Para Vittorini, Pratolini, Bilenchi, Calvino, Leonardo Sciascia, Francesco Jovine y algunos otros escritores, aunque no participaron directamente, la Guerra Civil española supuso un revulsivo en sus trayectorias personales y literarias. Sobre todo para Calvino y Vittorini, y en menor medida también para Pratolini y Bilenchi, quienes estrecharán relaciones humanas y editoriales con los miembros de la llamada «Escuela de Barcelona» en un momento clave para las letras de ambos países. Fue en sus primeras visitas a Roma cuando Castellet conoció a Pratolini, «excelente persona, buen introductor a la literatura de su tiempo», como se lee en Los escenarios de la memoria, y añade que algún día deberá escribir de la mano de Dario Puccini sobre sus primeras conversaciones con Vasco Pratolini, algo que finalmente nunca hará.

 

En aquel entonces, el narrador florentino ya vivía desde hacía algunos años en la città eterna, donde escribía sus obras y colaboraba con la industria cinematográfica haciendo guiones y adaptaciones al cine de sus propias novelas. Entre ellas, Paisà, de Rossellini (1946); Mara, de Blasetti (1953); Cronache di poveri amanti, de Lizzani (1953); Le ragazze di Sanfrediano, de Zurlini (1954); Rocco e i suoi fratelli, de Visconti (1960), y Cronaca familiare, de Zurlini (1962), que conquista el Leone d’Oro en el Festival de Venecia y el premio de la Semana del Cine en color de Barcelona. Durante unas vacaciones con su esposa, Pratolini conoce personalmente a Barral y a José Agustín Goytisolo en Barcelona. Por el mayor de los Goytisolo, quien los acompañará a recorrer la ciudad condal durante aquella visita española ,Pratolini sentirá una especial simpatía. Gracias a este lazo barcelonés, Pratolini llegó a publicarse en España en años todavía difíciles. Eso se debió a Castellet que, en aquella época, le recomienda a Seix Barral y, posteriormente, a Edicions 62 la publicación de algunas de sus novelas. No en vano, el primer volumen de la colección «El Balancí» (1965) resultará ser la Crònica dels pobres amants de Pratolini, traducido por Maria Aurèlia Capmany. Mientras, en un encuentro mantenido en enero de 2011, hablando de Pratolini, Castellet nos comentaba que «su literatura me gustaba. Era un hombre respetuoso y óptimo conversador, y se interesaba mucho por los hechos de España (los problemas de España)». En 1960, Pratolini y José Agustín Goytisolo se cartearon con motivo de la publicación de la Cronaca familiare, cuya adaptación cinematográfica, del director Valerio Zurlini, obtendría dos años más tarde el Premio de la Semana del Cine en color de Barcelona. Pratolini informaba a Goytisolo sobre la situación editorial de su Cronaca recordando con simpatía una cena en una taberna de Barcelona. Durante el transcurso de aquel otoño, ambos se pusieron manos a la obra para intentar llegar a una edición española del libro más íntimo de Pratolini. El escritor florentino sugirió a Goytisolo que Barral contactara con Mondadori, porque los derechos por esta obra de la editora Emecé, que tenían una duración de cinco años a partir de 1952, ya habían expirado.

Una vez más, comprobamos que fueron los argentinos quienes más libros de Pratolini publicaron en castellano. Merece la pena recordar los títulos, con su fecha de aparición, que cubren casi la totalidad de obras de Pratolini. Además, hay que considerar que las fechas de publicación de las correspondientes ediciones italianas preceden, en pocos años, a estas primeras ediciones argentinas: Crónica de mi familia (Emecé, 1952); Crónica de los pobres amantes (Losada, 1951); Las muchachas de Sanfrediano, (Schapire, 1953); Oficio de vagabundo (Deucalión, 1954); Un héroe de nuestro tiempo (Losada, 1954); Una historia italiana: Metello (Losada, 1956); El barrio (Losada, 1956); Una calle (Ariadna, 1956); Las amigas (Siglo Veinte, 1964); Recuerdos de la adolescencia (Siglo Veinte, 1964); Recuerdos de adolescencia (Siglo Veinte, 1964); Crónica de los pobres amantes (Losada, 1966); Alegoría y escarnio (Siglo Veinte, 1968).

