Aunque con la vista puesta en España y alentando la confianza en una caída de la dictadura, aquellas mujeres aportaron su contribución valiosa al desarrollo cultural y cívico de su tierra de acogida. Pero ésta, por su parte, les permitió, no sólo la supervivencia, sino un desarrollo personal estimulado por el trato con las realidades autóctonas e incluso con exiliados de otras procedencias. De ello pueden ser ejemplos los contactos de Nelken, en su faceta de crítica de arte, con el muralismo y otras corrientes plásticas mexicanas; o las redes de amistad y colaboración que Kent pudo tejer en el ámbito iberoamericano (Portugal incluido), a la vez que intensificaba sus relaciones de preguerra con personajes como Victoria Ocampo y Gabriela Mistral.
Tener en cuenta la acción y la actitud de estas mujeres durante el exilio permite ampliar su perfil histórico e incluso resituar aspectos de su actuación durante la República. El famoso duelo parlamentario entre Campoamor y Kent sobre el sufragio femenino se sustanció política e históricamente en favor de la primera. Pero sería injusto que Kent quedara estigmatizada —y Campoamor, glorificada— por ese solo episodio, siendo así que, desde 1936 hasta los años setenta, el combate claro y tenaz de Kent por el restablecimiento de las libertades democráticas en España, derechos de la mujer incluidos, no tiene paralelo en la actitud coetánea de Campoamor. Al hecho de que ésta se mantuviera apartada de la acción antifranquista de las demás pudo contribuir el que su exilio americano fuera argentino y no mexicano; sin embargo, no parece que, cuando entre 1951 y 1955 María Lejárraga y ella coincidieron en Buenos Aires, dedicadas a actividades parecidas, restablecieran el contacto interrumpido en 1936.
Las relaciones que mantuvieron entre sí las diputadas y otras mujeres socialistas en el exilio tienen un interesante, aunque generalmente inadvertido, colofón: la común adhesión a la figura de Juan Negrín. Presidente del Gobierno desde mayo de 1937, este científico adscrito al PSOE había encabezado durante la guerra una política de consolidación y resistencia republicanas apoyada expresamente por varias diputadas; y, exiliado en Francia y luego en Inglaterra, pretendió encarnar la continuidad democrática, no sin suscitar diversas hostilidades, incluso en su propio partido. Cuando dos históricos dirigentes de éste, y antiguos rivales, Prieto y Largo, acordaron, en un congreso celebrado en Toulouse en abril de 1946, la expulsión de Negrín y de treinta y cinco de sus seguidores, en su mayor parte establecidos en México, figuraban cuatro mujeres en la lista de proscritos.
Salvo la activa militante Matilde Cantos (la tercera de las célebres Matildes socialistas, junto a Huici y De la Torre), las otras tres habían sido parlamentarias: eran Julia Álvarez, aún presente en Francia, Matilde de la Torre, que acababa de fallecer en México y Veneranda García-Blanco. La única exdiputada todavía socialista que no fue expulsada, María Lejárraga, vivía en Niza bastante apartada del debate, pero no se había privado de manifestar, en su correspondencia privada, su admiración por Negrín. Y la propia Nelken, que tras su experiencia comunista había restablecido contacto con algunos de sus antiguos compañeros, le había expresado su apoyo en la convocatoria extraordinaria de las mermadas Cortes republicanas, reunidas en Ciudad de México en agosto de 1945. El negrinismo de las socialistas se había extendido incluso a personalidades no afectadas formalmente por la expulsión, como Isabel Oyarzábal.
Llama la atención esa preferencia de las diputadas socialistas y de otras mujeres de su entorno por un dirigente que, al fin y al cabo, quedó en minoría en el partido y fue objeto de abundantes dicterios.[26] Aparte de reconocer su talla política y personal, es verosímil que estas mujeres compartieran, entre sí y con él, una forma de hacer política más atenta a las cambiantes realidades sociales que a la doctrina o a las tradiciones, más pendiente de realizaciones prácticas que del cultivo de los principios, y un enfoque de la lucha antifranquista que combinara la firmeza de propósitos con la flexibilidad de las alianzas. Valga este colofón como muestra de la riqueza de matices y significados que ofrece la presencia de las mujeres en ese exilio hispano a la vez dramático y creativo, del que se cumplen ochenta años.
[1] Tres obras divulgativas recientes sobre el tema: Francisco Márquez Hidalgo, Nueve mujeres en las Cortes de la II República. El perfil humano y político de las primeras diputadas españolas. Madrid, Áltera, 2015. José Luis Casas, Amazonas de la República. Las primeras diputadas, 1931-1936. Barcelona, Base, 2016. Feliciano Páez-Camino, Mujer y política en la Segunda República española. Perfil y actividad de las diputadas. Universidad de Málaga, 2017.
