Juan Arabia
Hacia Carcassonne
Editorial Pre-Textos
44 páginas
POR JULIO CÉSAR GALÁN

La línea evolutiva de la lírica de Juan Arabia (Buenos Aires, 1983) es ascendente y en esta subida Hacia Carcassonne resulta una alzada más. ¿De dónde viene ese progreso? Pues principalmente de la tensión lingüística que, a su vez, procede de un cruce entre una imaginería potente, un simbolismo de vuelo, un lenguaje que sabe modular sus registros y una musicalidad que conoce bien su respiración. Lo bueno de un libro de poesía es que te vaya sorprendiendo a cada paso porque la trama en lo versal reside en el asombro y en la sugerencia. Algo que ocurre con equilibrada constancia, con espuelas brillantes y con una particularidad que se hace distintivo. Cuando uno lee poesía, hay que mirar los estratos, las capas que se han ido sedimentando en las diversas transformaciones creativas e intuir sus tiempos y sus topografías. 

Vamos a ir por un camino poco habitual en mi quehacer como crítico, en el cual habitualmente voy trasladando la información reflexiva del libro a través de las temáticas y la disposición estructural (entre otros aspectos críticos usuales). Pero esta vez, no nos vamos a lanzar por los cauces inhabituales. Vamos a elegir varios pivotes de Hacia Carcassonne y en esta elección, una primera parada podemos realizarla en «Purgatorio Crane». Se deja un primer paso a unas cursivas: Exile is thus a purgatory que se renuevan casi a modo de traducción en un verso central: «El exilio es así un purgatorio donde Dante se amarra». Antes se nos ha colocado la mirada en ese mar, en ese diapasón, en esas campanas…Imagen que abre el cierre, que despliega la paradoja, que se hace circular. De este modo, aparece como contrapunto de ese paraíso, esa posible correspondencia, ese encaje condicional: «hasta que la amplia mirada del paraíso/sea correspondida con el vórtice de nuestras almas». En medio queda una duplicación de citas (como la referencia al poeta estadounidense Hart Crane), esta vez con Rimbaud como maestro ceremonias. Y, sobre todo, ese final distinguido por diferente de poema casi visual. 

Si «la poesía no es contingencia/ es eternidad» aquí, en este libro, nos encontramos con varios jalones, entre otros, el de ese pivote de «Opium Carcassonne», texto que uno considera central. Las razones estriban en que aparece ya nombrada esa cité del sur de Francia, amurallada, comunera y medieval; en que se aniquilan las distancias y sus símbolos…; en que el trovar leu se hace con su propio discurso y brilla (así como el de otros trovares). Juan Arabia va hacia el origen porque la poesía es un modo de ir hacia las entrañas, porque el escribir poesía es un modo de ser y aquí las geografías se perfilan con espacios anchurosos. 

Este poema tira para arriba al lector hacia ese canto trovadoresco en que lo musical se mezcla con lo mediterráneo, en que se desenvuelve una retórica clara en sus oscuros, pues no estamos ante el habitual discurso poético (nos lo refresca otro poema cuando nos dice «recordando cómo el trovar/no era sólo cosa de afinar oídos/sino de dar de probar al gentío/el gusto y betún de las suelas»). Es cierto, pero en Hacia Carcassonne se hace de un modo en el que la oralidad se presenta de otra manera. Estamos habituados a que si dialogamos sobre el plano del habla, nos vayamos a una poesía clara, experiencial, cercana. Nada acomodaticia, epigonal o chirle es la poesía de Juan Arabia (ya lo demostró con entregas anteriores como El enemigo de los thirties o Desalojo de la naturaleza). Pero vayamos a «Opium Carcassonne», ya el inicio agarra: «A toda luz, como bebiendo del sol en su orilla, […]» y con este comienzo que no desmaya vamos trepando por la claridad, por las calles y su pasado, por los lados ocultos de lo oral. ¿Qué son los lados ocultos de lo oral? La naturalidad del hermetismo, el coloquialismo de lo barroco, la sombra elegante del silencio de las imágenes, la espontaneidad de la tensión lírica-informativa… Podemos observarlo como se contemplan mejor las explicaciones, con ejemplos: «Debo recordar, sin embargo,/el espesor de tu firma/la nostalgia cautelosa/ y el estéril excremento que disuelve tu mirada». 

