
Joan S. Luna / José de Montfort. VV.AA.
C. Tangana. del rap crudo a la alfombra roja
Libros del Kultrum
216 páginas
Para el artista -ya sea literato, plástico o músico- existen dos maneras de relacionarse con el cambio. La primera de ellas sería la del artista que va mudando pieles, quitando capas, generando así un desecho en sus etapas anteriores al que no suele volver para reconciliarse con ello. La segunda manera es la de ir construyendo un poliedro en el que cada una de las etapas anteriores se fija a una forma sólida y constituye una de sus caras. Este poliedro puede orbitar, girar, y mostrar cada una de sus caras en muy distintos momentos. Por ello, Agorazein, colectivo de rap al que perteneció -o sigue perteneciendo- C. Tangana antes de embarcarse en el proyecto El Madrileño, agotó las entradas para sus conciertos a finales de este 2026 apenas unos minutos después de salir a la venta. El poliedro gira y comprobamos que una de sus caras sigue vigente.
Este fenómeno necesitaba de una publicación también sólida que ya se hacía esperar y que nos llega ahora de la mano de Libros del Kultrum, último proyecto editorial que ocupa a Julián Viñuales tras Global Rhythm y una temporada en la defenestrada Malpaso.
Presentado en forma de retrato coral, en una edición a cargo de Joan S. Luna y José de Montfort, que con sus textos articulan el libro, se recogen, además, estudios de Ruby Fernández, Adriano Mazzeo, Luis M. Maínez, Yeray S. Iborra y las viñetas de Pere Ortín, que aporta un ensayo visual de connotaciones fanzineras. Todos ellos autores en el entorno de la prensa musical que diseccionan la arqueología y el presente del personaje. En esta disección en grupo es interesante cómo, en algunos casos, el tema se solapa entre los distintos autores dando una curiosa perspectiva que no deja de estar atada a la subjetividad de cada uno de ellos. Pues Crema, Pucho, El Madrileño, Antón Álvarez o C. Tangana es un divo cuántico capaz de seducir a un público contrapuesto, de llegar a sensibilidades dispares y de habitar en varios ecosistemas culturales a un mismo tiempo. De todo ello nos hablan estos estudios, una cronología de su trayectoria, que van desde el análisis de sus orígenes en el rap de parque y chusta, pasando por el impacto social en su relación con el marketing y el sector de la moda de lujo, hasta llegar a generar uno de los discos más relevantes de las últimas décadas: El Madrileño, aparecido en plena postpandemia y que ya tiene su lugar icónico dentro de nuestra reciente cultura popular.
También se aborda en los textos su última faceta, la del cineasta y miembro de la productora Little Spain, con la que este artista total, dotado de una intuición y un gusto exquisitos, recogía el premio a la mejor película documental durante la pasada edición de los Goya.
De todo este periplo, de sus referencias y conexiones, se nos documenta ampliamente no sin una cierta dosis de fascinación y ensalzamiento que en ocasiones parece excesiva. Quizás, para otorgar más crédito al retrato, hubiera sido interesante aportar algún punto de objetividad crítica que en ocasiones se echa en falta. A saber, las intenciones de un adolescente con las espaldas bien cubiertas -madre funcionaria, padre periodista y casa en Pozuelo de Alarcón- que empezó a pavonearse en el rap con un discurso lumpen recordando al Thoreau que ideaba su filosofía campestre desde una cabaña situada a quince minutos de su gran hogar familiar. También en la reiteración del broche académico, Licenciatura en Filosofía, del retratado escasea una parte interesante: la de aportar datos sobre el cómo conciliar ese resultado con una carrera musical de tal magnitud. Otra imagen que sería necesaria enfocar con tino es la del gran astro de los negocios que, sin embargo, consumido por su miedo escénico, decide ser acompañado por treinta músicos en el escenario para descentrar el foco de atención sobre su figura lo máximo posible, de esta maniobra se derivan unos escasos beneficios en la que, hasta ahora, era la gira de su vida.
Algo de estos desencuentros sería necesarios para dotar de objetividad al retrato de un artista de la talla de C. Tangana. El cual no se vería menoscabado por tales apreciaciones, sino más bien reforzado en su lugar de sombra. Porque, como en aquel controvertido Fama y Soledad de Picasso escrito por John Berger en 1965, no tengamos duda de que también aquí la oscuridad aportaría luz al retrato de un genio.