incendios que asolan nuestro país y por las que están poniendo el cuerpo», incendios forestales aún activos y que calcinaron más de 350,000 hectáreas durante el verano en España.
Más allá de Instagram y Facebook, otras herramientas como los boletines siguen siendo una vía importante de comunicación. Una que se quiere quizás menos efímera o que, al menos, apela a otra economía de la atención, a otra temporalidad. Observamos, en este sentido, el post de Instagram de Blatt & Ríos España en el que se invita a los y las seguidoras en dicha red a suscribirse a la newsletter llevada «desde Madrid, Barcelona, Granada o la parte de España en la que andemos» para anunciar las novedades y las participaciones en ferias o festivales, recordando a quien lo lea la presencia local del equipo de la editorial y del potencial punto/momento de encuentro. En ese post, llama la atención el cuestionamiento «No sabemos si las redes sociales durarán para siempre, pero sabemos que la literatura sí, así que os invitamos a suscribiros», que invita a reflexionar sobre la perennidad y la inmediatez de las redes sociales frente a otras posibilidades por las que podemos todavía apostar colectivamente. En el caso de Sigilo España, los boletines semestrales impresos en rotativa y disponibles en las librerías reafirman la reivindicación de modos otros de comunicar, materialidades y sensibilidades otras que distan de las estrategias multiplicadas sistemáticamente y a gran escala por las grandes editoriales. Una materialidad, además, anunciada no como sagrada, no (necesariamente) como objeto de colección en su totalidad, a pesar de lo estético, sino como un punto intermedio en el que lo relacionado con la literatura pasa a formar parte de la vida cotidiana: «qué cosa más antigua, no? Qué maravilla! Lo lees, te quedas con el póster central y el resto lo usas para el fondo del cesto de las patatas».

Otra temporalidad-materialidad que vale la pena mencionar es la del podcast, herramienta que ha sido, en su momento, utilizada por Blatt & Ríos España para poner a conversar a «autorxs de la casa y del resto del universo», proyecto que apetecía a Paula Pérez-Roda, y que resuena con la estrategia de editoriales como Anagrama con su podcast Tema Libre. Una tendencia naciente en los últimos años que, sin embargo, implica una carga laboral importante si se quiere constancia y que, por tanto, resulta más factible para los equipos de trabajo grandes y racionalizados.
La literatura toma cuerpo, toma espacio(s): la vida colectiva del libro
La experiencia colectiva de crear comunidad a través del acto de editar encuentra diversas formas más allá de las redes sociales, en espacios relacionales encarnados: los eventos en librerías, las ferias y los festivales literarios. ¿En qué temporalidades y a qué escala se trabaja este aspecto frente al panorama de las estrategias promocionales generalizadas del mundo editorial español? Para Blatt & Ríos España es importante la presencia en este tipo de eventos, pero más que en ferias al uso, organizadas por los ayuntamientos de las ciudades, en aquellas que correspondan a su posición. Es decir, por el momento se prioriza la participación en ferias de edición independiente como «Back to the Book» en Madrid o pequeños festivales como el «mediofestival y medioferia de publicaciones» en Granada. Por su parte, Sigilo participó por vez primera este 2025 en la Feria del Libro de Madrid, sin autores firmando los libros, pero con una presencia del equipo y de los libros que fue comunicada en Instagram en un tono espontáneo y divertido desde el principio hasta el final. El post final de fin de la feria, con una primera bella foto de una persona anónima tirada, fatigada, en una jardinera llena de flores es un ejemplo de la sensibilidad y la proximidad que se construye en torno a las comunidades literarias: más que de los libros, se apela a la comunidad creada alrededor de ellos.
Editar como apuesta simbólica

Sin duda, instalar una sede en España significa, para las editoriales argentinas independientes, no solo una operación comercial para abrirse las puertas hacia un mercado más grande y con mayor poder adquisitivo, sino una apuesta simbólica. Desde un escenario en el que estos proyectos editoriales han tenido que enfrentar, en estas primeras décadas del Siglo XXI, condiciones económicas inciertas, políticas culturales inestables (y actualmente menguantes), así como una competencia desigual frente a los grandes grupos editoriales, proyectarse hacia otros territorios aparece no sólo como una posibilidad de crecimiento, sino también como una forma de supervivencia cultural. Significa asumir que editar es un gesto situado: que solo tiene sentido si logra insertarse en la conversación cultural de un país distinto, con sus tensiones y posibilidades. Y significa, sobre todo, recordar que la literatura latinoamericana no viaja como un producto de exportación, sino como una voz que dialoga, interpela y transforma los modos de editar y de leer en ambos lados del Atlántico.