POR MARÍA FOLGUERA

El debate sobre si hay racismo en la sociedad española se presenta periódicamente en medios y redes sociales. En un país de pasado colonial, y con un largo historial de expulsiones y persecuciones a minorías, la conciencia colectiva se muestra sin embargo negadora o al menos habitualmente sorprendida al escuchar afirmaciones sobre racismo en España; así lo acreditan tertulias, comentarios y artículos. Algo cada vez más difícil de defender ante el creciente uso de acciones xenófobas por parte de algunos partidos políticos y sus seguidores.

En el ámbito editorial esta invisibilización sostenida del racismo en España se detecta precisamente en la escasez de bibliografía. Al margen de ensayos académicos especializados no es fácil señalar obras que hayan tratado esta cuestión. En los últimos años, una generación de activistas, de gran popularidad en redes sociales, han publicado ensayos divulgativos sobre el racismo, a menudo desde una perspectiva autobiográfica o personal: es el caso de ¿España racista? de Safia El Addam, Qué hace un negro como tú en un sitio como este, de Moha Gerehou, Gazpacho agridulce. Una biografía chino-andaluza de Quan Zhou Wu, Ser mujer negra en España o Color carne de Desirée Bela-Lobedde. Algunos de estos títulos incluyen la interrogación como sugerencia de ese nivel de debate básico en el que aún se halla el racismo en España, como en el libro del artista Rubén Bermúdez, ¿Y tú, por qué eres negro?, que recoge la pregunta que ha escuchado desde niño. Estos títulos revelan la necesidad de sentar unas bases para una conversación constructiva; cómo afrontar el racismo en España, en vez de negarlo una y otra vez y convenientemente -para los negacionistas- perder tiempo en ignorar lo evidente.

Recientemente, cuatro libros de ficción de autores españoles han incluido el racismo entre sus temas principales. Se trata pues de libros que abordan la cuestión desde una perspectiva diferente a los ensayos antes citados, y que no se centran únicamente en ello. No son libros sobre racismo; a través de sus personajes y tramas indagan también en el poder, el deseo, la diferencia de clases, el legado intergeneracional, la familia y un largo etcétera. En cualquier caso es interesante realizar un análisis conjunto de los cuatro puesto que, aunque traten de contextos y ambientes muy distintos entre sí, les une haberse publicado prácticamente en el mismo año, y en el marco de una casi inexistente tradición de literatura de ficción española que incluya una mirada sobre el racismo.

Martinete del rey sombra, de Raúl Quinto (2023, Jekyll & Jill)

El libro de Raúl Quinto, reconocido en dos mil veinticuatro con el Premio Nacional de Literatura, aborda un episodio histórico: la persecución de miles de personas gitanas por parte del gobierno del Marqués de la Ensenada durante el reinado de Fernando VI. El relato de la detención, incautación de bienes, separación por grupos según género y edad, obligación de trabajos forzados para los hombres y reclusión de mujeres y niños durante años, se alterna con el de la vida palaciega del Marqués y del monarca, de tal forma que la novela compone una atmósfera lírica y a veces onírica. Desde su mismo título busca constituirse como un canto funesto que acoge distintas formas como la leyenda, la fábula, la epopeya, el dato histórico y algunas pinceladas de humor, como en la caracterización del personaje del rey, que se convertirá al final de sus días en una presencia incontrolable y abyecta que alterna el intento de suicidio con el ataque a sus cortesanos, marcado por la frágil herencia psíquica de su padre, Felipe V. Tanto el rey que enloquece como el poderoso valido que pierde influencia son también leídos con ironía trágica. Las partes que abordan el ambiente de los poderosos se permiten estos matices; las que relatan la ignominia de la persecución buscan mantener el difícil pulso de una lírica doliente y sostenida, con el reto además de incluir los detalles de historias particulares, nombres de individuos que perdieron su vida por un edicto cruel en nombre del progreso. El lirismo en ocasiones roza el preciosismo, especialmente en el cierre de cada capítulo, y por momentos el ritmo narrativo se resiente al hacer convivir los datos de una investigación muy minuciosa con el aire de cántico poético.