Si volvemos a centrarnos en España, fue la editorial de Barral la que consiguió los derechos, editando en 1965 la primera edición española de Pratolini, La constancia de la razón, traducida por Manuel Vázquez Montalbán. A ésta seguirán las ediciones catalanas promocionadas por Castellet: Crònica dels pobres amants (1965) y Metel·lo (1966).

En 1960, Pratolini editará en Italia Lo scialo, su novela de mayor aliento y que abarcaba algunas décadas de la historia social italiana. El escritor florentino fue uno de los primeros en comprender el final de una época y abrió una nueva vía para la narrativa en los años de transformación y crisis que van de la década de los cuarenta a la de los sesenta. Pratolini, Vittorini, Bilenchi, Jovine, Calvino o Sciascia son algunos de los autores que se mostraron profundamente ligados a su tiempo y mantuvieron una posición moral, antes que política, frente a la sociedad, lo cual contribuyó al desarrollo de un largo debate en las principales revistas literarias y políticas de la Italia de posguerra. Pratolini se apagará en su casa romana el 12 de enero de 1991, dejando un último deseo: ser sepultado en su Florencia natal, la ciudad que había abandonado cuarenta años antes para salir a la búsqueda de su aventura literaria y humana. Sus restos fueron trasladados al cementerio de las Porte Sante y descansan junto a la tumba del pintor e íntimo amigo suyo Ottone Rosai. El cementerio de la Abadia de San Miniato al Monte, que domina toda la ciudad, se ubica a menos de doscientos metros de la Vía di San Leonardo, donde Rosai tenía su humilde estudio y donde Pratolini frecuentaba la casa de su hermanastro, adoptado por una familia bien de Florencia porque el padre, viudo, había caído en desgracia. En las páginas de La Cronaca familiare esta etapa de su vida se cuenta íntegra e intensamente. Parece que entre Cronaca familiare y Cronache di poveri amanti, en ese espacio que separa el sabor de su barrio del gran fresco histórico-social de la trilogía italiana –Metello, Lo Scialo, Allegoria e derisione–, Pratolini había alcanzado su madurez narrativa. El pequeño cantastorie crepuscolare había logrado transformarse en un autor de nivel europeo, tal vez uno de los mayores intérpretes de la sociedad italiana de entreguerras. Las vicisitudes personales y privadas de sus personajes supieron encontrar su ubicación en los tiempos de la Historia para llegar a ser un testimonio universal. Su estilo directo e inmediato, su lengua antigua y popular, sus historias humildes y épicas, han hecho posible que su arte sea hoy considerado una de las cumbres de la narrativa de la Italia democrática. Sus últimos años romanos discurrieron en un voluntario aislamiento y un largo silencio; un silencio operoso que le permitió escribir Lo Scialo, que él mismo consideraba su obra de mayor empeño. En 1981 se decidió a publicar un libro de poemas escrito en los años Treinta, Il mannello di Natascia (La gavilla de Natascia), que nos ayuda a comprender mejor su extraordinario mundo poético, un mundo que ha sabido hablar a más de una generación: a sus coetáneos, a quiénes se formaron en la posguerra y también –por qué no– a los jóvenes de hoy, siempre que tengan los oídos y la sensibilidad necesarios para recibir una voz cargada de humanidad y alta poesía.