Para el viaje siempre hay que llevar (y hacer) algún libro y este se va haciendo amurallado y retornable, pues las capas están bien dispuestas, bien asentadas, con lo cual el debate entre «el cantar oscuro y el cantar liviano» salta por los aires en favor de una unión sin prejuicios ni imposturas; al igual que la confrontación de influencias, las cuales se van desgranando aquí y allá; o el babelismo que se ejercita con cuidado y sin excesos. Ahí tenemos varios casos en los que se transmuta la lengua materna en otra manera de decir, el más significativo es «Sparo Karma» escrito totalmente en italiano y en el que la alargada figura de Pound resuena; y también, textos como «Presencia» en el que se intercalan versos en francés e italiano. En este poema se prosigue con ese hilo conductor del libro: ese diálogo con los trovadores provenzales, con su poesía y su entorno. Es aquí, en «Presencia», donde cobra gran fuerza con esos lunáticos de la noche académica o con ese Arnaut Daniel que aparece finalmente para irse cantando. 

¿Y desde ese diálogo qué hay de tradición en Juan Arabia y Hacia Carcassonne? Pues, en primer lugar, estamos ante un largo homenaje hacia un momento poético y hacia una manera de saber vivir. Y más allá se recoge ese espacio poético listo y renovado para el conceptismo y la imagen, para el trobar ric, en el que el desvío y lo singular de la métrica del ritmo junto con la utilización de palabras escasamente empleadas nos llevan aquí (y también en aquel momento) a lecturas múltiples y sabrosas. Como el mismo Artaud Daniel, Juan Arabia trabaja su arte de componer versos a modo de joyero y para ello lima y pule su obra con materiales preciosos y poco vistos. 

Ese trobar ric va complementándose con el trobar clus, más inclinado hacia la poesía hermética, hacia las rimas elaboradas y palabras bien seleccionadas (¡qué menos en un poeta!) que, en algunos casos, se llega más por su sonido que por su significación. Ahí tenemos «Sextina: Defensa al trobar clus» (dicen que Artaud Daniel fue el creador de este tirabuzón métrico): «Esos bardos que imitan a los pájaros/silvestres, siempre olvidan que las jaulas/cercan los aires más puros, la tierra/se seca, y así la flor debe cantar/y restringir su luz, donde las malezas/bailan hacia el unísono del sol». Uno sigue pensando que un poeta debe instruirse, ejercitarse o usar en algún momento de su trayectoria poética composiciones de este tipo, una sextina, un soneto, una octava real, una silva…Juan Arabia sale muy bien parado cuando practica este virtuosismo en el que se coordina la variación sígnica, cuestión que se va trenzando a lo largo de este poemario. 

Hacia Carcassonne representa un envite valioso para lectores atrevidos, para un lector que quiere salir de caminos excesivamente trillados (la poesía actual se inclina excesivamente hacia una ingente epigonalidad), para un lector curioso, explorador y que gusta de experimentar los desvíos del lenguaje. En este trayecto se compilan diversas búsquedas que nos van llevando a la sensación de poema único y a una instigación a salirse de lo gregario; por eso, estamos ante un libro de poemas que crea un espacio singular, desde su propio decir ajeno a hábitos y comodidades. En Hacia Carcassonne aparece esa palabra desgarrada que hace un recorrido repleto de significaciones; esa escritura que no le teme al riesgo y que resguarda constantemente la veta indagatoria. Sus poemas expresan una poética del afuera y se dan a una migración que supone un intenso cruce de voces cotidianas, herméticas y literarias. Todo un logro esta vereda lírica.