CON OTRA GUERRA A CUESTAS: VICTORIA KENT, JULIA ÁLVAREZ Y MARÍA LEJÁRRAGA

Dos diputadas y una exdiputada quedaron bloqueadas en la Francia ocupada, en situación difícil, aunque el SERE les proporcionara algún sostén económico.[19] Muy conocida había llegado a ser la figura de Victoria Kent Siano, nacida en Málaga en 1892, pionera femenina en la abogacía española, primera mujer directora general (de Prisiones, entre abril de 1931 y junio de 1932), diputada radical-socialista por la provincia de Madrid en las Constituyentes, donde se manifestó como defensora de los derechos de la mujer pero partidaria del aplazamiento del sufragio femenino por razones de oportunidad política. De nuevo diputada, por Jaén, en la candidatura del Frente Popular en 1936, colaboró con el Gobierno en la protección de niños durante la guerra y, desde junio de 1937, fue secretaria de la Embajada republicana en Francia. En París vivió durante la ocupación alemana, guarecida de la Gestapo y la policía franquista en la Embajada mexicana durante nueve meses y luego con falsa identidad, tiempo en el que escribió el diario novelado Cuatro años en París, 1940-1944 (publicado en 1947 en Buenos Aires), que constituye —tras La agonía de Francia de Manuel Chaves Nogales— uno de los mejores testimonios españoles sobre aquel dramático episodio de la historia francesa.[20]

Concluida la guerra mundial, Kent realizó un par de viajes a Nueva York y a México, y en esta ciudad se estableció en 1948, desarrollando una considerable actividad que incluyó, como en el caso de otros notables exiliados españoles, cursos en la UNAM y colaboraciones con la editorial Fondo de Cultura Económica. En 1950, obtenida la nacionalidad mexicana, empezó a realizar trabajos para la ONU, ante la que actuó también, hasta septiembre de 1954, como delegada oficiosa del Gobierno republicano en el exilio, presidido a la sazón, en México, por Félix Gordón Ordás. En octubre de 1952, Victoria fijó su residencia en Nueva York, donde había conocido a la millonaria liberal Louise Crane, con quien desde entonces compartió su vida. La incipiente relación con la familia Crane explica quizá el hecho sorprendente de que, en 1952, participara en el apoyo a la candidatura presidencial del republicano Eisenhower, que no tardaría en promover un acercamiento a la España franquista.[21]

Los recursos de Louise, unidos al esfuerzo de Kent, sostuvieron desde 1954 una de las más duraderas y amplias publicaciones del exilio antifranquista: la revista mensual Ibérica: por la libertad (hasta 1966 editada también en inglés: Ibérica: for a Free Spain) que prolongó su existencia hasta 1974. Asimismo Victoria participó, en 1960, en un agrupamiento de las corrientes del republicanismo bajo las siglas de Acción Republicana Democrática Española. Cuando, el 11 de octubre de 1977, regresó temporalmente a España, no le faltaban motivos para pedir que se recordaran de ella no sólo su actividad en la República, sino sus acciones y publicaciones durante el largo exilio. Volvió por última vez en el otoño de 1978, cuando su libro —con el título Cuatro años de mi vida— se editó al fin en España, anotado por Consuelo Berges. Regresó a Nueva York, desde donde colaboró, hasta 1985, en el diario El País, y allí murió en septiembre de 1987, a los noventa y cinco años.[22]

Mucho más breve fue la vida de la más joven de las diputadas, Julia Álvarez Resano, nacida en Villafranca de Navarra en 1903. Ejerció como maestra y abogada, y se presentó a las elecciones de 1933 por Navarra; fue la segunda más votada, tras Ricardo Zabalza, de los cinco candidatos socialistas, aunque ninguno de ellos obtuvo escaño. Se trasladó a Madrid en 1934, presidió la Federación Española de Trabajadores de la Enseñanza de la UGT y en febrero de 1936 fue elegida en la lista del Frente Popular por la provincia de Madrid. Poco antes se había casado civilmente con Amancio Muñoz Zafra, exalcalde socialista de Cartagena y asimismo diputado, por Murcia, en aquellas Cortes. La represión que se abatió, desde el inicio de la sublevación, sobre los focos progresistas de la Ribera navarra afectó a la familia de Julia, que en 1938 también perdería a su marido por una lesión contraída en el frente de Granada. Entre otras responsabilidades, ella dirigió el Gobierno civil —fue la primera española en ocupar ese cargo— de Ciudad Real, entre julio de 1937 y marzo de 1938.

