Declaraciones en entrevistas, anotaciones en sus diarios, apuntes, vivencias todas que vamos a ver reflejadas a lo largo de su obra:

«Para saber de la vida de un escritor tienes que leer su obra porque casi todo es autobiográfico en todos los escritores. Claro, más o menos disfrazado, más o menos disimulado, pero esencialmente reflejan una parte o una manera de ser. Un día, por ejemplo, comencé a recordar mi infancia y esos son Los recuerdos del porvenir» (Rosas Lopátegui, Testimonios sobre Elena Garro, 149).

Margo Glantz, en el artículo «Elena Garro: ¿Sherezada o Malinche?», escribe:

«Sólo en el acto de contar, en el cuento dentro del cuento, en la magia y realidad de la escritura se redime la culpa y el paraíso nunca ha dejado de existir: así lo intuye Leli en el cuento “Nuestras vidas son los ríos”, después de un intento fallido por entender mediante la lógica por qué el gobierno […] ha mandado asesinar a un general, cuando basta con recitar a Jorge Manrique para enderezar cualquier entuerto» (257).

La metaliteratura es una constante en su obra. Sus protagonistas transforman la realidad gracias a la literatura. Laura en «La culpa es de los tlaxcaltecas» se evade de la realidad con la lectura de La verdadera historia de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo [«Mamá, Laura le pidió al doctor la Historia de Bernal Díaz del Castillo. Dice que es lo único que le interesa» (Margo Glantz, 279)]. La niña del cuento «Antes de la guerra de Troya» lee sobre la guerra de Troya. Tal y como señala Margo Glantz, «la leyenda y la historia misma se transforman en historia particular, cotidiana de la protagonista» (256).

Elena Garro dejó novelas ejemplares, infinidad de cuentos magníficos y una abundante obra dramática. Si se han considerado la Revolución cubana, Bahía Cochinos y el inicio de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la urss como hechos históricos clave e inseparables del fenómeno del boom latinoamericano, Elena Garro los vivió y lo hizo involuntariamente en primera persona:

«Cuando en 1978 el Congreso abrió el caso, acusó de “negligente” a la cia y al fbi por no haber explorado más la posible conexión del gobierno de Castro en el asesinato de John F. Kennedy: “Bajo presión del Congreso en 1978, el Departamento de Estado tuvo que desclasificar algunos, no todos los documentos de inteligencia sobre Garro y Oswald, y de hecho hay varias entrevistas, informes y reportes de investigación que no se harán públicos hasta el año 2025”» (Rosas Lopátegui, 261).

Eso sí, Elena Garro nunca fue editada por Seix-Barral, ni tuvo ninguna agente literaria que se ocupara de divulgar su nombre y ceñirlo exclusivamente a su obra. A pesar de que en el año 76 Elena Garro estaba malviviendo en Ávila, a pesar de estar en España en aquel momento clave. No existe argumento filológico que venga a justificar su no presencia en el panorama literario. En las ocasiones en las que se alude a la obra de esta escritora mexicana es siempre para alabarla, aunque sea con tres líneas, con una pequeña referencia porque se ha escrito mucho sobre ella. Sin embargo, la tinta que se ha gastado ha sido, en la mayor parte de las ocasiones, para mencionar su locura.[i] A Elena Garro no se la ignora ni se la menosprecia, como se ha hecho con otras mujeres, con el argumento de que su calidad literaria no alcanza los niveles de sus coetáneos masculinos. No pueden, es imposible. Pero el discurso se centra en su locura como táctica para volatilizarla. Tanto se ha hecho hincapié en su locura, tanto se molestaron en dejar patente su trastorno, que hasta ella misma terminó comportándose como tal, aunque en un momento dado de su historia vital cualquier actitud que Elena hubiese adoptado se habría interpretado como una enajenación.

Elena Garro vivió siempre esperando: esperando la llegada de alguien que lo cambiara todo, como espera Laura, como esperan los muertos del panteón, como espera Yáñez la llamada que no va a llegar de Matarazo [«En el café un reloj marcaba el tiempo». «Por la calzada vacía se paseaban las horas. Como las horas estaba yo: sola en una calzada vacía» («La culpa es de los tlaxcaltecas», 276-280)], como espera Inés aun a sabiendas de que está condenada, que lo peor habrá de suceder. Elena Garro pasó la vida esperando normalizar una mala situación económica que arrastró hasta la muerte:

«Martes, 10 de marzo de 1992:

Compré este cuaderno con intenciones de escribir a mano, ya que no hay luz suficiente para distinguir las teclas de la máquina de escribir. No hay luz ni de día ni de noche. La casa o piso es muy oscuro y la electricidad se necesita a cualquier hora del día o de la noche. Aquí, frente a mí, está la máquina de escribir sobre un sillón de mimbre. No tengo mesa […]. El frío es húmedo. La calefacción deficiente y los pies sobre el suelo empiezan a helarse, el frío sube hasta la espalda y congela todos los enormes problemas que tengo, que pueden reducirse a uno: falta de dinero. Absoluta falta de dinero» (Rosas Lopátegui, 474).

