
Francisco Bitar
El taller literario
Sigilo
171 páginas
Leo en la nota biográfica de la solapa que Francisco Bitar ha publicado cerca de veinte libros de poemas, narrativa y ensayo, una obra abundante para un autor nacido en 1981. Hay una clara intención en esa forma de abordar y construir un proyecto literario, ligada a cierta literatura experimental y fronteriza. Entre sus obras, destacan la serie de tres novelas De ahora en adelante o el libro La muerte de César Aira, que inicia la serie Cementerio de elefantes. De su etapa iniciática, la novela Tambor de arranque, publicada en España por la editorial Candaya en 2012. Hasta ahora ha desarrollado su carrera sobre todo en Argentina, también como editor desde 2021 del sello independiente El buen desconocido. Su nueva novela, El taller literario, llega a la vez a librerías argentinas y españolas de la mano de la editorial Sigilo.
La ficción realista se nutre esta vez del propio género como tema. En El taller literario su protagonista, el autor de la saga de novelas Colapso con la que en su día obtuvo cierto reconocimiento de crítica y lectores, Gori Lizmayer, trabaja como profesor de secundaria y redactor en un periódico local. Hace tiempo que no publica nada. Para dejar atrás su supuesto bloqueo decide apuntarse, bajo el falso nombre de Ghito Londres, a un taller literario de su ciudad.
Con este sencillo argumento, Francisco Bitar reflexiona sobre los materiales del inventor de historias. En primer lugar, la construcción de la trama; lo que ocurre dentro y fuera del taller con el profesor y el resto de compañeros, así como los ejercicios que presentan y comentan los alumnos en cada sesión semanal que mantienen en el salón de la casa del profesor, conforman la estructura de la novela; los relatos operan como subtramas, llegando a modificar sustancialmente la principal. Atendiendo al tema, al perfil de un autor que también ha escrito crónica y ensayo y a un tipo de narración contemporánea con la que comparte rasgos (la dicotomía realidad-ficción sería uno notable, pero también referentes literarios, culturales, geográficos y lingüísticos, preocupaciones estéticas y temáticas, estilo…), el lector de esta reseña podría suponer que se trata de un libro cercano a la autoficción. Sin embargo, me parece que es una defensa en sentido opuesto. Se aprecia todo el trabajo de bricolaje, de engranaje, de artefacto, de taller. La construcción de personajes, el avance de la acción, la tramoya fantástica, la reflexión metaliteraria, los juegos de significados y el humor, todo a partir de los materiales de una ficción que acaba girando por sus propios derroteros. Cuando, en un momento dado, Bitar expone su apellido como posibilidad, tan solo apunta hacia una dirección más. Incluso ahí seguimos sin ver al autor. Solo están los personajes, Gori Lizmayer o Ghito Londres o, quién sabe, Bitar o cualquier otro, porque el personaje que busca su identidad procurándose una inventada corre el riesgo, no solo de que los demás no sepan quién es, sino de acabar confundiéndose a sí mismo.
El hábitat natural de la novela es, por un lado, la atmósfera de la ciudad en la que se ancla la historia, recreada a base de ingredientes locales, un gusto por los diálogos medio callejeros, casi azarosos, y, por otro, el espacio del taller literario y su elogio a la tradición cuentística (argentina), capítulos breves e intensos con giro o sorpresa, el taller que permite a sus alumnos la lectura de relatos a veces inverosímiles o demasiado imaginativos. El devenir caótico de acontecimientos extiende el hilo narrativo indefinidamente, como en Las mil y una noches. Por los pliegues de esta novela asoman errados ensayos de vida de personajes anodinos. Al final la voz de Bitar se eleva.
Uno de los mayores logros del libro es la conciencia que su autor toma de la escritura. En este Taller literario aborda el debate por fuera de la literatura, donde se puede acabar pisando territorio inerte. A la pregunta ¿qué es ser escritor o desde dónde se escribe? la acompañan tantos libros publicados que parecen una recopilación de ejercicios de taller, cuántos aspirantes a escritores de fórmula hecha, redacciones con consigna guiadas por profesores nefastos de algunos talleres en los que unos se escuchan a otros repetir lo mismo, leer lo mismo, escribir lo mismo. Esos podrían tener algo de los personajes de esta historia, arquetipos que cumplen su función en el relato con pequeños apuntes, al igual que en la vida.