Refugiada en Francia tras la derrota, su trayectoria resulta imprecisa, aunque hay señales de que estuvo internada en el campo de Ruelle (Charente) y de que, habiendo intentado embarcarse en Marsella hacia México, fue detenida y enviada al campo de Ravensbrück, del que se evadió, integrándose en la Resistencia francesa. Establecida en Toulouse, apoyó las posiciones de Negrín y fue otra de las expulsadas por el sector mayoritario del partido en 1946. En mayo de 1947 marchó a México, donde ya habían encontrado acogida algunos miembros de su familia (en tanto que parte de la de su marido se hallaba en Argelia) y desempeñó actividades de abogacía y periodismo, pero, un año después, una hemorragia cerebral puso fin, en Ciudad de México, a sus cuarenta y cuatros años de intensa vida.[23]

Por su parte, María Lejárraga García fue la diputada de mayor edad y también la más longeva. Nacida en 1874 en la localidad riojana de San Millán de la Cogolla, la mayor de los ocho hijos de un médico rural luego establecido en Carabanchel Bajo, ejerció como maestra en Madrid y colaboró en las actividades literarias de su esposo, Gregorio Martínez Sierra: una colaboración en la que, según sólidos indicios, ella era la autora real de los textos teatrales o ensayísticos por él firmados. En 1931 publicó, como María Martínez Sierra, el libro La mujer española ante la República, y siguió siendo conocida —salvo en su documentación oficial y, por ende, en su condición de diputada— con los apellidos de su marido, del que estaba separada de hecho desde tiempo atrás.

Diputada socialista por Granada en 1933, no se presentó a las elecciones de 1936, si bien participó en la campaña del Frente Popular. Iniciada la guerra, salió de Madrid el 17 de octubre de 1936, destinada como agregada comercial a la Legación española en Berna, a lo que no parece ajeno el que Matilde de la Torre fuera entonces directora general de Comercio. Tras una estancia en Bélgica, donde colaboró en la acogida de niños españoles, vivió en Niza, encubierta como «madame Martínez», durante la ocupación de Francia. A su término, permaneció allí durante más de cinco años, hasta que, en septiembre de 1950, se embarcó en Génova, rumbo a Nueva York.

La estancia de María en el continente americano se extendió durante un año por América del Norte, para recalar definitivamente en Argentina. Viajó a Arizona y California, y en Hollywood presentó sin éxito un guion titulado Merlín y Viviana, o la gata egoísta y el perro atolondrado, que ella insistió luego en que le había sido plagiado por Disney en La dama y el vagabundo. Estuvo en México, donde escribió el libro autobiográfico Horas serenas, que se editaría allí, en 1953, con un título más concreto y reivindicativo: Gregorio y yo. Medio siglo de colaboración. Instalada en Buenos Aires en septiembre de 1951, la editorial Losada le publicó, al año siguiente, Una mujer por caminos de España, que María había terminado de escribir en 1949, antes de salir hacia América.[24] En él se agrupan recuerdos y reflexiones, centrados en sus vivencias como propagandista política, entre 1931 y 1938; en el capítulo titulado «Tres voces de mujer», traza sutiles semblanzas de Matilde de la Torre y la Pasionaria. En la capital argentina, donde María tomó la costumbre de vivir en hoteles, realizó traducciones del inglés y del francés, escribió teatro para niños (como el libro Viajes de una gota de agua, en 1954) y numerosos guiones y artículos (como los que recopiló en Fiesta en el Olimpo, en 1960). Murió en junio de 1974, cuando le faltaba medio año para cumplir un siglo.

ALGUNOS DETALLES DE UN EXILIO SINGULAR

El hecho de que la guerra y la derrota llevaran al exilio hispanoamericano —y casi al olvido en España— a quienes habían encarnado una presencia femenina relevante y mayoritariamente progresista en las Cortes republicanas, puede acompañarse con el esbozo de algunas observaciones complementarias. La primera es que la exigua pero significativa muestra que componen las diputadas podría ampliarse a aquellas mujeres que, pese a su destacada trayectoria, no llegaron a ser elegidas parlamentarias. Por ejemplo, la republicana federal Belén de Sárraga, ya propagandista activa en varios países iberoamericanos desde 1906, candidata al Congreso por Málaga en 1933 y que murió en el exilio mexicano en 1951. O la socialista malagueña Isabel Oyarzábal (que solía firmar sus escritos como Isabel de Palencia), primera española en encabezar una Legación diplomática, la de la República en Estocolmo (con extensión a Helsinki) durante la Guerra Civil, autora de obras en español e inglés, que también prolongó su exilio en México hasta su muerte en 1974.[25] Asimismo había sido relevante la actuación pública de la socialista pamplonesa Matilde Huici, jurista y pedagoga, que se convirtió en referente de la formación de maestras durante su exilio en Chile, hasta su muerte en Santiago en 1965.

Total
2
Shares