El proyecto de redada masiva contra los gitanos ha estado ausente de los planes de estudio y de la mayoría de conversaciones sobre la denominada Ilustración española. Como antecedente del libro de Raúl Quinto podemos mencionar el monólogo No soy tu gitana, coescrito y protagonizado por Silvia Agüero, actualmente en gira; en él comparte con el público historias autobiográficas, reflexiones sobre su cultura y el imaginario sobre la misma, y dedica una escena a aquella persecución. Quinto suma, a esta estela incipiente de creaciones sobre el ignorado episodio racista en España, la atención al contexto de sus perpetradores.

No se van a ordenar solas las cosas, de Nuria Labari (Páginas de Espuma, 2024)

Narradora de gran precisión técnica, Nuria Labari enhebra una antología de relatos en primera persona. Cada una de las voces aquí presentes, caracterizadas con estilos muy distintos entre sí, busca encarnar la soledad, el dolor, la crisis o un anhelo de encuentro a través de las palabras. Un habla deseante, insuficiente, crítica: la jerga de un adolescente, el viudo judío que reflexiona sobre el duelo de una lengua en la diáspora… o la construcción de la «otredad» racial por parte de distintas narradoras blancas, entre otros textos. En el relato «Dios solo entiende las palabras esdrújulas», una mujer observa a la empleada doméstica que trabaja para ella. En No se van a ordenar solas las cosas otra mujer, voluntaria de clases de español para jóvenes inmigrantes, se enamora de un muchacho que a su vez le enseña tamazight. En Nunca te fíes de mí, una turista en República Dominicana se inquieta a lo largo de una excursión a caballo por un bosque, desorientada por la actitud de sus guías. Labari arriesga en la primera persona de esas narradoras «poco fiables» cuya mirada puede incomodarnos cuando es evidente la posición de prejuicio y privilegio. Son historias tensas, donde la mirada fascinada y ansiosa de las narradoras blancas acarician una amenaza inconcreta: una fantasía -en el sentido del término que describe Pau Luque en Las cosas como son y otras fantasías: algo que «no busca descubrir al otro, sino preconcebirlo, construirlo para nuestros propósitos e intereses»- de la empleadora doméstica, un diálogo interno acerca del colonialismo del deseo en la voluntaria que enseña español, o un intercambio lleno de malestar en los excursionistas de la selva.

Estos tres relatos componen caracterizaciones de la llamada blanquitud, un término poco presente en la cultura española hasta ahora. Recientemente se han publicado en castellano textos en torno a este término: Jugando en la oscuridad, de Toni Morrison, o Más allá de la blanquitud, de Jane Lazarre; ambos se publicaron originalmente a principios de los noventa. La blanquitud se ha entendido como la masculinidad hegemónica: un referente que se pretende neutro y central, una perspectiva prioritaria de la que las demás serían réplicas, reflejos o desvíos. El análisis y comprensión de las connotaciones de esta mirada blanca, siempre construida en oposición o antagonismo a una «otredad» peligrosa, misteriosa, romántica, racializada, ha sido apenas ejercitado de forma consciente en España. A través de los relatos citados, No se van a ordenar solas las cosas reflexiona sobre la blanquitud desde una perspectiva lingüística e idiomática.

Tierra de la luz, de Lucía Asué Mbomío Rubio (Ediciones B, 2024)

Lucía Asué Mbomío Rubio debutó con Hija del camino, una de las escasas novelas de autoficción que abordan el racismo y la experiencia de una española afrodescendiente. En su segunda novela desarrolla la historia de Ngolo, joven guineana que trabaja recolectando fruta y verdura en Tierra de la luz, una región ficticia al sur de España que es evidente trasunto de Huelva o Almería. Estudiante de diseño que acabó en situación administrativa irregular, angustiada por sentir que traiciona el esfuerzo de sus padres si regresa antes de tiempo, Ngolo se ha visto obligada a trabajar a destajo por muy poco dinero y a vivir en una chabola, donde ha establecido algunas amistades. Las barriadas de los trabajadores que se dedican a recolectar verdura y fruta empiezan a sufrir asaltos por parte de un grupo xenófobo denominado El Klan, y se suceden las desapariciones misteriosas.

