Todos los pueblos tienen una plaza de 150 varas en cuadro, o más: toda rodeada   por los tres lados de las casas más aseadas, y con soportales más anchos que las       otras: y en el cuarto lado está la Iglesia con el cementerio a un lado y la casa de       los Padres al otro. Además de esto, hay en cada pueblo casa de recogidas, cuyos maridos están por mucho tiempo ausentes, o que se huyeron y no se sabe de ellos: y con ellas están las viudas, especialmente si son mozas y no tienen padre o madre, o pariente de confianza que pueda cuidar de ellas, y se sustentan de los bienes comunes del pueblo. Hay almacenes y graneros para los géneros del común, y algunas capillas. Estas son las fábricas del pueblo.

La Iglesia no es más que una: pero tan capaz como las Catedrales de España. Son de tres naves: y la del pueblo de la Concepción, de cinco. Tienen de largo     setenta, ochenta y aún más varas: de ancho, entre 26 y 30. Hay dos de piedra de    sillería: las demás, son los cimientos y parte de lo que a ellos sobresale, de piedra: lo restante, de adobes; y todo el techo que es de madera, estriba en pilares de madera. Primero se hace el techo y tejado, y después las paredes: de este modo: En la parte de las paredes y en la de las naves del medio, se hacen unos hoyos profundos de tres varas y de dos de diámetro. Estos se enlosan bien     con piedras fuertes. Córtanse para pilares unos árboles que allí hay más fuertes     que la encina y roble de Europa: y no se cortan del todo, sino que se sacan con       mucha parte de sus raíces. Tráense al pueblo con 20 o 30 juntas de bueyes por su mucha longitud y peso. Acomódase la parte de sus raíces para que pueda entrar al hoyo: y se chamuscan bien con fuego para que resistan bien a la humedad. Lo   que ha de sobresalir al hoyo, se labra redondo en columna con su pedestal, cornisas, etc., o en cuadro, o cilíndrico. Hácense los cimientos de grandes piedras, dejando en ellos los hoyos para pilares: y regularmente están de ocho en   ocho varas. Métense éstos en los hoyos y alrededor, hasta llenar el hoyo, se le echa cascajo de tela y ladrillos quebrados, después piedras, y al fin tierra,    apelmazándolo todo, y nivelando el pilar. Así se ponen los pilares de las paredes y de las naves del medio. Después se ponen los tirantes, soleras y tijeras, y el tejado. Hecho esto, se prosiguen las paredes desde el cimiento: y como dije, son de adobes, y de cuatro o cinco cuartas de ancho: y en medio de ellas quedan los pilares; aunque en algunas partes, en la caja de la pared, de manera que se ve la    mitad de ellos. De este modo carga toda la fábrica del tejado en los pilares y    nada en la pared. Del mismo modo se fabrican las casas de los Padres y las del pueblo. No se halló cal en aquellos países: y por eso se halló este modo de fabricar. Las dos magníficas iglesias que dije son de piedra de sillería hasta el tejado, y son las de San Miguel y la Trinidad, las hizo sin cal un hermano Coadjutor, grande arquitecto y ésas no tienen pilares, sino que están al modo de         Europa: y todo se blanquea muy bien»[i].

 

 

El también jesuita José Manuel Peramás, en su obra De Vita et Moribus Sex Sacerdotum Paraguaycorum[ii] (Faenza, Italia, 1791), divulgó esta planta por medio del grabado e incluyendo en ella leyendas en latín. Encabezada a la izquierda con el título Descriptio Oppidi Beatae Mariae Virginis a Candelaria apud Indos Guaranios, a la derecha detallaba con numeración romana las distintas dependencias y edificaciones del trazado. Posteriormente, esta estampa fue muy reproducida en los estudios relacionados con el urbanismo de las Misiones Jesuíticas de América Meridional.

Una fuente documental importante nos la ofrece Gonzalo de Doblas (1744-1809) en su Memoria histórica[iii]. Dirigida a Félix de Azara ‒Comandante de la Tercera Partida de la Demarcación de límites con Portugal por la provincia de Paraguay y Capitán de Fragata‒, describe pormenorizadamente el modo con el que se gobiernan estos treinta pueblos indios de la nación guaraní ‒comúnmente llamados Tapes‒, que a mediados del siglo XVIII contaban con sus respectivas misiones y cuya provincia estaba recorrida por dos grandes ríos ‒Paraná y Uruguay‒, acercándose entre sí desde Corpus a Candelaria el Paraná y desde San Xavier hasta cerca de Apóstoles el Uruguay. Relata también que cerca de los pueblos de La Candelaria y Santa Ana hay «minas de exquisito cobre», además de minas de cristal de roca y canteras de piedra para edificios, «muy dóciles de labrar». Incluye en esta Memoria un plano de La Candelaria en las que «sus casas son de teja». Era de suponer ‒según relata De Doblas‒ que cada año se celebrara en La Candelaria, por ser la capital de las misiones, una junta general a la que acudían el gobernador, los tenientes, los corregidores y administradores de todos los pueblos, algo que en la práctica no se llegaba a realizar, más aún tras la expulsión de la Orden de la Compañía de Jesús en las que todas estas reducciones cayeron en absoluta decadencia.

