Mercedes Halfon
Vida de Horacio
Entropía
224 páginas
Mercedes Halfon
Vida de Horacio
Las afueras
224 páginas
POR JUAN DOMINGO AGUILAR

La memoria como una grabadora, la memoria como una máquina de ficción. En esta frase podría sintetizarse la apuesta de Mercedes Halfon en su último libro, Vida de Horacio, publicado por La editorial Entropía en Argentina y Las afueras en España. La autora de El trabajo de los ojos (2017) y Diario pinchado (2020), reafirma en esta nueva obra esa apuesta tan personal que viene manteniendo hasta el momento: una escritura fragmentaria, contenida e híbrida, casi líquida, que se escurre, como nuestros recuerdos, por las páginas y se desborda.

La autora intenta grabar la memoria de un padre, de una época, de una familia, el libro entero funciona como una canción o más bien una recopilación familiar de canciones en casete, de esas caseras que nuestros padres –y cuando digo esto estoy visualizando perfectamente a Horacio haciéndolo ahora mismo– grababan para los viajes en coche a la playa durante las vacaciones. Una recopilación que se mezcla con las grabaciones de la voz del padre hablando de la década más difícil de su vida y que parecen sonar como un eco, cada vez que ella sube al metro o al autobús, una voz de fondo que la acompaña a cada paso, igual que la historia política de su país, como si resonara por los megáfonos.

Sin tener una relación realmente «conflictiva» con el padre, hecho que suele mover las novelas que se enmarcan en los temas parternofiliales, la autora nos demuestra cómo en cada uno de nosotros, hay profundas huellas de quienes nos precedieron, marcas de identidad asociadas a momentos vividos con la familia, que pueden servir de motor para una apuesta literaria contundente y honesta. Y es que, si este libro habla de algo, es de todas las vidas posibles de un padre y de una madre, que son muchas. El libro gana en potencia y ritmo cuando aparecen imágenes como la del padre pegando, casi de manera clandestina, afiches de partidos políticos pintados por detrás con anuncios de Escuelas públicas, o con la imagen de la madre metiéndose en la boca y tragándose una foto de Eva Perón que lleva en el monedero antes de llegar a un control militar. Un aspecto fundamental del libro sería ese cuadro familiar que la autora dibuja con la aparición de los hermanos y la hermana, creando un paisaje de lo cotidiano, pero que, como todo lo cotidiano, también está atravesado por la época, la política y la historia.

Otro aspecto relevante y presente a lo largo de toda la narración es la militancia política del padre, que evoluciona de socialista a peronista, englobado en una agrupación docente, y entendida de una manera alejada de las etiquetas, como algo más intelectual, incidiendo sobre todo en lo que se refiere a la reivindicación de la cultura y una educación accesible para todo el pueblo. La autora consigue acercarnos a la complejidad de los distintos matices de las militancias de la izquierda en Argentina, que a menudo son difíciles de entender desde fuera o se reducen de manera simplista a la hora de analizarse, a pesar de lo ricas, variadas y apasionantes que son.

Para los que se cuestionan ante qué tipo de escritura nos encontramos en este libro y si hay un exceso en el panorama actual de esas apuestas que algunos llaman autoficcionales, diré que nos encontramos ante una obra sencilla, solo en apariencia, contenida, sin pretensiones. Para los que sigan con dudas usaré esta cita de Vila-Matas: «¿No se dan cuenta de que cualquier versión narrativa de una historia real es siempre una forma de ficción? Desde el momento en que se ordena el mundo con palabras, se modifica la naturaleza del mundo». Eso es justo lo que hace Mercedes Halfon en este libro, ¿es verdad todo lo que nos cuenta la autora tal y como afirma el padre al final? No nos importa. Lo que sí nos importa es que su escritura es verdadera.

Nos sigue sorprendiendo la obra de Halfon por su ritmo tan personal, por su búsqueda y la naturalidad con la que propone temas que verdaderamente le interesan. De manera completamente honesta. La autora ha conseguido ir ocupando, de manera suave y sin extravagancias, un espacio destacado. Vida de Horacio viene a reforzar este lugar. Hay una cita de Barthes en forma de augurio que la autora usa casi al final del libro: «Se fracasa siempre en hablar de lo que se ama». Desde luego, podemos afirmar que, en este libro, Mercedes Halfon no fracasa. No lo hace.