POR PATRICIA ALMARCEGUI
Patricia Almarcegui
Eres artista y eres escritora. La parte expositiva de tus proyectos retroalimenta la narrativa, y la imagen y el texto de tus obras son complementarios. ¿Qué relación mantienes con la literatura y la palabra, y con la imagen y lo visual?

 

Alicia Kopf
Son lenguajes distintos, aunque pueden surgir del mismo lugar. En mi caso, la imagen es el lenguaje más sintético y, a la vez, el que transporta y me transporta más rápido. Un ejemplo son los sueños, que ya trabajan con imágenes y símbolos. Son modos de comunicación extremadamente condensados e intuitivos. De algún modo, la imagen puede anteceder a un pensamiento. Ésa es la potencia que tiene, la inmediatez y la capacidad grandísimas de síntesis y condensación. El texto y las narrativas son maneras de desplegar en el tiempo y son intrínsecamente narrativos y secuenciales. En una obra son sistemas complementarios que hay que saber cuándo se pueden usar para no realizar traducciones. El texto no tiene la función de explicar una imagen ni una imagen tiene la función de explicar un texto. Hay que jugar con la especificidad de cada uno y saber cuáles son los cuerpos que le son más afines.

 

Patricia Almarcegui
¿Un artista ve de forma diferente a un escritor, tiene quizás más herramientas para describir?

 

Alicia Kopf
No necesariamente, un artista puede carecer de un medio muy importante para describir, como, por ejemplo, de suficientes palabras, y puede describir muy bien con imágenes, pero no forzosamente va a hacerlo mejor a través del lenguaje. Eso no quiere decir que haya una percepción o una capacidad de percepción que sea distinta para cada uno de esos artistas. Por tradición, la narrativa ha estado muy orientada a seguir los movimientos del pensamiento y, las artes visuales, a lo que es externo y, por lo tanto, del mundo exterior. Hay sensibilidades que pueden estar más aguzadas, sobre todo en arte contemporáneo, hacia un cierto tipo de escenas e imágenes y, desde la literatura, puede haber otras sensibilidades hacia otros lugares. Porque hay tradiciones distintas de mirada y cada una de ellas puede aportar algo al otro ámbito. Los que los artistas visuales pueden aportar al de la escritura es una sensibilidad muy ligada a lo contemporáneo. Intrínsecamente, cuando estudias arte, te suelen colocar en la contemporaneidad, mientras que los estudios literarios se acaban, normalmente, a mitad del siglo xx. A los nuevos escritores y estudiantes se les están dando muchas veces herramientas que son del siglo pasado, mientras que a los que han estudiado bellas artes, por lo general, se les han dado herramientas de la actualidad. A los artistas se les ha enseñado a mirar en sintonía con el presente y eso es, creo, una ventaja, pero no significa que sea suficiente para escribir. Para escribir hay que haber leído mucho, eso lo subrayo. El escritor es un gran lector. Si tiene una cierta sensibilidad hacia el arte contemporáneo, le puede ayudar a aguzar la vista y la mirada narrativa hacia temas, modos de representación y de descripción que están más en sintonía con el presente y que favorecen a la vez la innovación. Si estás usando las herramientas de Dostoyevski, quizás al final te van a faltar colores para expresar lo que únicamente tiene lugar ahora, con unos colores que entonces no existían. Creo que es imprescindible haberse forjado uno mismo una gran biblioteca de lecturas para escribir. El arte contemporáneo te da herramientas y colores que siempre te van a acercar más a lo nuevo y a lo presente, a lo que aún no ha sido escrito. Es muy importante. No sólo se vive de tradición.

 

Patricia Almarcegui
Los escritores destacan del arte su novedad, alaban lo nuevo y contemporáneo que aporta. Sin embargo, la descripción parece a menudo corta, no es suficiente para hablar del arte contemporáneo, y se nota el esfuerzo y la tensión del lenguaje por traducirla.

