Juan Morillo
La rueda de la fortuna
Editorial Graviola
402 páginas
POR RAÚL TOLA

Quiso la casualidad que, mientras leía La rueda de la fortuna, de Juan Morillo Ganoza, cayera en mis manos El país de las mil caras, volumen que compendia los ensayos y trabajos periodísticos que Mario Vargas Llosa dedicó al Perú.

Como es sabido, Vargas Llosa inició su evolución ideológica desde el socialismo, apoyando el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de Luis de la Puente Uceda, la revolución de los barbudos de Fidel Castro y la reforma agraria del gobierno militar de Velasco Alvarado. Su desencanto con Cuba y la Unión Soviética lo llevó, primero, a la incredulidad, la frustración y el desconcierto y, después, a abrazar los postulados del liberalismo económico y político, que defendió en artículos y discursos —muchos de ellos recopilados en El país de las mil caras—, pero también ejerciendo la política activa, como cuando fue candidato a la presidencia de su país por el movimiento «Libertad», en las elecciones de 1990.

La vida de Ángel Aguirre, protagonista de la novela de Morillo Ganoza, es paralela a la de Vargas Llosa, pero avanza en sentido contrario. Militante marxista, a finales de los años setenta entra a trabajar en la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga, donde se vincula con Abimael Guzmán Reynoso, un profesor de Filosofía que, desde las aulas, emprende la construcción del movimiento político que, en pocos años, se convertirá en el Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso, el grupo terrorista más sanguinario y destructivo de la historia peruana.

Este es uno de los elementos más interesantes de la novela: la aproximación abierta y sin prejuicios al universo de aquellos intelectuales peruanos que, como Ángel —quien nunca se integra a Sendero Luminoso—, fueron seducidos, simpatizaron o tuvieron algún contacto con Guzmán. Desafortunadamente, este eje se difumina en medio de los múltiples elementos que, en su esfuerzo por escribir una novela testimonial ambiciosa y totalizante, son abarcados por Morillo Ganoza.

El libro se abre con un encuentro fortuito en París entre Ángel y el propio Vargas Llosa, con quien luego ajustará cuentas. En las siguientes páginas se suceden la infancia del protagonista en la hacienda familiar de Taurija (La Libertad); la historia de Gumercindo Herrada, un músico errante que llega a ésta en una noche de diluvio y relata los dramas de su vida acompasado por una mandolina; la juventud de Ángel en una Lima a la que acaba de migrar; su trabajo como periodista; sus viajes y las relaciones de su vida, en especial la que sostiene con Laura, quien vive un destructivo idilio con un poeta maldito extranjero.

El propio Morillo Ganoza justifica esta sucesión torrencial, por momentos anárquica de sucesos que guardan escasa o ninguna vinculación: «Desde que empecé a escribir novelas, siempre me pareció interesante crear, en su estructura, la imagen de la vida: un todo más o menos informe, lleno de vericuetos y sucesos insospechados, interesantes, pero sin aparente relación con los demás».

Esta visión azarosa de la vida está presente desde el título de la novela. A pesar de su confianza en el socialismo científico, Ángel es un convencido de que su vida ha estado sometida a los vaivenes del destino, y que la fuerza que la ha empujado no ha sido la voluntad y la planificación, sino una rueda de la fortuna que, de manera caprichosa, lo ha arrastrado a alternar, «como una fatalidad, momentos de bonanza y calma con otros que me dispensaron los sinsabores de lo incierto y lo penoso».

Nacido en 1939, Juan Morillo Ganoza formó parte de los grupos Trilce y Narración, donde coincidió con escritores como Oswaldo Reynoso, Miguel Gutiérrez, Gregorio Martínez y Augusto Higa. En 1964 publicó «Los Arrieros», su primer libro de cuentos, que fue seguido por un largo silencio, roto recién en 1999. Entremedias, trabajó como profesor de español en la Universidad de Lenguas Extranjeras de Pekín, donde vivió hasta el año 2018. En los últimos 25 años ha publicado diez novelas y un libro de relatos. Buena parte de estas vivencias están recogidas en «La rueda de la fortuna», donde, en un juego de espejos, aspira a cumplir una aspiración del propio Ángel: escribir una novela en clave autobiográfica, que sea como un río en el que confluyen las aguas de otros ríos.