Marta Carnicero Hernanz
Matrioskas
Acantilado
192 páginas
POR MEY ZAMORA

Marta Carnicero Hernanz (Barcelona, 1974) es además de una sólida escritora, ingeniera industrial y profesora. Y esa formación se plasma en la elaboración de su último trabajo, Matrioskas, escrita originariamente en catalán, publicada el pasado año y ahora traducida por ella misma al castellano. La ingeniería se percibe en la firme construcción del andamiaje de este volumen que va alzándose página a página de forma consistente y sin titubeos. Revelan los inicios el empeño de ir despacio, sin prisas, para colocar los elementos y asentar bien los cimientos. Ello exige que el lector sea paciente y que se deje impregnar progresivamente por las alusiones y referencias, que enmarcan las dos historias que confluyen en esta obra.

La tercera novela de Carnicero –tras El cielo según Google y Coníferas- contiene, como las famosas muñecas rusas a las que alude el título, muchas capas pero un tono único, una forma de exponer directa y veraz. Hana es una superviviente de la guerra de los Balcanes, que ya ha cumplido los cuarenta y que ahora vive lejos de su país. La reclusión durante el conflicto bélico en un campo de refugiados marcará el rumbo de su existencia. Allí fue violada (¡50.000 mujeres lo fueron durante la guerra de Bosnia!) y presenció el horror y atrocidades inclasificables. El peso de la tragedia lastra su presente, centrado en un trabajo rutinario en la cocina de un restaurante, sin modo alguno de alcanzar el descanso («¿Cómo se cierra una herida cuando no deja hendidura»).

Conocemos en los primeros compases de la novela lo ocurrido, el relato desgarrador de aquella guerra en el corazón de Europa, que no ha cesado de sonar ni de replicarse en otros territorios. Carnicero evoca con recursos medidos y escogidos un escenario y una violencia desenfrenada cuyas principales víctimas son siempre las mujeres, sin importar su edad. El texto reivindica la memoria frente al olvido, recordar cada uno de los cadáveres sepultados donde el vencedor erige al final un monumento («Ganar la guerra era esto, negar con una sonrisa la barbarie»).

Por otro lado, en Barcelona está Sara, una joven que acaba de cumplir dieciocho años, y que se encuentra sumergida en las turbulencias propias de la adolescencia a la que se suman cuestionamientos familiares. La relación de sus padres se resquebraja y la interacción con la madre se hace cada vez más complicada. La voz en primera persona –frente a de Hana en segunda- parece sacada directamente de la realidad, fresca, llena de expresiones generacionales, sin filtros y cargada de ironía. La joven busca entender, conocerse, y situarse en el mapa. Las amistades juegan un papel clave y funcionan como vía de escape cuando la atmósfera doméstica se le hace irrespirable y los secretos ya no pueden ocultarse.

Las dos tramas se irán acercando de forma progresiva. La autora sabrá poner el punto final en el momento adecuado. Qué fácil habría sido deslizarse por el tópico y completar el puzle de forma previsible. La obra de Carnicero es un relato de ficción «pero el sufrimiento que la inspira es bien real», como apunta ella misma en las líneas finales del capítulo de agradecimientos. Estamos ante una novela impactante que pone en primer plano la violencia ejercida contra las mujeres en escenarios bélicos; una novela que habla de que un mismo hecho cambia según las circunstancias; de preguntas y respuestas, una novela tan bien construida –como los caracteres de los personajes- que rezuma vida.

La escritora va incorporando con sutileza nuevos ingredientes a la narración –el documental de televisión, la visita de la madre y el diagnóstico médico- que hacen que el interés no decaiga. Son recursos que incrementan la tensión de lo planteado. Las dos mujeres, en distintos lugares y diferentes edades, buscan expresar lo que tantas veces se queda en un grito –es un vocablo que se repite- ahogado. Mujeres que mantienen relaciones complejas y de doble filo con sus progenitoras –el título también recoge esa línea-, pero que buscarán caminos de reparación.

Matrioskas es una excelente novela que desempolva las losas de las víctimas, que las honra, que amplifica el grito. Una novela difícil de olvidar, como debe ser.