(Universitat de Barcelona)

La dialéctica entre poesía testimonial y poesía pura hasta cierto punto es una falacia. Una poesía que busque mostrar las contradicciones morales de su tiempo puede –y debe– ambicionar llegar al mayor número posible de lectores, exigiéndose igualmente un alto grado de profundidad y calidad literarias. Difícilmente existe lo uno sin lo otro, del mismo modo que no podemos sustraer al creador, y a su obra, del momento en el que este la concibe. El tiempo histórico nos determina radicalmente.
Ya Mariano José de Larra defendía, en enero de 1836, «una literatura hija de la experiencia y de la historia (…) estudiosa, analizadora, filosófica, profunda, pensándolo todo, diciéndolo todo, en prosa, en verso, al alcance de la multitud (…) enseñando verdades a aquellos a quienes interesa saberlas, mostrando al hombre, no como debe ser, sino como es». Los poetas, los escritores actuales, como hace doscientos años, son conscientes de que no pueden eludir la realidad a la hora de plasmarla en sus poemas, que ser poeta no solo es una manera de escribir, sino también de mirar, de ver. Ya no esgrimen la poesía como un arma, pero sí como un instrumento para mostrarnos las grietas del mundo que habitamos, unas grietas por donde logra entrar la luz; porque solo a través del dolor y de la piedad podremos acceder al amor y a la belleza (o dicho en Cohen: «There is a crack in everything./ That’s how the light gets in»). Blas de Otero, quien viró de la poesía mística a la existencial y de ahí a la social, sostenía, respecto al compromiso en poesía, que lo esencial era «que el poeta sienta unos temas con plena fuerza y sinceridad (…) Tanto es así que, si un poeta escribe un poema, digamos en defensa del pueblo vietnamita, porque esa tragedia la sienta vivamente, se trata sencillamente de un poema de amor».
A finales de octubre de 2002, José Hierro afirmaba: «No distingo entre poesía social u otra poesía, porque no sé muy bien lo que es la poesía. Sólo sé que me sirve para decir lo que no se puede decir». Después de toda una vida escribiendo poesía, dos meses antes de morir, de lo único que estaba seguro era de que la poesía sirve para decir lo que no se puede decir. Seguramente es la única verdad. La poesía sirve, mejor que cualquier otro género, para expresar lo inexpresable, el vacío y la totalidad, y por qué no, también la profunda trascendencia que envuelve la cotidianidad diaria.
Los poetas que escriben hoy en día lo hacen comprometiéndose, ante todo, con su labor creativa, con la palabra. Ahora bien: son totalmente conscientes del mundo en el que viven, no se sustraen de él. Otra cosa es cómo deciden que este penetre en su obra. Se trata, en todo caso, de una cuestión temática, no programática. Hace mucho que se abandonó la feliz idea de que la poesía podía transformar el mundo. La poesía –como la literatura, como el arte– lo plasma, lo revela, ahonda en él, pero no lo modifica. Los cuatro poetas cuyas propuestas líricas presentamos –desde distintos ángulos, generaciones y expresiones– no solo plasman este compromiso poético del autor con su tiempo, sino que también han reflexionado al respecto, especialmente Jorge Riechmann, quien hace suya la afirmación de Alejandra Pizarnik: «Que haya lenguaje donde tiene que haber silencio», y que, ante la dicotomía poesía como conocimiento/ poesía como comunicación propone la de poesía como orientación, la «poesía del AHÍ». Por su parte, Laia Llobera considera que el poeta encarna valores contrarios (una puerta abierta a la esperanza, un puente con la tradición y un diálogo con los antepasados) a aquellos que el sistema promueve (el éxito, el consumo inmediato, la «sociedad del cansancio» que describe Byung Chul-Han), lo cual implica un significativo cuestionamiento de los valores imperantes, del statu quo. Míriam Reyes se hace eco de un verso de Rafael Cadenas: «Que cada palabra lleve lo que dice» para afirmar que el primer compromiso de un poeta es con la poesía, con el lenguaje, esa estructura/ instrumento/ objeto biológico fundamental sin el cual no cree que pudiéramos haber construido esa otra estructura que llamamos mundo. Lluís Calvo critica especialmente la caída social en el egocentrismo. Ha estudiado la relación entre poesía, amor y compromiso, y defiende estos vínculos –y su plasmación literaria– frente a discursos reaccionarios e individualistas. Hace suyas las palabras de María Zambrano cuando afirma que el amor es una fuerza anterior al mundo.
