Arnoldo Gálvez Suárez
La era glacial
Almadía
102 páginas
POR CARLOS F. GRIGSBY

Con La era glacial de Arnoldo Gálvez Suárez, Almadía amplía su catálogo peninsular al incluir un escritor guatemalteco. Desde 2022 ya no es solo una editorial mexicana, sino latinoamericana o, incluso, más que eso: una editorial en español, a secas.

Gálvez Suárez es parte de un grupo de escritores guatemaltecos tenaces que incluye a Rodrigo Fuentes, Carmen María Alvarado y Luis Méndez Salinas, quienes, además de ser autores, son editores, gestores culturales, conspiradores y libreros. Desde Los Jueces (2009), libro con que ganó el Premio Centroamericano de Novela «Mario Monteforte Toledo», uno de los más importantes de la región, Gálvez Suárez viene elaborando una poética propia. Usa la novela corta como dispositivo para pensar las enmarañadas redes de poder en Centroamérica y, específicamente, echa mano de los recursos del noir para ponderar la influencia del narcotráfico en la sociedad guatemalteca. En lo narrativo, sobresale el final abierto y no obstante preciso como apuesta estilística, a través del cual pareciera prolongar sus historias al presente, abriéndolas a una continuidad más allá del punto final.

La era glacial es la más lograda de un tridente de novelas cortas publicado en Guatemala en una sola edición, Alguien bailará con nuestras momias (Sophos, 2023). El título de esta nouvelle es felizmente tangencial: no alude al lugar ni el tiempo en que tiene lugar la historia, sino a un colmillo de mamut encontrado en la finca de Ismael Barahona, un narcotraficante guatemalteco. A lo largo de la novela, el hueso de mamut funciona como leitmotiv de significados múltiples: por ejemplo, de los sueños, el poder y la importancia del territorio. De forma sugerente, el colmillo abre y cierra el relato de forma casi circular, como pensó Chéjov, después de que hubiera escuchado a Tchaikovski, que deberían hacer los cuentos perfectos.

La historia tiene lugar en Guatemala y en ella seguimos a tres personajes centrales: un guatemalteco, un argentino y un nicaragüense. El guatemalteco ya fue mencionado: don Ismael Barahona, padre de familia y abuelo en las postrimerías de su vida, narcotraficante de profesión y dueño de la finca donde se desenterró el colmillo de mamut. El argentino, Santiago Arrabal, es un divertido cantante envejecido que hace una gira de conciertos por Centroamérica. En la novela se nos sugiere que sus canciones tienen un aura similar a las del brasilero Roberto Carlos y el español Nino Bravo. Víctima de un cáncer galopante, ya no es el cantante que solía ser. El nicaragüense se llama Tony Quinteros y es quien organiza o participa en la organización de la gira del cantante argentino por Guatemala, quien luego dará conciertos en Nicaragua. En las páginas iniciales, aprendemos que Tony Quinteros tiene turbias relaciones con Ismael Barahona.

La novela puede leerse como una ficcionalización de la historia del famoso cantante argentino Facundo Cabral, que también planeaba ir a Nicaragua a dar un concierto después de ser asesinado en Ciudad de Guatemala el 9 de julio de 2011. De hecho, el promotor de conciertos y hombre de negocios con quien Cabral iba en el auto en que fue asesinado se llamaba Henry Fariñas, un nicaragüense que tenía lazos con el narcotráfico. Según Wikipedia,

«En julio de 2012 fiscales costarricenses dijeron que Cabral fue asesinado por parte de una disputa entre el costarricense Alejandro Jiménez González alias “El Palidejo” y el nicaragüense Henry Fariñas, ambos miembros de la pandilla “Los Charros” aliada con La Familia Michoacana e involucrada en el lavado de dinero en cantidades de más de mil millones de dólares».

Como lo hizo el juicio de Henry Fariñas en su momento (hay un minucioso artículo en InSight Crime que indaga en los oscuros entrelazamientos entre las élites nicaragüenses, Fariñas y la muerte de Cabral), la novela de Gálvez Suárez nos muestra hasta qué punto la red de narcotráfico en Centroamérica se extiende de México hasta Costa Rica. Sin embargo, el enfoque de la novela no es una reflexión sobre el crimen ni la crueldad. Como apunta el motivo del colmillo prehistórico, el narcotráfico es solo el andamiaje sobre el cual se desenvuelve una historia sutil sobre la amistad, la vejez, el poder y el paso del tiempo.