La novela amplía y enriquece la representación de los inmigrantes que viven como jornaleros. Las redes de ayuda, los retos cotidianos y la violencia que padecen se plasman aquí a través de personajes de distintos orígenes y circunstancias, lejos de la uniformidad y el contorno difuso con que suelen ser incluidos en los medios de comunicación, a menudo enmarcados en una «otredad» indiferenciada, masa simbólica, y no como individuos con historia propia. Lucía Mbomío es una veterana periodista y su capacidad de dar luz a historias conmovedoras queda demostrada en numerosas páginas de esta obra. No obstante, da la sensación de que esa fuerza para el reportaje en ocasiones dificulta la verosimilitud expresiva de los personajes ficticios. La técnica de diálogo a veces abusa de subordinadas, información general y analítica más propia de un ensayo que de un personaje de habla natural y supuestamente espontánea. Igualmente, a veces la información acerca de episodios anteriores al tiempo de la trama se ofrece demasiado bruscamente, sin signos previos que darían mayor cuerpo al conjunto. El libro se aventura en un desenlace mágico con aire de fábula no exento de dolorosa ironía; pero tendría mayor contundencia si ese tono hubiese arraigado antes, en una extensa novela que se muestra como realista en las primeras doscientas páginas. Lo que Tierra de la luz asegura, en todo caso, es una profunda comprensión de la complejidad de las vidas que recolectan cada mañana las fresas, calabacines y tomates vendidos luego en toda España.

Flores de papel, de Ebbaba Hameida (Península, 2025)

Ebbaba Hameida entrelaza la historia de tres mujeres saharauis pertenecientes a la misma familia: Leila vive la transición de una infancia nómada hasta el asentamiento en la ciudad de Villa Cisneros, también conocida como Dajla, y posteriormente el exilio tras el abandono de España y la invasión de Marruecos; su hija Naima, enfermera y miembro de la resistencia saharaui, construye una vida en el campo de refugiados de Tinduf; la joven Aisha, nieta de la primera e hija de la segunda, estudia en Europa, acogida por una familia, en busca de una identidad propia entre el legado familiar y las nuevas circunstancias que la rodean. La narración de la historia de Aisha está en segunda persona, diferencia que insinúa la autoficción que mueve a Hameida tras este personaje. Esa decisión narrativa trae un contraste eficaz para plasmar la división interna que siente Aisha y que se traduce en una crisis entre una familia europea que la agasaja pero no escucha su duelo, el racismo que padece entre supuestos compañeros cercanos, y la familia de origen, que le exige estar a la altura de sus obligaciones. El libro resulta evocador en el tránsito de espacios, ambientes, idiomas; entre los mil matices que esconde el desierto para sus habitantes. Hameida ha permitido que la emoción hacia su historia familiar alcance hondura en los detalles cotidianos como las tareas domésticas, los gestos de resistencia -la cinta de cassette con canciones de Nino Bravo que esconde mensajes de familiares represaliados- y la voluntad de una esperanza política. En ocasiones algunos personajes incurren en una retórica discursiva algo inverosímil para la lectora. Pero la acción y sobre todo el tratamiento del tiempo, la acumulación de experiencia, los giros y cambios de perspectiva para los personajes logran constituir un universo estético eficaz.

Persecución genocida, convivencia desde la blanquitud, vida como jornalera en los invernaderos del sur, genealogía de la resistencia saharaui: los cuatro libros que aquí revisamos han querido que la ficción narrativa ilumine zonas silenciadas. La novela es el género que puede hilar entre gestos diminutos, tiempos, representaciones y conexiones con el presente. Esperemos que la ficción española siga esta senda para un conocimiento más amplio del racismo histórico y actual.