Esperó un reconocimiento que no le llegó:

«Me llevé un baúl lleno de recortes de insultos y eso, caray, es pesado. Todos los días, en todos los periódicos, me ponían del asco, y eso duele» (Rosas Lopátegui, 485).

Ahora, poco a poco, se está reivindicando la figura de Elena Garro, pero la tarea es mucho más ardua. Apenas se menciona a Rosario Castellanos, nada se sabe de la chilena María Luisa Bombal, cuya novela Amortajada protagoniza una mujer muerta que, mientras es velada, narra su vida. Si hay referencia a Bombal es por intentar pegarse un tiro en el cuello en casa de un amante que la rechazó y por tratar de matarlo (le disparó tres veces, pero la mala puntería hizo que las tres balas impactaran en un brazo) muchos años después de aquella llamada de atención en forma de suicidio fallido.

Nombres éstos ni siquiera relacionados con el boom latinoamericano. Otros, que surgieron directamente de este movimiento, ni se mencionan. Se ignora a mujeres cuyos nombres, aun perteneciendo al reducido grupo de autores latinoamericanos por los que se apuesta en la España de los 60-70, no han trascendido. Albalucía Ángel, con su novela Dos veces Alicia, en palabras de Burkhard Pohl, fue lanzada como «un nuevo y brillante novelista colombiano [sic]» («Vender el boom…», 176-177). El Premio Biblioteca Breve lo habían ganado Mario Vargas Llosa, Cabrera Infante y Carlos Fuentes. En 1971 lo gana la cubana Nivaria Tejera con Sonámbulo de sol, un relato sobre la sociedad habanera hecho con el lenguaje de los sueños (Burkhard Pohl, «Vender el boom…»,  181). La mexicana Ana Mairena es otro de los nombres femeninos por los que apuesta Seix-Barral en ese esfuerzo español por lo latinoamericano. Su novela Los extraordinarios, un discurso sociológico sobre la realidad mexicana, se lanza en 1961.

Sin embargo, ninguno de estos nombres ha trascendido. Han desaparecido, se han volatilizado, han sido silenciados, borrados del panorama literario con la facilidad con la que se elimina de un borrón la línea de un cuaderno. Olvidar lo que no se toma en cuenta, lo que no se considera, es fácil.

Quizás, y a pesar de su gran pluma, si Elena Garro no hubiese sido tan buena escritora, ni siquiera se molestarían en mencionar que era una loca rodeada de gatos.

[i] Incluso hoy en pleno siglo xxi cuando comienza a reivindicarse su figura, se edita en España la novela Reencuentro de personajes (Madrid, Drácenas, 2016) y la editorial tiene que retirar la faja de la edición ante las críticas suscitadas por reducir la figura de Elena a: «Mujer de Octavio Paz, amante de Bioy Casares, inspiradora de García Márquez y admirada por Borges». Elena Garro existe únicamente porque lo hace de distinta forma en estos hombres. Por no mencionar el hecho de que consideren esta novela desde una única perspectiva: la de su vida personal, la más amarilla, en la que se hizo hincapié durante muchos años y que alimentó el mito de su locura, eclipsando su talento. Reza en la contraportada de la edición (que la editorial no puede eliminar como una faja): «Qué duda cabe que Reencuentro de personajes germina del odio que Elena Garro le profesó desde su divorcio y de la forma más irritante posible a su exmarido, el Premio Nobel Octavio Paz». Que su vida se refleja en su literatura es un hecho, pero si lo hiciera de esta manera no estaríamos ante la gran escritora que fue Elena Garro.

