Raúl Damonte Copi
Copi (Obra narrativa)
Anagrama
512 páginas
POR IVANA ROMERO

«Me expreso a veces en mi lengua materna, la argentina, y con frecuencia en mi lengua amante, la francesa. Para escribir este libro mi imaginación duda entre mi madre y mi amante. Pero sea cual sea la lengua elegida, la imaginación me viene de esa parte de la memoria que es blanda y particularmente sensible a las flechas escondidas en las frases anónimas». Esto escribe Copi al comienzo de Río de la Plata, una obra en clave autobiográfica hasta ahora inédita en español. Claro que, tratándose de él, un texto semejante nada tiene de previsible. Por el contrario, cada frase pareciera ser un hallazgo que el escritor puede magnificar hasta convertirla en drama de folletín o bajarle el tono como un comentario al paso. Copi es capaz de maravillarse pero también de deslizar la duda, de bajarle el precio a cualquier atisbo de solemnidad, de llegar una zona de epifanía que derriba como una madama con zapato de tacón que se cae en la vereda. Un ciudadano del mundo que, además, se toma en solfa todos los cánones de su origen, desde la prosapia paterna hasta la homosexualidad de un hijo desclasado, desde Borges y la literatura gauchesca a la inveterada costumbre argentina de construir mitos con su historia política. Quizás por eso leer a Copi sea una forma de embarcarse en geografías que tienen nombres reales pero que, bajo la lente del autor, devienen inventos, caprichos, aporías. Y paradojas. Porque si el estatuto de «lo real» se pone en entredicho entonces la escritura es capaz de fundar su propio territorio, más real que lo real por la sencilla razón de que toma lo adquirido, lo aprendido, lo heredado, para transformarlo en forma personalísima de habitar la escritura y el mundo.

Esta es apenas una de las apreciaciones posibles en torno a Copi, el libro que ha editado Anagrama que incluye cinco novelas y un libro de cuentos (además de la autobiografía) de Raúl Damonte, alias Copi: dibujante, dramaturgo y autor inclasificable, heterodoxo, personalísimo y aún, no del todo descubierto en el ámbito de las letras hispanas. O mejor dicho, no del todo situado dentro de la narrativa argentina e iberoamericana. De hecho, Patricio Pron, señala en el prólogo que «los libros de los argentinos César Aira, Alan Pauls, Daniel Link o Fogwill, el chileno Pedro Lemebel y los uruguayos Mario Levrero y Dani Umpi parecen haber recurrido a la figura tutelar de Copi para librarse del mandato de seriedad y corrección que preside las literaturas del Cono Sur». Este prólogo es doble porque cuenta también con un texto preliminar de María Moreno. Tanto Pron como ella (ambos, argentinos) estudiaron de manera profunda a Copi y se han contaminado de sus búsquedas de lenguaje, de sus ideas hilvanadas a puro capricho, de su sentido del humor que en el caso de María es trazo barroco y en el caso de Pron, línea sutil. Esta diversidad enriquece lo que ambos tienen para decir sobre Damonte. Ya desde ahí, el libro resulta imprescindible.

La vida de Copi está atravesada por la leyenda desde el momento mismo de su nacimiento. Hay quien dice que ese era el nombre que le pusieron de niño por un mechón que parecía un copo sobre su cabeza o bien, porque era un chiquito tan blanco como la nieve. Nació en Buenos Aires en 1939. Su padre tuvo una atribulada vida política, sirvió y se peleó con Juan Domingo Perón (para la historia argentina, el peronismo es una suerte de padre omnipresente al que se lo odia y se lo ama pero nunca se lo soslaya) y llegó a ser «aunque argentino, cónsul del Uruguay en Reims» (como cuenta el propio Copi). De hecho, para Copi, Uruguay fue su primer «fuera del país», la tierra de la familia materna y de invenciones como las de su libro El uruguayo, donde narra aventuras rocambolescas junto a su perro Lambetta.

Su abuelo materno fue el periodista Natalio Botana, fundador del diario Crítica. Copi apela a los dimes y diretes de un diario a partir de la experiencia de Silvano Urrutia, un muchacho del interior que viaja a Buenos Aires para trabajar como redactor y termina en un lío que incluye a Lauro Bochinchola, director del diario, problemas de estafas y juego clandestino y una noche de sexo y drogas duras a la que más de uno quisiera haber sido invitado.