[2] La proliferación de textos memorialistas entre las mujeres que participaron en la actividad política y cultural a partir de los años 20 ha sido señalada por Susanne Niemöller, «Recuerdos de un sueño perdido. Las memorias de las intelectuales republicanas», en Mercedes Gómez Blesa (ed.), Las intelectuales republicanas. La conquista de la ciudadanía. Madrid, Biblioteca Nueva, 2007, 65-84.
[3] En realidad, las candidatas fueron sólo treinta y cuatro, porque algunas de ellas se presentaron en más de una circunscripción; caso singular fue el de Ibárruri, que concurrió, sin éxito, en cinco. La circunscripción con más candidatas, con seis aunque ninguna resultó elegida, fue Barcelona-capital (en las ciudades más pobladas la capital y la provincia formaban circunscripciones separadas).
[4] La circunscripción de Oviedo, que abarcaba el conjunto de la región asturiana, fue la más representada por mujeres: dos en esta segunda legislatura (Matilde y Veneranda) y dos en la tercera (Matilde y Dolores); sigue Madrid-provincia, con dos en la primera (Clara y Victoria) y una en la tercera (Julia).
[5] Datos en el anexo de Roberto Villa García, La República en las urnas. El despertar de la democracia en España. Madrid, Marcial Pons Historia, 2011.
[6] Oportunas observaciones al respecto en Nicolás Sánchez-Albornoz, Cárceles y exilios. Barcelona Anagrama, 2012, p. 210 y ss. Véase también Lidia Bocanegra: «La República Argentina: el debate sobre la Guerra Civil y la inmigración», en Abdón Mateos (ed.), ¡Ay de los vencidos! El exilio y los países de acogida. Madrid, Eneida, 2009, 189-216. Este libro incluye resúmenes sobre el exilio español en Francia y el norte de África, a cargo de Javier Cervera y Juan B. Vilar respectivamente. Otros aspectos en José Sánchez Cervelló, La Segunda República en el exilio. Barcelona, Planeta, 2011.
[7] Pilar Domínguez Prats, De ciudadanas a exiliadas. Un estudio sobre las republicanas españolas en México. Madrid, Cinca, 2009, p. 97. Señala la autora que «el estudio de la etapa de transición francesa es imprescindible para entender muchos aspectos del exilio en México» (p. 81); y que, por lo general, los testimonios orales de mujeres acentúan los aspectos negativos de su estancia en Francia, resaltando por contraste la favorable acogida en México.
[8] En contraste más o menos paradójico con la continuidad de su presencia en España, Bohigas es seguramente la más oscurecida de las diputadas republicanas. Su figura viene siendo recientemente analizada, con un enfoque esforzadamente valorativo, por Alejandro Camino Rodríguez (UAM).
[9] Tal es el punto de vista de su libro, aparecido un mes antes del estallido de la guerra El voto femenino y yo. Mi pecado mortal. Madrid, Beltrán, 1936. En él subraya el sustancial apoyo de socialistas y algunos republicanos para la obtención del voto femenino, en contraste con la presentación que alguna vez se ha hecho luego de ella como una sufragista enfrentada a un Parlamento mayoritariamente hostil.
[10] La conclusión de su libro, fechada en Madrid en mayo de 1936, empieza así: «Después que las elecciones de febrero del 36, realizadas sin división de republicanos y socialistas, han demostrado cumplidamente que la intervención de la mujer no es dañosa al mantenimiento de una política izquierdista, la única a que puede confiarse el desenvolvimiento normal y progresivo de los intereses nacionales […]».
[11] Entre los primeros figuran las biografías El pensamiento vivo de Concepción Arenal (1943), Sor Juan Inés de la Cruz (1944) y Vida y obra de Quevedo (1945). En ese tiempo, entre enero de 1943 y octubre de 1945, publicó diversos artículos sobre temas literarios en la revista Chabela de Buenos Aires.
[12] Dolores Ibárruri, no muy dada a mencionar a otras mujeres descollantes, cita dos veces a Veneranda, junto a Matilde Cantos, como participante activa en grupos de mujeres en México, en Memorias de Pasionaria, 1939-1977. Barcelona, Planeta, 1984, p. 112 y p. 117.
