Solange Levinton
Un sueño made in Argentina
Libros del Asteroide
216 páginas
POR JAVIER SINAY

En enero de 2020, Solange Levinton, una periodista argentina, recordó los almuerzos que a fines de la década de 1980, cuando era una niña, compartía en un restaurante de Pumper Nic con su abuela Rosita. Cada semana, un mediodía, comían hamburguesas —¿o la abuela solo tomaba un café?— y pasaban juntas un momento agradable, y así fue como después de muchos años la marca Pumper Nic había quedado en la memoria de Levinton: «enlazada», escribe ella en el libro que vino con aquellos recuerdos y que se titula Un sueño made in Argentina: Auge y caída de Pumper Nic, «a un fotograma del pasado al que me gustaría volver si pudiera viajar en el tiempo». Por la repercusión que su libro está teniendo en la Argentina, uno diría que Solange Levinton no es la única persona que guarda grandes recuerdos ligados a un menú de hamburguesas, papas fritas y Coca-Cola.

Pumper Nic fue la primera cadena de comida rápida de la Argentina. Si acaso en las casas matrices de McDonald’s y de Burger King los gerentes pensaban que Buenos Aires era la capital de Brasil (una confusión frecuente antes de Internet) y ni se les cruzaba por la cabeza llevar hacia allí sus Big Macs y sus Whoopers, fue Pumper Nic la marca que tomó la delantera para educar en la cultura fast food a dos o tres generaciones.

En Un sueño made in Argentina (publicado por Libros del Asteroide), Solange Levinton se apoya en más de 200 entrevistas y cuenta con una prosa limpia y directa una historia situada en el corazón de la cultura pop argentina y, sin embargo, jamás antes narrada. Levinton rastrea al restaurante original, que abrió sus puertas en 1974, el mismo año en el que murió Juan Domingo Perón y en el que Montoneros, la guerrilla urbana, volvió a actuar en la clandestinidad luego de un periodo en la superficie. En este libro la curva comercial de Pumper Nic es una metáfora de los avatares de un país: mientras el fast food se expandía, la Argentina se sacudía con los años de plomo, la dictadura de los 30.000 desaparecidos (de hecho, uno de los empleados de Pumper Nic fue secuestrado y permanece desaparecido), el épico regreso de la democracia en 1983, el destape cultural que vino a continuación y la posterior década neoliberal antes de fin de siglo. Con heridas de muerte causadas por las afiladas espadas comerciales de McDonald’s y de Burger King (que después de doce años de ventaja, abrieron sus restaurantes en Buenos Aires), Pumper Nic agonizó y pasó al olvido. En el año 2000 declaró la quiebra.

Un sueño made in Argentina ganó el III Premio de No Ficción de Libros del Asteroide porque Solange Levinton nos demuestra que al recordar cómo se abría el envoltorio de una hamburguesa también se está abriendo la compuerta hacia una dimensión de nostalgia, a una aventura económica y a tantas imágenes de la memoria emotiva.

Sin embargo, hay algo más: el gran hallazgo de Un sueño made in Argentina no está en lo conceptual sino en el retrato de los Lowenstein, una familia poco conocida —o quizás directamente desconocida— que ha ejercido una gigantesca influencia cultural en este país. La idea de crear Pumper Nic fue de Alfredo Lowenstein, un hombre que tenía 29 años al momento de inaugurar el primer restaurante de hamburguesas y que necesitaba o que quería demostrarle a su padre que él también podía ser un as de los negocios (el padre, Ludwig Lowenstein, era un exportador de carne vacuna que había salvado el pellejo cuando dejó Alemania en 1935 y llegó a la Argentina). Alfredo Lowenstein, el hijo, había sido testigo en Miami en los primeros años de la década de 1970 del éxito de McDonald’s y de Burger King, y había entendido que abrir su propia hamburguesería en Buenos Aires era una oportunidad comercial. Para el logo de Pumper Nic copió el de Burger King: pan, nombre de la compañía, pan. No puso un payaso con rulos verdes y zapatos grandes; puso un hipopótamo como mascota. Su figura también era una copia. Era la misma que estaba en los camiones recolectores de basura de Miami. Un sueño made in Argentina es un trabajo piadoso: Solange Levinton no juzga este modo de hacer negocios pero tampoco lo celebra. Lo que sí celebra, finalmente, es el recuerdo de «lugares donde, como Pumper Nic, alguna vez fuimos felices».