
Sergio Colina Martín
Diarios de la peste en Nueva York
Vitruvio
76 páginas
En su tercer libro de poemas, Diarios de la peste en Nueva York (2023), Sergio Colina Martín (Barcelona, 1985) continúa con solvencia un proyecto insular dentro de su generación. Al igual que en previas entregas como La agonía de Cronos (2010) y Las guerras frías (2020), su propuesta se articula mediante el registro de impresiones cotidianas, en las que destaca una ausencia de énfasis, pues nunca se hace explícita una voluntad de trascendencia o sentido. Al respecto, el autor se muestra fiel a un devenir vital que carece de certezas parecidas en algo a un guion o un propósito.
A lo largo de cuarenta y tres entradas divididas en dos secciones (East River/ año 1 de epidemia y Hudson River / 2 año de la epidemia), Diarios de la peste en Nueva York esboza la identidad como un pulso entre lo personal y lo colectivo. Así su apuesta de renovación formal es empleada para el tratamiento de un decisivo hecho histórico del siglo XXI: la pandemia de 2020. No obstante, su desarrollo expresa un rechazo a cualquier tratamiento simbólico explícito, lo que le permite huir del tremendismo. Aquello corresponde con su decido uso de un coloquialismo antipoético, en el que el apunte impresionista sirve para erigir una crónica (en la tradición estadounidense de Williams, Ginsberg y la Escuela de Nueva York).
Pacientemente, los poemas se van desplegando, exhibiendo destreza versificadora, oído rítmico y conciencia para recortar el fragmento significativo. De este modo la poesía aparece espontáneamente, como parte de la elocuencia que contribuye a evocar la memoria (16 de septiembre). La estructura del diario le es propicia para edificar una crónica que no se apoya en lo pintoresco ni en lo pictórico, como suele darse en el habitual registro de una gran ciudad como Nueva York (aunque sutilmente se perciba cierto sentido de aventura y también una sexualidad heterodoxa /20 de febrero).
Pese a que el libro dibuje levemente barrios y espacios concretos (Hell´s Kitchen y los museos), sus páginas plasman un tiempo suspendido, en el que predomina la incertidumbre, con palpables indicios de aburrimiento, miedo y nostalgia (la introspección afectiva; ese recuento sobre lo perdido y lo ganado). El efecto estético se produce por acumulación: el lector se va introduciendo en una reflexión compartida. De este modo, la voz termina por retratar a un sujeto poético sin entusiasmo, pero que tampoco cede a un escepticismo cínico (3 de junio):
tú querías ser leyenda
a cualquier precio a toda costa
yo una afirmación
redonda y tranquila
pero firme y constante
como el agua de un grifo
terminé siendo la nota a pie de página
de una falsa estrella
en un firmamento aciago
En otras palabras, los apuntes de Diarios de la peste en Nueva York comparten un proceso de autoconocimiento, un descubrimiento en tiempo real; una operación muy distinta a la de ciertas reflexiones sentenciosas propias de una poesía que repite lecciones morales y lugares comunes. Si, de algún modo, el libro tiene que llegar a una conclusión, esta pasa por episodios que trascienden al individuo, en los que finalmente se reconocen a terceros sea en su precariedad o su enajenación alucinada (22 de marzo, García Lorca en lontananza):
Aquella mañana
en la Avenida B
la mujer agarraba una pata de conejo
y gritaba que había perdido a su hijo
entre los bancos de Tompkins Square
mientras jugaba con las jeringas
y en su boca había un río oscuro
y una rama muerta
[…]
Mas, para el poeta, el crucial hecho histórico no parece tan determinante, pues reconoce que su parálisis es previa: la pandemia tan sólo ha manifestado un clima interior.
Dicha convicción lo tienta con el deseo de huir hacia otro paisaje, en busca de un espacio distinto, radicalmente opuesto (el contacto con la naturaleza en Sausalito, California / 28 de abril). Alternativa que asimismo supone una vana ilusión, pues dentro o fuera de la ciudad, la vida se hubiese disfrutado o arruinado de igual modo en cualquier otra parte, como dejara por escrito hace más de cien años un poeta de Alejandría.