El Premio Alejo Carpentier es otorgado por la Editorial Letras Cubanas y se estructura como un espacio de legitimación y difusión de los ensayistas en la isla. Su perfil predominante es el de los estudios literarios, aunque incorpora otras zonas de la producción artística y del mundo cultural. Como tendencia, conviven en él escritores con una obra reconocida y otros, a los que el premio, incluso, les confiere su primer libro. Al convertirse en una parte jerarquizada dentro de la totalidad —no despreciable— de obras publicadas, el premio, con toda su carga de dispositivo editorial, resulta una forma de territorializar la escritura.
Otros nombres a atender en la producción del ensayo del siglo xxi, asociados a problemáticas literarias y culturales de diversa índole, cuya obra se inicia en las últimas décadas del siglo pasado son: Nancy Morejón, Reynaldo González, Luisa Campuzano, Elina Miranda Cancela, Rogelio Rodríguez Coronel, Luis Álvarez Álvarez, Olga García Yero, Rogelio Martínez Furé, Lázara Menéndez y Ana Cairo. Asentados dentro de la vida intelectual cubana (los seis primeros son miembros de la Academia Cubana de la Lengua), sus voces circulan combinadas con las de los escritores más jóvenes, en espacios intersticiales de promoción.
Un signo de vitalidad es la diversidad de asuntos que hoy ocupan al ensayo cubano. Desde la historia recobrada a partir de los estudios de imaginarios y las relaciones hegemónicas; los estudios de arte, literarios, de recepción y de literatura comparada, hasta estudios sobre racialidad, género, sexualidad; grupos intelectuales y proyectos como Paideia, Diáspora(s), Generación Cero; animalidad y materialidades residuales; estudios urbanos, ruinas, distopías; huellas soviéticas en la Cuba posnoventa; religiosidad; ciudadanía y estado de derecho, entre otros. Escritores que se mueven dentro de estas esferas (y otras no mencionadas aquí) son: Marial Iglesias Utset, Antonio Álvarez Pitaluga, Odette Casamayor-Cisneros, Walfrido Dorta, José Antonio Baujín, Leonardo Sarría, Zuleica Romay, Alejandro de la Fuente, José Quiroga, Mirta Suquet, Jesús Jambrina, Louis A. Pérez, Jr., Pedro Marqués, Zaida Capote, Abel Sierra Madero, Julio César González Pagés, Mabel Cuesta, Adriana López-Labourdette, Emilio Bejel, Jorge Camacho, Ariel Camejo, Damaris Puñales, Yoandy Cabrera, Román de la Campa, Raydel Araoz, y Julio César Guanche, entre otros.[17]
En el año 2015, con la conciencia de apuntar a una tradición que borra la frontera entre el «afuera» y el «adentro» insular, Reynaldo Lastre compila, en Ediciones La Luz de Holguín, textos de veintidós autores nacidos todos en la década de 1980, en el libro Anatomía de una isla. Jóvenes ensayistas cubanos.[18] En el prólogo sitúa al libro, y desde luego a las líneas de pensamiento de sus autores, en la genealogía de Rafael Rojas, Iván de la Nuez, Ernesto Hernández Busto, Víctor Fowler, Pedro Márquez de Armas, Alberto Garrandés, Antonio José Ponte o Rolando Sánchez Mejías, al tiempo que sitúa a Paideia y Diáspora(s) como grupos reanimadores de la esfera intelectual del país entre finales de la década de los ochenta y los inicios del 2000. En nota al pie, Lastre amplía la nómina de ensayistas a Emilio Ichikawa, Alexis Jardines, Carlos A. Aguilera, Rufo Caballero, Juan Antonio García Borrero, Norge Espinosa, Roberto Zurbano, Jorge Fornet, Zaida Capote y Duanel Díaz, como autores incorporados «a esta tradición de ensayismo ilustrado en busca de ampliar los márgenes del saber y arrojar luces sobre los temas más variados de la cultura cubana».[19] El título del volumen es un homenaje al texto de Fornet, El 71. Anatomía de una crisis, y las palabras de presentación están a cargo de Fowler, cuyo nombre se repite, sea por su propia obra, ubicada en contextos de visibilidad, o por su evidente influencia en el pensamiento de estos «ensayistas jóvenes».
