Esther García Llovet
Los guapos
Anagrama
125 páginas
POR DAVID MANJÓN

El lugar común de la extrañeza —«rara avis», «poco convencional», «distinto, imprevisible», «insólitamente original»— atraviesa con frecuencia la recepción crítica de las novelas de Esther García Llovet (Málaga, 1963). Los guapos (Anagrama, 2024), la última de ellas, bien puede participar de esa estela: se trata de —literalmente— una marcianada.

Tras la secuencia de novelas breves tibiamente agrupadas en la serie «Trilogía instantánea de Madrid» —Cómo dejar de escribir (2017), Sánchez (2019) y Gordo de feria (2021), todas ellas publicadas en Anagrama—, García Llovet repite fórmula o excusa de escritura con la «Trilogía de los países del Este», ambientando en esta ocasión sus narraciones en Benidorm —Spanish Beauty (2022)—, en El Saler, dentro del parque natural de la Albufera —la propia Los guapos—, y en Asia Gardens, resort de lujo próximo al parque temático Terra Mítica —la ya proyectada y aún inédita Las jefas—. Estas novelitas en torno a distintos espacios concretos funcionan como colecciones de fotografías —no en vano Esther García Llovet es también fotógrafa: firma, sin ir más lejos, la imagen de cubierta de Los guapos— o, claro, instantáneas, como las de aquella primera «Trilogía» ubicada entre el VIPS de López de Hoyos, El Palentino, los cines Ideal o el café Central. La escritora Lucía Lijtmaer acuñó el término «gótico valenciano o levantino» para referirse a la mezcla de suspense y decadencia kitsch del Benidorm de Spanish Beauty. De aquellas abarrotadas playas de Martin Parr, con sombrillas y tumbonas y colchonetas hinchables de todos los colores y al fondo el Gran Hotel Bali, pasamos, en esta segunda entrega, a un camping desierto junto a unos arrozales, con la voz de Nino Bravo, de fondo, saliendo psicofónica de alguna radio.

Sin embargo, mientras que el paisaje se ha desarbolado de rascacielos «todo incluido», el lenguaje —notablemente más contenido en sus textos anteriores, como el iniciático Submáquina (Salto de página, 2009)— se ha disparado por medio de sinécdoques, prosopopeyas, parónimos y otros juegos. El imaginario pop y la belleza de lo prosaico y lo trivial es un material recurrente en los últimos trabajos de la escritora malagueña, cuya poética del consumo y la publicidad tiene afinidades con la de los libros de Mercedes Cebrián. Hay poesía en la bolsa azul de IKEA, en el Tiger y en los bollos Pantera Rosa; en las cajetillas de Camel y de Marlboro y en los ceniceros Cinzano —se fuma mucho en las novelas de García Llovet: «encendí un Kool», «saqué un Ducados», «se liaba un Manitou»—; en las cajas de Trinas y de Mahous.

Las mismas coordenadas a las que escribieron Manuel Vicent —un arroz caldoso compartido con los amigos bajo un algarrobo frente al Mediterráneo— o Rafael Chirbes —el espídico pelotazo urbanístico alzando grúas amarillas y girando a todo trapo las cubas de las hormigoneras— son en Los guapos territorio de fenómenos ufológicos. En concreto los crop circles: esas enormes figuras geométricas descubiertas de pronto en una extensión sembrada. Señales (2002) de M. Night Shyamalan en la Albufera. Las «huellas alienígenas» recogidas por Mark Fisher en su estudio sobre Lo raro y lo espeluznante (Alpha Decay, 2017). En Los guapos se mezcla con humor lo castizo y lo friki como forma de estar en el mundo, quizás un poco menos solos. Se trata de un paranormal muy normal, como cuando Adrián Sureda, el personaje principal, se encuentra su coche cubierto de excrementos de paloma. En ese tono, la novela rima evidentemente con aquella Asociación Ufológica «OVNI Levante» de Espíritu sagrado (2021), la película de Chema García Ibarra localizada también en esos «países del Este», algo más al sur que Los guapos: en el barrio popular de Carrús (Elche). Y si esta aparente comedia estaba preñada de una subtrama mucho más sórdida, en la novela de García Llovet también hay un desvío oscuro a propósito de la burbuja festivalera en España, con sus reservas en Airbnb y sus valoraciones negativas en TripAdvisor: el proyecto, aderezado de coaching empresarial, del Crop Circle Festival, como el primer Burning Man a la europea. En los aledaños de las creencias y misterios más delirantes proliferan de inmediato los emprendedores espabilados cobrando por las entradas: la milagrosa secta de El Palmar de Troya; el gurú televisivo parodiado por Nacho Vigalondo en la serie El otro lado (2023) de Berto Romero; o el pop cristiano de las Stella Maris en La Mesías (2023) —extraterrestre incluido— de Los Javis Ambrossi y Calvo. Leer para creer.