NOTAS
1 Incluso hoy en pleno siglo xxi, cuando comienza a reivindicarse su figura, se edita en España la novela Reencuentro de personajes (Madrid, Drácenas, 2016) y la editorial tiene que retirar la faja de la edición ante las críticas suscitadas por reducir la figura de Elena a: «Mujer de Octavio Paz, amante de Bioy Casares, inspiradora de García Márquez y admirada por Borges». Elena Garro existe únicamente porque lo hace de distinta forma en estos hombres. Por no mencionar el hecho de que consideren esta novela desde una única perspectiva: la de su vida personal, la más amarilla, en la que se hizo hincapié durante muchos años y que alimentó el mito de su locura, eclipsando su talento. Reza en la contraportada de la edición (que la editorial no puede eliminar como una faja): «Qué duda cabe que Reencuentro de personajes germina del odio que Elena Garro le profesó desde su divorcio y de la forma más irritante posible a su exmarido, el Premio Nobel Octavio Paz». Que su vida se refleja en su literatura es un hecho, pero si lo hiciera de esta manera no estaríamos ante la gran escritora que fue Elena Garro.

BIBLIOGRAFÍA
· Aranda, Julio. «Helena Paz, heredera universal de Elena Garro, según su testamento», en Proceso, 30 de agosto de 1998, 52-53.
· Avilés Fabila, René. «En Iguala, homenaje a Elena Garro», en Excélsior, 27 de septiembre de 1997, 6.
· Burkhard, Pohl. «Vender el boom: El discurso de la difusión editorial» en Joaquín Marco y Jordi Gracia (eds.): La llegada de los bárbaros: la recepción de la literatura hispanoamericana en España, 1960-1981, Edhasa, Barcelona, 2004, 165-188.
· Coblán, Felipe. Proceso, 784, 1991, 56.
· Cordero, José Antonio (dir.). La cuarta casa: retrato de Elena Garro [Película].
· Earle, G. Peter. «Octavio Paz y Elena Garro: una incompatibilidad creativa», en Revista Iberoamericana, vol. lxxvi, 232-233, 2010, 877-897.
· Garro, Elena. Los recuerdos del porvenir, Joaquín Mortiz, México D. F., 1963.
–. «La culpa es de los tlaxcaltecas», en La semana de colores, Xapala, Universidad Veracruzana, 1964, 269-283.
–. «El problema agrario sigue en pie después de 50 años de revolución», en ¡Siempre!, 185, 1965, 2-12.
–. «Un hogar sólido», en Antología de la literatura fantástica (Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo, Adolfo Bioy

Casares), en Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1977.
–. Memorias de España, 1937, Siglo xxi, Ciudad de México, 1992.
–. Andamos huyendo, Lola, Mardulce, Buenos Aires, 1980.
–. Inés, Planeta Mexicana (Joaquín Mortiz), México D. F., 2008.
· Güemes, César. «Elena Garro presenta mañana Inés. En México me siento como un extranjero cuando llega a un país desconocido», en Financiero Cultural, 26 de Octubre de 1995, 55-56.
· Glantz, Margo. «Elena Garro: ¿Sherezada o Malinche?», en Henrique Hülsz y Manuel Ulacia (eds.): Más allá de Litoral, Facultad de Filosofía y Letras, unam, México D.F., 1994.
· Melgar, Lucía y Mora Gabriela (eds.). Elena Garro: una personalidad compleja, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Puebla, 2002.
· Merlo, Pepa. «Elena Garro: historia de una lúcida locura», en La tradición de las rupturas en las literaturas hispánicas (ix Coloquio Internacional de Estudios Hispánicos), Universidad Eötvös Loránd, Budapest, 2014, 263-271.
· Montemayor, Carlos. La violencia de Estado en México, Debate, México D.F., 2010.
· Mora, Gabriela. Elena Garro: correspondencia con Gabriela Mora (1974-1980), Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Puebla, 2007.
· Paz Garro, Helena. Memorias, Editorial Océano, México, 2003.
· Poniatowska, Elena. «La biografía de Elena Garro en la oficina de inteligencia de Estados Unidos», en Proceso, 23 de marzo de 1992, 29.
–. «Elena Garro: la partícula revoltosa», en Las siete cabritas, Txalaparta, Tafalla, 2001, 87-106.
–. La noche de Tlatelolco, Ediciones Era, México D.F., 1971.
· Ramírez, Luis Enrique. La ingobernable: encuentros y desencuentros con Elena Garro, Raya en el Agua, México D.F., 2000.
· Rosas Lopátegui, Patricia (2002). Testimonios sobre Elena Garro. Monterrey: Ediciones Castillo.
· S/A. «Niegan cargos los cinco señalados», en Excélsior, México D.F., 7 de octubre de 1968, 18.
· S/A. «Del archivo secreto de gobernación: memoria gráfica del 68», en Proceso, (Edición Especial), México D.F., 11 de octubre de 2002.

Total
6
Shares