UN POEMA INÉDITO DE JORGE RIECHMANN
(MADRID, 1962)
PUNTOS DE REFERENCIA CAMBIANTES
¿Qué fuimos?
–¿Qué diablos significa shifting baselines?
¿En qué nos hemos convertido?
–Pero por favor ¿qué son los
puntos o quizá líneas
de referencia cambiantes?
¿Qué vamos a ser?
–Se lo pregunto ya por última vez, me han dicho
que es usted psicólogo social:
con eso de las shifting baselines ¿qué?
¿Qué hacemos con los cuerpos
vivos
y con los cuerpos muertos?
–Aparte el exterminio ¿se nos ocurre
alguna otra forma de resolver
contradicciones?
LAIA LLOBERA (BARCELONA, 1983)
Abans que la font perdés l’aigua
teixíem tots els salms
cantàvem com els avis
pledejàvem a les valls.
Parlàvem la llengua dels arbres
i escrutàvem amb les mans
núvols i cimalls.
Nuats a la terra
plens de dits sembrats
moríem dansant.
***
Antes de que la fuente perdiera el agua
tejíamos todos los salmos
cantábamos como nuestros abuelos
pleiteábamos en los valles.
Hablábamos la lengua de los árboles
y con las manos escrutábamos
nubes y cimas.
Anudados a la tierra
llenos de dedos sembrados
moríamos danzando.
* Boscana (2018), traducción
de Jorge Riechmann.
MIRIAM REYES (OURENSE, 1974)
donde haya un ellos
y un nosotros
habrá un muro
a cada movimiento de tierra sus piedras
caerán sobre nuestras cabezas sus cabezas que se parten
igual que las nuestras
un cuerpo es despedido o aplastado
siguiendo las leyes de la física
importan la masa la velocidad y el punto de impacto
no importa el signo de la violencia
ni de qué sudor fue creado
da igual cómo sus mejillas sus ojos sus dientes sus ideas
las leyes de la física tratan a todos los cuerpos con la misma indiferencia
nosotros no
ellos tampoco
Extraña manera de estar viva. Poesía reunida 2001-2021 (2022)
LLUÍS CALVO (ZARAGOZA, 1963)
Stanley Kubrick tenia raó
We must unhumanize our views a little
Robinson Jeffers
Sota el sol que juga a l’amagatall
—entre els aments dels avellaners
i les flors, blanques i liles,
de les fetgeres—, les roques
devonianes s’estenen
amb la indiferència
dels temps inanimats.
«Milions d’anys!», exclames.
I calles tot seguit.
Ésser en el mutisme, perdurar,
solidificar-se.
I no desitjar res en absolut.
Cau un ruixat
i invoco Déu, en va.
Sóc el mico que dicta
el vell abecedari.
Potser l’error va ser creure
en una empremta amb forma humana
i no pas en un arbre, una roca
o un monòlit.
La paraula, dius? I una merda!
Stanley Kubrick tenia raó.
Stanley Kubrick tenía razón
We must unhumanize our views a little.
Robinson Jeffers
Bajo el sol que juega al escondite/-entre los amentos de los avellanos/y las flores, blancas y lilas,/de las hepáticas-, las rocas/devonianas se extienden/con la indiferencia/de los tiempos inanimados./«¡Millones de años!», exclamas. /Y callas enseguida. /Existir desde el mutismo, perdurar, /solidificarse ./Y no desear nada en absoluto./Cae un chubasco/e invoco Dios, en vano./Soy el mono que dicta/el viejo abecedario./Quizás el error fue creer/en una huella con forma humana/y no en un árbol, una roca/o un monolito./¿La palabra, dices? ¡Y una mierda! /Stanley Kubrick tenía razón.
Centaures i rossinyols (Centauros y ruiseñores) (2024)
Traducción propia.