 

Alicia Kopf
Sí, porque se usan herramientas que te permiten lo que te permiten. Si te acercas con un lápiz a una escultura, puedes hacer una descripción a lápiz, son lenguajes distintos. Lo que tienen muchas obras de arte contemporáneas es que están siendo muy críticas con los modos de representación y las narrativas, las cortocircuitan. El videoarte cuestiona muchas de las prácticas que se habían dado por sentadas en el cine. La fotografía también se pregunta a sí misma cómo debe ser la descripción. Si en algo destaca el arte contemporáneo, es en ser crítico con sus propios medios y ser siempre consciente de los contextos en los que se mueve. En la literatura, por el hecho de que exista una industria (pues la del libro es una industria), quizá se dejan de significar cosas que se dan por hechas y deberían significarse. Por ejemplo, que un libro tenga una portada u otra forma parte del libro. El libro no se acaba en las palabras, son los espacios en blanco, las páginas mismas, el diseño y la maquetación. Debido a cómo funciona la industria del libro, nos hemos acostumbrado a no significar, a no juzgar un libro por su portada, porque entendemos que eso depende de otra persona, que no es parte de la obra, cuando quizás deberíamos de pensar en todo aquello que la rodea. Yo sabía que cuando escribía Hermano de hielo formaba parte de un proyecto artístico que había sido expuesto. Sin embargo, en su vertiente textual, la galería no era el lugar para dicha parte del proyecto. Si quería que fuera leído como yo pretendía, tenía que irme a otra institución que no fuera del arte e ingresar con todas las garantías para ser tomada en serio en la institución literaria. Por eso me presenté a un concurso con un jurado literario, porque sabía que necesitaba esa legitimación de contexto para ser leída de otro modo. El mismo texto en una galería cambia su sentido, su recepción y su público. Para mí es importante qué cuerpo y contexto necesita cada cosa que se hace y significarlo todo, en un sentido semiótico, dentro de lo que lo rodea.

 

Patricia Almarcegui
Uno de los grandes aciertos y sorpresas de Hermano de hielo es su atmósfera. Es una novela-ensayo integrada por microhistorias y fragmentos, pero la atmósfera le da unidad. ¿Cómo trabajas en la atmósfera que quieres crear? ¿Y en el código sensitivo que emana de ella tras la lectura?

 

Alicia Kopf
Es muy difícil explicar cómo se crea una voz. Cada escritor ha buscado la suya y es difícil que diga cómo lo ha hecho, pues implica gran cantidad de cuestiones que no son sólo literarias, tienen que ver con el trabajo personal de uno mismo y la conciencia de lo que es. Cuando escribo, sigo el hilo de una metáfora, y la manera en que yo me enfoco es realizar un descubrimiento e intentar que el lector me siga en ese viaje. No hay una modulación de voz en la que yo esté intentando crear un efecto. Cuando edito, sí que realizo mucho trabajo para pulir y refinar lo que quiero decir. Escribo en caliente, sí, pero, una vez que sale como libro, hay muchas revisiones e intento que sea lo más depurado posible: que no dé rodeos. Si yo puedo elegir entre tres palabras con el mismo significado, elijo muchas veces la que rítmicamente me funciona mejor.

 

Patricia Almarcegui
El ritmo de Hermano de hielo está unificado, es un ritmo intenso y denso. Lleno de enumeraciones y sustantivos y con una carga conceptual precisa.

 

Alicia Kopf
Sí, por ejemplo, tengo bastante manía a los adjetivos. A propósito de técnicas de las que más o menos he sido consciente, cuantos menos adjetivos registra un texto, más espacio dejas al lector para que pueda valorar. Si hay demasiado pocos, puedes desorientarlo, pero, cuanto menos haya, menos impones una determinada valoración de los hechos. Los verbos imprimen velocidad a las frases, decía Scott Fitzgerald. Sí, probablemente, en Hermano de hielo hay más sustantivos.

 

Patricia Almarcegui
¿Puedes decirme algún procedimiento o modo artístico que has trasladado del arte contemporáneo a la escritura en Hermano de hielo?

