Sofía Balbuena
Borracha menor
Caballo de Troya
168 páginas
POR JOSÉ ÁNGEL BARRUECO

Tal vez un lector despistado, a la vista del título, crea que estamos ante una novela que expone una relación de curdas juveniles y unos primeros pasos inseguros por el mundo. No es así. No se trata de una novela, sino de una estimulante mixtura de diario, ensayo y memorias. No estamos ante una autora novata o que acabe de entrar en la mayoría de edad, sino ante una escritora de talento que se maneja con destreza y valentía en la treintena: Sofía Balbuena (1984, Salto, Argentina), quien debutó con Pajarera naïf (La Verónica Cartonera, 2019). Por éstas, y otras muchas razones, su obra sorprende y nos deja poso.

Borracha menor, una apuesta de Sabina Urraca durante su cargo de editora invitada en Caballo de Troya (año 2023), está dividido en dos partes. «Doce pasos hacia mí», la primera y más breve, se publicó primero en sendas ediciones de Chile y Argentina. La segunda, más extensa y titulada «El diario de la beca», viene a ser un complemento de la anterior y nos conduce por vericuetos inesperados en los que afronta tabúes y se muestra brava en el desnudo emocional.

«Doce pasos hacia mí» empieza de manera tajante con esa frase que le dirige su padre a la autora: «Sofía, no te vayas a convertir en alcohólica», justo antes de su viaje hacia España, en busca de otra vida, pero en un territorio en el que acostumbramos a darle al frasco en cantidades asombrosas. Su entrada en la península ibérica coincide con el consejo médico de no consumir bebidas alcohólicas tras un cateterismo. Entre Madrid y Barcelona, Sofía trabaja en librerías y regresa al bebercio al recibir el alta. Pero lo suyo tampoco es una ingesta diaria de cerveza (su bebida favorita), una continua curda bukowskiana, sino esa especie de estima que aquí tenemos al vino y a la cerveza y que no se refiere a un consumo cotidiano y sin pausa, sino a que bebemos como hábito social. El tema le interesó lo bastante para indagar, entre viajes, trabajos y borracheras de sábado, en torno a la narrativa alcohólica escrita por mujeres, que suelen tener la etiqueta que no se aplica tanto a los hombres: en esta sociedad un escritor alcohólico ostenta cierto lustre de bohemia y malditismo; mientras a que una escritora alcohólica se le despoja del brillo anterior y a los ojos del mundo es una mala mujer. Triste y cierto. Sofía escribe esta parte bajo el influjo de Leslie Jamison, María Moreno, Chris Kraus, Olivia Laing, Tamara Kamenszain y Maggie Nelson, entre otras.

«El diario de la beca», en parte inspirado en Mario Levrero, relata su viaje y su estancia en Iowa como escritora residente. Uno de los aspectos más originales de la propuesta consiste en los saltos en el tiempo. Primero nos muestra sus anotaciones del mes de enero de 2023, ya en territorio estadounidense, para luego ir retrocediendo mes a mes hasta agosto de 2022. El último capítulo es un regreso a febrero de 2023. Es ahí cuando ha conseguido independizarse de esas ataduras voluntarias que impedían su libertad total: el alcohol de las borracheras cada vez más frecuentes, el arraigo a las zonas donde tiene amigas y familiares y esa relación abierta que mantiene durante años con Ruy, el novio/amante que nada le exige (y ella tampoco a él), y cuyo epicentro me parece uno de los puntos más hermosos del libro, dado que se trata de una historia de amor que va y vuelve, que posee altibajos pero jamás concluye, y ata a dos personas tanto o más que la cerveza y los licores.

La lectura de Borracha menor, pues, contiene diversos planos para el goce: el diario y la memoria, el ensayo sobre las escritoras, las citas y las referencias a otros libros, el devenir entre países y entre ciudades, la sumisión voluntaria a la embriaguez y ese noviazgo liberal que, aunque parece estar al fondo, ilumina las páginas tanto como sus confesiones en torno al trago: «El alcohol me devuelve hacia mí misma; de alguna manera extraña, me centra. Afloja, por un rato y mientras dura, la conciencia que tengo de quien soy y de lo que creo que valgo».