Hay un aliento inconfundible a «generación» en el libro y un afán de «tomar partido». Según Fowler en su introducción, «la antología es una pequeña máquina de guerra y, a su vez, un lugar privilegiado para entender los conflictos, las angustias, los sueños y la novedad de una época». Más adelante se pregunta: «¿qué ven o quieren ver los autores de estos ensayos? Es decir, en la totalidad de la producción cultural realizada en el país (o los territorios de la diáspora cubana, inclusión esta que apunta a ser una marca generacional), ¿a cuáles autores / textos / problemáticas destacan y consideran relevantes, y con cuáles consecuencias?».[20] Estudios literarios, de artes plásticas, cine y videocreación, estudios de racialidad, género, sexualidad, tienen en común la apropiación de asuntos excéntricos, a saber, más allá del repertorio dominante. Artistas como Antonia Eiriz y Nicolás Guillén Landrián, la ciencia ficción cubana o los filmes presentados en la Muestra Joven del ICAIC son temas que hacen parte de una agenda en contra de la política institucional de décadas anteriores.
En cuanto a sus intereses literarios, es innegable la separación entre los «autores consagrados» del ensayo y los «autores emergentes», influidos por esa generación intermedia activa y vivificante, que se va haciendo mítica, de los nacidos en los sesenta, divididos hoy entre la diáspora y la isla. De un lado, son atendidos José Martí, Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido), Gertrudis Gómez de Avellaneda, Alejo Carpentier, José Lezama Lima, Virgilio Piñera, Nicolás Guillén, Eliseo Diego, Severo Sarduy, y del otro, Jorge Mañach, Calvert Casey, Guillermo Cabrera Infante, Esteban Luis Cárdenas, Roberto Friol, José Manuel Prieto, Waldo Pérez Cino y Gerardo Fernández Fe. Si los autores con una larga trayectoria se dedican a revisitar escritores establecidos en el canon a partir de nuevas perspectivas, los más jóvenes prefieren hurgar en las zonas de la literatura que han recibido menor atención o en «casos» reprobados por la censura.
Concuerdo con Rafael Rojas al observar una apertura y «democratización» del canon que se opera en las esferas de intereses del ensayo cubano más reciente.[21] En el caso de los más jóvenes, además de resultar de una voluntad de elección renovadora, lo anterior coincide con una actualización de temas y teorías en el campo académico, pues varios de los ensayos que se proponen en Anatomía de una isla… provienen de las investigaciones de los autores vinculadas a sus tesis de graduación. En los últimos veinte años, nociones como emigración, género, racialidad, identidad, nación o memoria son enfatizadas en el ensayo cubano como construcciones discursivas, impregnadas por relaciones de dominación. Es imprescindible anotar cómo los flujos de información que se producen a partir de internet y las publicaciones digitales fertilizan la industria de las ideas y auspician el giro en los modos de intelección. Hoy casi todo lo que se produce en el ámbito del ensayo pasa por una fase de «iluminación» e interlocución. Esa diversidad va dando respuesta al reclamo de Desiderio Navarro, al inicio del siglo, sobre los temas a los que debía dedicarle mayor atención la intelectualidad cubana.
[1] Quirón o del ensayo y otros eventos, Luisa Campuzano. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1988, p. 17.
[2] Ibídem, p. 20.
[3] Arriesgaré en estas páginas una nómina de ensayistas, reducida a su visibilidad a partir de referencias a temas, polémicas, premios, antologías, que me permita al menos una incipiente exploración de preocupaciones y tendencias del ensayo cubano en los últimos veinte años. De ahí –y tomo prestadas las palabras de Desiderio Navarro («In media res publica: Sobre los intelectuales y la crítica social en la esfera pública cubana”)– «el carácter abocetado y la ejemplificación mínima» de la presente exploración.
[4] Situación del ensayo, Liliana Weinberg. México D. F.: Universidad Autónoma de México, 2006, p. 146.
[5] «In media res publica: Sobre los intelectuales y la crítica social en la esfera pública cubana”, Desiderio Navarro. En Las causas de las cosas. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 2006, p. 18.
[6] Ibídem, p. 20.
[7] Ese afuera que, cada vez más, deja de ser una metáfora sobre el conocimiento y su búsqueda y se convierte en reales desplazamientos físicos y geográficos de los jóvenes autores hacia Europa, Estados Unidos y América Latina.
