Pilar Fraile
Las leyes de la caza
Candaya
224 páginas
POR LAURA MARÍA MARTÍNEZ MARTÍNEZ

Con Las leyes de la caza, Pilar Fraile continúa la senda temática de su primera novela, Las ventajas de vivir en el campo (2018). Con esta tercera novela, publicada hace apenas unos meses por la editorial Candaya, la autora vuelve a adentrarse en las narrativas de la ruralidad, un devenir cada vez más frecuente en la literatura española de las últimas décadas. Fraile se sitúa en el mismo terreno literario que el ensayo La España vacía, de Sergio del Molino (2016), y otras novelas que ficcionalizan la mudanza al campo como Los asquerosos (2018), de Santiago Lorenzo, o Un amor (2020), de Sara Mesa.

La novela de Fraile lleva a los lectores a la vida rural por medio de una trama policiaca que explora la idealización contemporánea de lo no urbano. A través de una estructura polifónica –cinco partes donde se alternan cinco voces–, se narra la investigación tras la desaparición de Oliver, un niño arrastrado a vivir en La Comunidad, una secta que fundamenta el fraude en la conexión extrema con la naturaleza y en el aislamiento del resto de la sociedad, supuestamente contaminada. Su madre, Jana, una mujer recién divorciada, hastiada y perdida en su vida consumista, es quien lo ha llevado allí.

La narración comienza con la voz de una muy enajenada Jana y enarbola el misterio mediante la contraposición de los puntos de vista de la joven novia del padre de Oliver, de la comisaria, del ayudante de esta y del Manco, el personaje más rural e interesante. Tomando la desaparición de Oliver como nudo de intriga, Fraile ahonda en los límites epistémicos entre la ciudad y la naturaleza, así como en la supuesta oposición entre la civilización y la barbarie, un prejuicio que se materializa en la voz de la comisaria, pero que también reproducen los habitantes del pueblo hacia los ermitaños que más se asientan en la montaña y se alejan de él.

Es una novela que sigue con detalle las cláusulas del thriller y recuerda a ficciones audiovisuales españolas como La caza o Rapa, pero también a otras británicas como Shetland, donde cada crimen se alterna con una fotografía impecable del paisaje, o Vera, en la que al paisaje rural se le suma una inspectora malhumorada. Es precisamente el personaje de la comisaria en la novela de Fraile, con la voz casi ronca, un pie en el alcoholismo, un mal divorcio y un hijo en Londres, quien redondea el modelo clásico del thriller contemporáneo. Como también sucede en la aclamada Mare of Easttown, el policía duro de carácter es sustituido por una mujer que rompe (o intenta romper) con sus malas formas el mandato femenino del decoro y la amabilidad.

Fraile es hábil a la hora de mantener la tensión y convencer al lector de que siga leyendo. Ni siquiera importa que después le engañe y la estructura bordee el thriller sin llegar a culminarlo de manera evidente, pero Las leyes de la caza despunta en los momentos en los que la autora va más allá del género, trasciende el mecanismo, y la ruralidad deja de ser el telón de fondo de la desaparición y se convierte en un elemento político a debatir.

Las leyes de la caza destaca cuando los personajes insisten en señalar la fiereza de la naturaleza, cuando propone a nivel formal una conexión con esta que rebasa las modas y llegan incluso a escucharse los árboles en el interior de los personajes. Fraile acierta al nacionalizar la ruralidad, al defender el valor del saber popular por encima del letrado y al reproducir un habla tan españolizada en la voz de la tendera que la trama no pueda desarrollarse en ningún otro lugar. La novela destaca cuando resuena el problema del despoblamiento de la España rural, cuando se sitúa el conflicto alrededor de las polémicas recientes sobre la caza del lobo y formalmente se extraen fragmentos de las propias leyes de la caza del BOE para nombrar los capítulos y elaborar los epígrafes.

La voz del Manco es una de las mejores partes, brilla por encima del coro polifónico, con sus gestos parcos y la profundidad psicológica de su pasado de pérdidas. Consigue incluso diferenciarse del resto de habitantes del pueblo y de los personajes arquetípicos de la literatura policial. En cambio, son solo tres sus intervenciones como narrador.

Fraile demuestra con Las leyes de la caza que maneja con soltura los mecanismos del género, pero no se arriesga lo suficiente en sus aciertos.