NOTAS
1 Le piccole virtù. Torino, Einaudi, 1962.
2 La letteratura americana e altri saggi, Torino, Einaudi, 1951. En castellano tendrá su primera edición en Argentina bajo el título La literatura norteamericana (Buenos Aires, Siglo Veinte, 1975). En cuanto a la edición española apareció bajo el nombre de La literatura norteamericana y otros ensayos (Barcelona, Bruguera, 1986).
3 Para una lista completa de las traducciones de Pavese: Lewis, Sinclair. Il nostro signor Wrenn, Firenze, Bemporad (1931). Con Frassinelli de Turín: Melville, Herman. Moby Dick o la balena, (1932); Anderson, Sherwood. Riso nero (1932); Joyce, James. Dedalus (1934). Con Mondadori, de Milán: Dos Passos, John. Il 42 Parallelo (1935); Dos Passos, John. Un mucchio di quattrini (1937), Faulkner, William. Il borgo (1942). Con Bompiani Steinbeck, John. Uomini e topi (1938) y Morley, Christopher. Il cavallo di Troia (1941) y con Einaudi: Stein, Gertrude. Autobiografia di Alice Toklas (1938); Defoe, Daniel. Fortune e sfortune della famosa Moll Flanders (1938); Dickens, Charles. La storia e le personali esperienze di David Copperfield (1939); Dawson, Christopher. La formazione dell’unità europea dal secolo V al XI (1939); Stein, Gertrude. Tre esitenze (1940); Melville, Herman. Benito Cereno (1940); Macaulay Trevelyan, George. La rivoluzione inglese del 1688-89 (1941); Henriques, Robert. Capitano Smith (1947), Toynbee, Arnold. J. La civiltà nella storia (1950). Whitman, Walt. Specimen Days. En Poesia (Mondadori, 1948).
4 Todas las ediciones publicadas en Milán: Lawrence, David H. Il purosangue (1933); La vergine e lo zingaro e altri racconti (1935); Il serpente piumato e altri racconti (1935); Pagine di viaggio (1938), todos con Mondadori y con el mismo editor. Poe, Edgar Alan. Racconti e arabeschi, (1936); Gordon Pym e altre storie (1937); Steinbeck, John. Pian della Tortilla (Bompiani, 1939); Caldwell, Erskine. Il piccolo campo (Mondadori, 1940); Saroyan, William. Che ve ne sembra dell’America? (Mondadori, 1940); Maugham, Somerset W. Pioggia e altri racconti (Mondadori, 1936); Fante, John. Il cammino nella polvere (Mondadori, 1941); Defoe, Daniel. La peste di Londra, (Bompiani, 1940); Faulkner, William. Luce d’agosto (Mondadori, 1939); Galsworthy, John. La saga di Forsyle (Mondadori, 1939).
5 En noviembre de 1948, Vittorini escribe a Hemingway: «è da sette anni che non traduco più. Da quando posso vivere diversamente. Ma prima ho tradotto dall’inglese per dieci anni, era il mio modo di guadagnarmi da vivere sotto il fascismo». Vittorini, Elio. Gli anni del Politecnico. Lettere 1945-1951 (ed. Minoia, Carlo). Torino, Einaudi, 1977, p. 215.
6 In Sicily se publica el 29 de septiembre de 1949 con un notable éxito. La edición con la introducción de Hemingway
se editará por Penguin con el título Conversation in Sicily en 1961.
7 Excepto El engaño, publicado por Huella en 1954, siempre en Buenos Aires y por Losada se publicaron: La romana (1950); El amor conyugal y otros cuentos (1951); El conformista (1952); La noche de Don Juan y otras narraciones (1956); El desprecio (1956); Cuentos romanos (1957); La campesina (1959); El aburrimiento (1963); Los indiferentes (1965); La atención y El autómata (1967) y Nuevos cuentos romanos (1967). En Méjico, Moravia se conocerá en los cincuenta gracias a la editorial latinoamericana donde se publicarán La desobediencia (1955), Agostino (1956) y Conformismo trágico (1956. Il conformista en italiano).
8 Seudónimo de Secondo Tranquilli escritor de los Abruzos, miembro fundador del Partito Comunista Italiano (1921). Colabora con Gramsci sobre todo en el sector de la prensa clandestina. Abandonó Italia en 1927 para viajar en una misión a la Unión Soviética y, en 1930, se asentó en Suiza. Silone regresó a Italia en 1944. Durante la Segunda Guerra Mundial, se había convertido en el líder de una organización socialista clandestina que operaba desde Suiza para apoyar a la Resistenza italiana en el norte de Italia.

