Alfonso Alegre Heitzmann
Hueso en astilla
Tusquets
185 páginas
POR MARTÍN RODRÍGUEZ-GAON

Sobre las aguas la superficie
de las palabras, ondas.
A.A.H.

Alfonso Alegre Heitzmann (Barcelona, 1955) es un destacado representante del tardomodernismo en España, con una larga carrera dedicada a la investigación filológica y con conexiones con las artes plásticas, como en los casos de las obras de Tapies y Brossa. Su propuesta se afilia en concreto con el abismo metafísico, esa tradición esencialista que va desde el arte puro de Ortega y Gasset a Juan Ramón Jiménez, Valente y Gamoneda. Una escritura que tiende a la epifanía y la indeterminación o, lo que viene a ser lo mismo, que anhela cierta trascendencia que en el mundo hispánico proviene inevitablemente del catolicismo a través de la poesía mística del siglo XVI.

Esta versión de la modernidad poética (que, con una antología como Las ínsulas extrañas de 2002, firmada por Valente, Blanca Varela, Sánchez Robayna y Eduardo Milán, pretendió ser hegemónica en su pugna originaria contra la poesía realista y comprometida de los cincuenta y luego frente al populismo mediático y sentimental de la poesía de la experiencia), viene siendo complementada y enriquecida por poéticas marginales de todo el estado español que exploran el legado de las vanguardias desde el fin de siglo. Un proceso que recientemente ha eclosionado con la consolidación de la vertiente culta de la poesía de los nativos digitales. En dicha trayectoria, sean reconocidos explícitamente o no, casos como el de Alegre Heitzmann resultan decisivos y ejemplares, tanto en su labor como poeta e investigador -con su recuperación de la obra última y más ambiciosa de Juan Ramón Jiménez- como en sus esfuerzos como gestor a través de la influyente revista Rosa Cúbica (1987).

Ya desde su propia propuesta de escritura, la poética de Alegre Heitzmann se destaca por su eclecticismo, buscando siempre establecer un recorrido desde lo sensorial hacia lo abstracto. Una predilección que lo conduce tanto a reconocerse desde el presente como a abrirse a otras influencias, como en el caso del orientalismo. Desde esta perspectiva, su interés coincide con el de otros poetas como José Corredor Matheos y Antonio Colinas.

En Hueso en astilla, su más reciente poemario, Alfonso Alegre Heitzmann prosigue su pesquisa por una vibración y una entonación personales, desde la vida vivida, como hiciera previamente en Sombra y Materia (1995), La luz en la ventana (2001), La flor en lo oscuro (2003), y El camino del alba (2017). Las cinco secciones del libro establecen una sólida miscelánea, un catálogo o inventario en el que, pese a los distintos estímulos, el objetivo se resume en una ligera alteración de la percepción cotidiana, cierta inclinación al insight. En este sentido, lo personal y lo cultural (mitologías, religiones y artes plásticas) se complementan de forma armónica, sin pretender que un tipo de experiencia se imponga a otra.

Tal aproximación se confirma de igual modo tanto desde la variedad de las citas que apuntalan la compilación (Aldana, Basho, Tarkovski, Ungaretti, entre otros) como en la ductilidad de las formas transitadas, que van del apunte impresionista y el aforismo al poema en prosa, desde el haiku hasta el soneto. Dada la intención poliédrica del conjunto, destacamos algunos conceptos que sintetizan cada una de las secciones: «El día blanco» (la conciencia de lo efímero, pero también la del amor), Labdácidas (la aceptación del artista como perteneciente a una estirpe condenada a exterminarse a sí misma), «Décima luz» (la musicalidad del arte menor como instrumento para la claridad de la transfiguración artística), «Tinta y pinceles» (el desplazamiento a través de un lenguaje más oriental, inspirado en el haiku y la caligrafía) y, finalmente, «Semillas en lo oscuro» (el cuerpo a través del registro de la naturaleza, como en el movimiento y los viajes). En ocasiones, todos estos elementos son sutilmente articulados, como sucede en la brevedad de un poema como «Las piedras»:

Las piedras indican un camino,
una guía olvidada;
cada una de ellas irradia una orbita
que por el día calla y por la noche brilla.
Este es el reguero de piedrecillas del cuento,
síguelo y te conducirá a casa.

Más allá de sus elecciones discursivas o afinidades estéticas, la poesía de Alfonso Alegre Heitzmann nos recuerda que arraigarse en el instante es un requisito que subyace a cualquier testimonio de vitalidad y sabiduría.