[8] El 5 de enero de 2007 apareció entrevistado y ponderado su trabajo en el programa Impronta de la televisión cubana Luis Pavón Tamayo, presidente del Consejo Nacional de Cultura entre 1971 y 1976, quien tuviera un rol dogmático y censor. La omisión de su desempeño durante ese quinquenio implicaba una limpieza de su biografía. La denominación de este periodo como «Quinquenio Gris” se debe a Ambrosio Fornet y alude a la política de represión operada en diversos ámbitos de la cultura artística.
[9] «La mala escritura de la historia”, Arturo Arango. La Gaceta de Cuba, no.1, enero-febrero, 2009, p. 59.
[10] «Cuba, los intelectuales ante un futuro que ya es presente», Arturo Arango. Temas, no. 64, octubre-diciembre, 2010, pp. 80-90.
[11] «Diáspora, intelectuales y futuros de Cuba», Rafael Rojas. Temas, no. 66, abril-junio, 2011, pp. 144-151.
[12] Tumbas sin sosiego. Revolución, disidencia y exilio del intelectual cubano (Barcelona: Anagrama, 2006); Motivos de Anteo. Patria y nación en la historia intelectual de Cuba (Madrid: Colibrí, 2008); El estante vacío. Literatura y política en Cuba (Barcelona: Anagrama, 2009); La máquina del olvido. Mito, historia y poder en Cuba (México D.F.: Taurus, 2012); La vanguardia peregrina. El escritor cubano, la tradición y el exilio (México D.F.: Fondo de Cultura Económica, 2013).
[13] Todo Caliban, Roberto Fernández Retamar. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 2000; A pe(n)sar de todo. Para leer en contexto, Desiderio Navarro. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 2007; Narrar la nación. Ensayos en blanco y negro, Ambrosio Fornet. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 2009.
[14] El 71. Anatomía de una crisis, Jorge Fornet. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 2013.
[15] Ensayo cubano del siglo xx. Eds. Rafael Hernández y Rafael Rojas. México D.F.: Fondo de Cultura Económica, 2002.
[16] A partir de la década de los noventa del siglo xx en Cuba se produce una diversificación de premios que cubren la categoría del ensayo: Premio Alejo Carpentier, Premio Temas, Premio Casa de las Américas, Premio UNEAC, Premio José Juan Arrom de La Gaceta de Cuba, Premio Calendario de la AHS, Premio Pinos Nuevos. Por razones de espacio es imposible bosquejar aquí todos los textos que forman parte de ese amplio universo de producción. He decidido, por tanto, limitarme al Premio Alejo Carpentier de Ensayo como botón de muestra.
[17] A riesgo de cometer omisiones imperdonables, he querido al menos ofrecer una serie de temas y nombres de ensayistas y académicos residentes dentro y fuera de Cuba, a manera de muestra, que se dedican a estudios artísticos, literarios, culturales e históricos. Las ausencias no son deliberadas ni tienen un carácter peyorativo.
[18] En orden de aparición: David Leyva, Reynaldo Lastre, Jamila Medina Ríos, Elizabeth Mirabal, Hamlet Fernández, Ariadna Ruiz, Amelia Duarte, Ibrahim Hernández, Carlos Velazco, Justo Planas, Roberto Rodríguez, Juan Manuel Tabío, María de Lourdes Mariño, Zaira Zarza, Marianela González, Anaeli Ibarra, Maikel Colón, Sandra del Valle, Ariel Camejo, Giselle Victoria Gómez, Yasmín S. Portales y Gilberto Padilla.
[19] «Presentación», Reynaldo Lastre. En Anatomía de una isla. Jóvenes ensayistas cubanos. Ed. Reynaldo Lastre. Holguín: Ediciones La Luz, 2015, p.10.
[20] «¡Prepárate pa’ lo que viene!», Víctor Fowler. En Anatomía de una isla. Jóvenes ensayistas cubanos. Ed. Reynaldo Lastre. Holguín: Ediciones La Luz, 2015, p. 8.
[21] «Diáspora, intelectuales y futuros de Cuba», Rafael Rojas. Temas, no. 66, abril-junio, 2011, pp. 146.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]