9 Jaime Salinas recuerda en sus memorias, Travesías. Memorias (1926-1955) (Barcelona, Tusquets, 2003), que a finales de junio de 1949, durante un curso de verano en la Hopkins University (EE.UU.), su profesora de Italiano «decidió que había llegado el momento de que, al margen de la clase, leyera algo más que el libro de texto. Empecé con Fontamara, de Silone, que para mí fue una revelación. Creo que desde mis lecturas de Gide y Camus en Amberes
apenas había vuelto a leer novelas de autores contemporáneos. Descubrir una narración de la vida rural en una
Italia sumida en la miseria y la injusticia me sobrecogió, porque me recordaba a un mundo que había conocido y
que nada tenía que ver con América. Después puso en mis manos una selección de cuentos de D’Annunzio que
leí con menos gusto, me temo que porque conocía, vagamente, sus relaciones con Mussolini», pp. 374-375.
10 Fontamara, Buenos Aires, Avance, 1934. Fontamara se publicará en catalán en 1967 por Edicions 62. Enumero aquí las publicaciones en lengua castellana de las obras de Silone: Viaje a París (Buenos Aires, Imán, 1935); Pan y vino (Buenos Aires, Avance, 1938); La escuela de los dictadores (Buenos Aires, Losada, 1939); El pensamiento vivo de Mazzini (Buenos Aires, Losada, 1940 [1945]; Fontamara (Buenos Aires, Poseidón, 1946); Pan y vino (Buenos Aires, Poseidón, 1946); Un puñado de moras (Buenos Aires, Losada, 1956); El secreto de Luca (Buenos Aires, La
Isla, 1957); El secreto de Lucas (Madrid, Cid, 1958); Mi paso por el comunismo (Buenos Aires, Asociación Argentina
por la Libertad de la Cultura, 1959); Fontamara (Buenos Aires, Losada, 1965); La aventura de un pobre cristiano
(Buenos Aires, Emecé, 1969); Salida de urgencias (Madrid, Ed. Seminarios, 1969); Fontamara (Barcelona, Argos Vergara, 1983); Vino y pan (Alianza, Madrid, 1968. Trad. de Carmen Martín Gaite) y L’escola dels dictadors (Barcelona, Edicions 62, 1982).
11 Luti, Francesco. «Ítalo Calvino en España». En Cuadernos Hispanoamericanos, n. 785, Noviembre 2015, pp. 2-17.
12 Aprendizaje del dolor (Barcelona, Seix Barral, 1965); El zafarrancho aquel de Vía Merulana, (Barcelona, Seix Barral, 1965).
13 Solaz, Ausencio. La presencia de Pavese en los narradores de medio siglo. Universitat de Barcelona, tesis doctoral,
1997, p. 304.
14 Levi, Carlo. Cristo s’è fermato a Eboli. Torino, Einaudi, 1963, pp. vii-ix; la primera edición fue publicada por Einaudi en 1945. En España damos cuenta de las siguientes ediciones: Crist s’aturat a Eboli (Barcelona, Argos Vergara, 1964); Cristo se paró en Éboli (Madrid, Alfaguara, 1980). Aunque la primera publicación en castellano se debe a los argentinos: Cristo se detuvo en Eboli (Buenos Aires, Losada, 1951).
15 Aliano.
16 Goytisolo, Juan. «De Sicilia a Andalucía». En Babelia, El País, 19 de febrero de 2005, p. 17.
17 Lázaro, Juan. Juan Goytisolo. Madrid, Ministerio de Cultura,
1982, p. 154.
18 Levi, Carlo. Le Christ s’est arrêté à Eboli. Paris, Gallimard, 1948.
19 Levi, Primo. Se questo è un uomo. Torino, De Silva, 1947.
20 Andrés Amorós en La novela contemporánea (Madrid, Cátedra, 1974), escribe: «Después de la guerra, el joven interesado en leer las grandes novelas de nuestro siglo necesitaba buscar (con dificultades) una edición argentina de precio desmesurado», p. 162; Martínez Menchón, Antonio. en Ínsula, n. 222, de mayo de 1965, p. 4, «en nuestro país hubo una auténtica autarquía, no entraban libros más que a través de traducciones argentinas, y aquí ignorábamos lo que se estaba haciendo en el resto del mundo. Esto hizo que la literatura española fuese una literatura un poco subdesarrollada».
21 Cortázar, Julio. Clases de literatura. Berkeley, 1980 (ed. Álvarez Garriga, Carles). Madrid, Punto de lectura, 2013, p. 17.