Elisa Díaz Castelo
El reino de lo no lineal. Fondo de Cultura Económica, 2020
Proyecto Manhattan. Antílope, 2020
Principia. Elefanta, 2023
POR JORGE CARRIÓN

Siempre ha sido así en el dominio de la poesía: una de las opciones más ricas para entrenar o expandir el verso propio es a través de la traducción de los versos ajenos. La poeta mexicana Elisa Díaz Castelo vertió al español Cielo nocturno con heridas de fuego (Vaso Roto), del escritor estadounidense Ocean Vuong, en 2018. Y justo después publicó sus poemarios El reino de lo no lineal, Proyecto Manhattan y Principia. Aunque se podrían rastrear correspondencias, afinidades entre la poesía de Vuong y la suya, lo que destaca no obstante es la antagonía del gesto. Es antípodo: si él trabaja una poesía confesional, autobiográfica, de fuerte acento sociológico, que explora los orígenes migrantes y la figura materna, ella –en cambio– construye una poética de la ficción y la ciencia, en la que el yo es el camino hacia otras experiencias vitales, otras épocas, otras dimensiones.

El narrador del primer poema de «Ida», la primera parte de El reino de lo no lineal, se llama Celso. La estructura alterna los relatos, en primera persona y en verso, de muertes humanas («Me morí una noche empedrada de insomnio») con definiciones de vida en prosa (como, por ejemplo: «Vida: el reino de lo no lineal: Prigogine: de la autonomía del tiempo»), que recurren a la apropiación tanto de Wikipedia como de diversos diccionarios. Y la protagonista de la segunda parte, «Vuelta», se llama Orfelia. Organiza su vida a través de acciones vinculadas con lo cotidiano (comprar en el mercado, ir al médico, limpiar el armario), los dispositivos (como su celular o el refrigerador) y objetos culturales pop (como Planet Earth), mientras atraviesa un duro proceso de duelo («Aún tengo en el clóset el vestido / de novia sin usar y no sé dónde / comprar la naftalina»). Su espectro de metáforas va desde las Metamorfosis de Ovidio hasta la biología de los insectos, pasando por los libros que dejó él subrayados o las fotos digitales que uno borra. Es elocuente el epígrafe en ese libro de Sharon Olds, la autora de Los muertos y los vivos (Bartleby): «una vez al año, tengo piedad, / me permito descender a donde he vivido y luego, / mano sobre mano, me levanto de nuevo».

Proyecto Manhattan también se lee como un libro de cuentos o una novela, aunque se inicia con un «Dramatis Personae» de obra de teatro. Sus protagonistas son Robert Oppenheimer, su esposa Kitty, su amante Jean y otras mujeres vinculadas con la radiación, el reactor nuclear, la bomba. Alternando las intervenciones o monólogos con las acotaciones dramáticas, el poemario –por tanto– ofrece una visión femenina de ese momento epicentral del siglo XX. «La bomba tal vez sea el nuevo nombre de Dios. / Porque Dios castiga a todo lo que ama.», leemos en unos versos escritos antes de la película Oppenheimer (2023), de Christopher Nolan, que ilumina desde la literatura exigente el imaginario que vimos en la serie Manhattan (2014). Como en El reino de lo no lineal, también aparece en Proyecto Manhattan la imagen de una mujer metiendo la cabeza bajo el agua. Se hace difícil no pensar en otra serie, Breaking Bad (Skyler queriendo desaparecer en la piscina de luz azul), además de en la Ofelia de Shakespeare.

Si en ambos poemarios Elisa Díaz Castelo sabe integrar y transformar los vocabularios de las ciencias físicas y de la vida, en Principia aumenta el nivel de la ambición para ensayar un sistema del mundo que bautiza una cita de Isaac Newton y culmina con una descripción del universo, que desemboca, de nuevo, en la figura de la piscina: «El universo es / esa alberca donde se pudren las hojas / y empieza el hedor de la catástrofe». Lo micro y lo macro se convierten en la sístole y la diástole de este volumen hipnótico, en el que vamos del ámbito atómico con sus partículas y orbitales, del reino animal más minúsculo (hormigas rojas, «animales moco, / animales placa») a la materia oscura, los cúmulos de galaxias y su rotación en el espacio profundo. En paralelo, la intimidad se manifiesta, aparece el amor que habíamos perdido en El reino de lo no lineal, se revela que siempre late un substrato de autoficción, que no es necesario, para alcanzar la mejor poesía, poner en primer plano.