A partir de 1962 Copi vivió permanentemente en París, donde destacó primero como dibujante de la tira La femme assise (la mujer sentada), que publicó a lo largo de diez años en Le Nouvel Observateur. En 1966 Jorge Lavelli dirigió Sainte Genevièvedans sa baignoire, su primera pieza teatral estrenada en París, a la que siguieron otras muchas, puestas en escena en los años setenta y ochenta: La journée d`une rêveuse, Eva Perón, L`homosexuel ou la difficulté de s`expremier, entre otras. También escribió su obra literaria en francés, que aquí se presenta en impecables traducciones de Enrique-Vila Matas, Alberto Dobry, Edgardo Cardín y Biel Mesquida (el vínculo entre Copi y cada uno de ellos merecería un artículo aparte).

Murió en París en diciembre de 1987 y otra vez, la leyenda. Parece que Raúl Escari, su amigo y amante, confundió sus cenizas con hachís y se las fumó delante de su madre. María Moreno toma esta anécdota para coquetear con la idea de lo bueno que resulta catapultar a Copi por sobre el estado sólido, llevarlo a la zona gaseosa que a él más le gustaba, esa donde el nombre propio, la obra, la heterosexualidad y la patria se volatilizan para ser otra cosa.

Dice María: «En las obras de Copi un personaje que lleva su nombre puede ignorar que es judío puesto que nunca ha visto el pene de otro hombre (La Internacional Argentina), los pollos reproducirse en pollos al spiedo, los huevos en huevos fritos (El uruguayo), los padres ser mujeres de clítoris decapitado (La guerra de las mariquitas) y las ratas cultivar géneros íntimos como la correspondencia (La Cité des Rats)». Porque, como observa Moreno, en la obra de Copi todo está trastocado: los sexos, las patrias, los reinos (animal, vegetal, mineral). Incluso en una revolución, la única muerte es por accidente luego de que se ha desmoronado un telón de teatro y no El Teatro de la Revolución sino, simplemente, el Odeón de París (La vida es un tango).

Pero si hay algo en lo que Copi no es trans, es en su antiperonismo aunque, señala María, esto no lo convierte en «gorila» (o sea, en odiador del peronismo por el modo en que este movimiento se ocupó de elevar el nivel de vida de los más pobres, algo que las clases acomodadas no perdonaron ni perdonan incluso al día de hoy). Es por eso que el peronismo aparece en Copi en versión kitsch a niveles que resultaban insoportables en la época y aún son incómodos ahora. De hecho, cuando Copi estrena la obra Eva Perón en 1970 en París, se arma tremendo escándalo porque Eva es representada por un hombre. Y es que para Copi, ella era el verdadero «macho» de la pareja con Perón. Y si esto es así, Eva se salva de la muerte ya que no puede morir enferma de un órgano que no tiene: la matriz. Semejante redención nunca fue debidamente valorada en estas pampas argentinas. Quizás un aporte insospechado que hace el libro es que se sigue metiendo con los mitos para bajarlos del pedestal, para proponer algo de lo que la dirigencia política actual carece por completo a nivel mundial: rebeldía e imaginación.

Las muertes, las catástrofes, los asesinatos y los acontecimientos de proporciones excesivas que Copi narra en sus libros, se suceden sin solución de continuidad pero también, sin aspavientos. Acción vertiginosa, personajes atravesados por pasiones irrefrenables a la manera del folletín, aprovechamiento paródico de figuras provenientes del cine y la política, la autoficción (casi todos los personajes de Copi se llaman Copi), mezcla de humanos con objetos inanimados, parodias de géneros y convenciones literarias. Todo esto termina dando como resultado una originalidad absolutamente hilarante y contemporánea.

En ese sentido, Pron señala: «La trasposición de procedimientos narrativos de un género literario o medio a otro –en especial, de la pieza teatral breve al cómic o de este a la narrativa– tiene su correlato en la de temas y argumentos y en la de los personajes, que reaparecen una y otra vez en su obra. En el aprendizaje de la sustracción, el desaprendizaje que es la consecución de todo estilo personal, Copi adecuó la unidad de tiempo y lugar que es propia del teatro al ámbito del cómic, al tiempo que –y esto fue excepcional– llevó la plasticidad del cómic al ámbito de la literatura: el efecto es radicalmente transgresivo pero también deslumbrantemente cómico».

Entre el castellano y el francés, la obra literaria y teatral de este artista, sus cómics, su vida, duermen entre las mismas sábanas, gozan y se besan más allá de categorías. Ya no hay madres ni amantes, ya no hay límites sino una literatura que, en su genialidad, también se burla del tiempo. Por eso es urgente leer a Copi hoy. Por eso es tan bienvenido este libro.