 

Alicia Kopf
En mi caso, el modo de trabajar es semejante al de una investigación artística. Lo primero, creo un imaginario visual alrededor de lo que quiero hacer con un marco de referencias. Después, sí, hay un modo de mirar y una sensibilidad en la mirada que tiene mucho que ver con perseguir motivos visuales y analizar las imágenes para completar el relato, aunque nunca para ilustrarlo. Existe, asimismo, mucho interés en torno a la página como signo, no solamente la puntuación, también el espacio en blanco es significante. Proviene de Mallarmé, no es una cosa contemporánea. Su poema Un coup de dés jamais n’abolira le hasard fue fundamental para entenderlo y para comprender el concepto de libro que luego dio lugar al libro de artista. Una superficie significante en su totalidad. Hay muchas cosas distintas mezcladas que vienen del mundo de las artes. Darle vueltas a un tema, el motivo visual, perseguir la metáfora, el modo de describir. Entender que, si necesito una imagen para complementar un texto, debo pensar en qué función tiene allí; algo bien distinto del ilustrador, quien tendría una función casi textual o documental. Las imágenes que hay en Hermano de hielo, los dibujos del comienzo, que son míos, tienen una función de vinculación de lo real con aquella metáfora. En el capítulo de la bola de nieve que tú me comentabas, la clave está en que sigues a la narradora. De repente, la narradora, que ha hecho un viaje de una metáfora o una imagen de una bola de nieve, realiza el viaje hasta el origen donde se fabrica, que sólo se encuentra en una zona del sur de Estados Unidos y es un lugar totalmente contrario al imaginario de dicha bola. Así, busca en internet cómo es la fábrica y yo lo relaciono con Carson McCullers y el personaje de Mick en El corazón es un pájaro solitario (un personaje muy querido para mí). Luego, al final, cuando encuentra una bola de nieve de la zona, ves que metafóricamente añade algo. Como es antigua, el nivel del agua ha bajado justo debajo de la cabeza de la figura de una mujer afroamericana caracterizada como criada del interior y, entonces, la figura puede «respirar», cuando con anterioridad estaba ahogada dentro del agua. Eso es un extra metafórico que sólo tiene sentido en su vinculación con lo real. Es un objeto existente que he encontrado en un recorrido casi «flaneurístico» por el mundo digital, que va del mundo del objeto que tengo en la mesilla de noche al mundo digital, pasando por lugares que suscitan mi interés. Está en relación con las ideas de Kenneth Goldsmith (me interesan mucho sus teorías narrativas) del uncreative writing. Él ha sido uno de los primeros en trasladar esas ideas modernistas del flâneur al mundo digital. A validar el itinerario que harías en una ciudad y que sería merecedor de un poemario o narración y darle la misma consideración que un recorrido digital. Es lo que hago en el capítulo de las bolas de nieve. Desde el objeto hasta el mundo digital, pasando por algunos lugares de referencia personales, y, finalmente, encuentro una prueba de congelación y descongelación de ciertos elementos, también políticos y de género, a partir de un objeto real. Supongo que tiene que ver con mi formación como artista, que es bastante una formación de semiólogo. Al final, los artistas contemporáneos son algo más que creadores de objetos, a partir de Duchamp ya no es tan importante la artesanía o crafts, los artistas son grandes intérpretes o descodificadores de los códigos de los mismos objetos. Son capaces de revertirlos porque son capaces de leerlos. Eso es sutil a la hora de darle la vuelta y resignificar y descodificar. Si te paras a pensar detenidamente, es increíble la cantidad de cosas que vemos cada día y que no vemos. Creo que el arte es una gran escuela de mirada. La escuela de las artes visuales. Yo me formé como dibujante, es como quien estudia danza clásica y le marca toda la vida. Mi ojo es de dibujante, mido, valoro los negros, grises, los puntos de peso y gravedad de la situación en el marco. Supongo que eso se queda para siempre.