[13] Como en otros casos, las informaciones historiográficas sobre el viaje difieren. Según Josebe Martínez Gutiérrez, se embarcaron en Marsella en el buque Mauritania rumbo a Nueva York, desde donde viajaron en tren hasta México (Margarita Nelken. Madrid, Orto, 1997, p. 39). Según Paul Preston, viajaron a México en el Normandie (Palomas de guerra, Barcelona, Plaza & Janés, 2001, p. 327 y fotografía p. 25)
[14] Términos aparecidos, junto con otros denigratorios, en la publicación comunista España popular, de la que Margarita había sido colaboradora, el 23-X-1942. En las actividades de la Unión Nacional Española, de inspiración comunista, llegaron a participar en Francia, en 1944, Victoria Kent y Julia Álvarez.
[15] Hasta dieciocho meses después no consiguió ella confirmación oficial del hecho por la Embajada soviética en México. Curiosamente, Margarita sólo aparece con una referencia indirecta en las memorias de Dolores: cuando esta atribuye erróneamente a Santiago de Paul Nelken el haber llegado «en las filas del Ejército Rojo, hasta Berlín» (Memorias de Pasionaria, op.cit, p. 57).
[16] Entre los testimonios sobre el carácter agridulce de su genio, figura el de la antigua dirigente de la JSU y luego profesora de Teoría del Estado en la UNAM: Aurora Arnáiz, Retrato hablado de Luisa Julián: memorias de una guerra. Madrid, Compañía Literaria, 1996. Un fragmento aparece incluido en Alicia Girón y Eugenia Correa, El exilio femenino en México. Madrid, AECID-MAEC, 2011, pp. 119-124.
[17] El primer número de esta revista editada por exiliados españoles en México data de octubre de 1946. El primer artículo referido, «En Francia. Política y literatura» aparece en el núm. 8, pp. 7 y 15; el segundo, en núm. 19-20, pp. 34-39.
[18] Ha sido editado como Las Cortes republicanas durante la Guerra Civil. Madrid 1936, Valencia 1937 y Barcelona 1938. Madrid, Cátedra del Exilio-FCE, 2015. Una reedición de Mares en la sombra, A Coruña, Castro, 2007. En cuanto al perfil biográfico de Matilde de la Torre, tras la aproximación de María del Carmen Calderón Gutiérrez, contamos con una breve semblanza realizada por Ángeles Barrio Alonso, en un libro que contiene, entre otras, las de dos mujeres que serán mencionadas luego, Matilde Huici e Isabel de Palencia: Mary Nash (coord.), Ciudadanas y protagonistas históricas. Mujeres republicanas en la II República y la Guerra Civil. Madrid, Congreso de los Diputados, 2009.
[19] Entre las personalidades beneficiarias de «una ayuda financiera razonable» por parte del SERE desde Marsella, figuran, en una lista de febrero de 1941, estas tres parlamentarias junto a Matilde Cantos y Carmen de Pedro. Pablo de Azcárate, En defensa de la República. Con Negrín en el exilio. Edición, estudio preliminar y notas de Ángel Viñas. Barcelona, Crítica, 2010, p. 271.
[20] Véase al respecto: Fernando Castillo, Españoles en París, 1940-1944. Constelación literaria durante la Ocupación. Madrid, Fórcola, 2017; o su enjundioso artículo en el dosier de Cuadernos Hispanoamericanos núm. 795, septiembre 2016.
[21] Carmen de la Guardia, Victoria Kent y Louise Crane en Nueva York. Un exilio compartido. Madrid, Sílex, 2015. Sobre este episodio, pp. 113, 131, 248; foto en p. 275 y portada.
[22] Que, como quiera que Victoria se fue quitando años, eran sólo noventa según ella, y también según la inscripción de su sepultura en Redding (Connecticut), donde consta 1897 como fecha de su nacimiento, dato que reproducen (o incluso 1898) varios de sus biógrafos.
[23] Un acercamiento biográfico a esta española aún insuficientemente conocida: Fermín Pérez-Nievas Borderas, Julia Álvarez Resano: memoria de una socialista navarra. Pamplona, Pamiela, 2007.
[24] Reedición en Madrid, Castalia, 1989, y la de Gregorio y yo, en Valencia, Pre-Textos, 2000, ambas a cargo de Alda Blanco. Datos biográficos en Antonina Rodrigo, María Lejárraga una mujer en la sombra. Madrid, Vosa, 1994.
[25] Es expresivo el hecho de que en el periódico mexicano Novedades del 29-V-1974, al dar cuenta de que Isabel Oyarzábal había muerto la víspera, se dijera que «fue diputada [sic] y ministra de España en Suecia y Finlandia».
[26] La figura de Negrín ha sido reivindicada por la historiografía solvente (Miralles, Moradiellos, Jackson, Viñas), así como por el propio PSOE que, en julio de 2008, acordó la readmisión simbólica de aquellos hombres y mujeres expulsados sesenta y dos años atrás, entre los que se contaba el escritor Max Aub.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]