Gonzalo de Doblas había llegado a América en 1768. El virrey Vertiz le nombró en 1781 Teniente de Gobernación del Departamento de Concepción y bajo su mando dirigió una zona que se componía de ocho pueblos, en el que se incluía Nuestra Señora de la Candelaria ‒al que se refiere su Memoria‒ y del que entonces se había separado por pertenecer al Obispado de Paraguay. Asimismo, recordemos que en la Biblioteca AECID se conserva ‒está expuesto en la sala de préstamo‒ un gran Mapa Histórico de las Misiones Jesuíticas en el Paraguay, fechado en 1766 y realizado por la Comitiva de Demarcadores Reales, pintado a mano con tinta china y a color sobre papel verjurado[iv]. Pues bien, y aunque desconocemos la procedencia en ambos casos, lo cierto es que están íntimamente relacionados, son de la misma época y La Candelaria aparece señalada con un círculo en el margen izquierdo central, que por entonces ‒según dicho mapa‒ pertenecía a la «Governación de Tucumán». Como en el caso del Mapa histórico, se desconoce la procedencia de este Plano de La Candelaria en la Biblioteca AECID, pero es casi seguro de que proviene de la época del Instituto de Cultura Hispánica. Los estudios sobre los distintos aspectos ‒social, político, económico, urbanístico y artístico‒ de estas misiones han sido numerosos, motivo por el que en este trabajo nos limitamos únicamente a comentar, con breves pinceladas, la importancia de las mismas en el continente americano. Sobre todo, el objeto de este breve artículo ha sido el de dar a conocer un «tesoro» más de los que contiene la Biblioteca Hispánica, tesoro que a buen seguro no será el último por descubrir.

NOTAS
1 Por el año 1586 los jesuitas llegaron a América, instalándose primero en el Río de la Plata y luego en el Paraguay, donde se hallaba reunida la mayor concentración de guaraníes.
2 José Cardiel y su Carta. Ed. de Guillermo Furlong. Buenos Aires, 1973, p. 154. José Cardiel (1704-1782) expresa muy bien el origen de la palabra reducciones en el título de una de sus obras: «Métodos para reducir a vida racional y cristiana a los indios infieles que viven vagabundos sin pueblos ni sementeras». Reducirlos era concentrar a los nómadas en poblados, a los que se llamaba reducciones, para controlarlos y catequizarlos.
3 La salida tuvo lugar el 25 de junio de 1767, amotinándose el pueblo en varias ciudades contra las autoridades para impedir la expulsión; tuvo consecuencias irreparables en el orden cultural, docente y también espiritual.
4 José Cardiel: «La Breve relación de las Misiones del Paraguay». En Hernández, Pablo. Organización social de las
doctrinas guaraníes. Tomo II, pp. 514 614. Barcelona, 1913.
5 Vida y Obra de Seis Humanistas. Trad. de Antonio Ballus y pról. de Guillermo Furlong, Buenos Aires, 1946.
6 De Doblas, Gonzalo: Memoria Histórica, Geográfica, Política y Económica sobre la Provincia de Misiones de Indios Guaranís. Buenos Aires, 1836 (1ª ed.).

7 Blanco Conde, María: «Mapa Histórico de las Misiones Jesuíticas en el Paraguay». En Cuadernos Hispanoamericanos, nº 678, diciembre de 2006, pp. 75-83.

BIBLIOGRAFÍA
· Alcalá, Luisa Elena. Fundaciones Jesuíticas en Iberoamérica. Madrid, El Viso, 2002, pp. 60-62.
· De Doblas, Gonzalo. Memoria Histórica, Geográfica, Política y Económica sobre la Provincia de Misiones de Indios Guaranís. Buenos Aires, 1836 (1ª ed).
· Furlong, Guillermo. Misiones y sus pueblos de Guaraníes (1610-1813). Buenos Aires, 1962.
· Gutiérrez, Ramón. Arquitectura y Urbanismo en Hispanoamérica. Madrid, 1983.
· Hernández, Pablo. Misiones del Paraguay. Organización social de las doctrinas guaraníes de la Compañía de Jesús (2 vols). Barcelona, Gustavo Gili, 1XXX.
· Peramás, José Manuel. La República de Platón y los Guaraníes. Buenos Aires, EMECE, 1946.
· Rodríguez de Ceballos, Alfonso: «El urbanismo de las misiones jesuíticas de América Meridional: Génesis, tipología y significado». En Relaciones Artísticas entre España y América. Madrid, CSIC, 1990, pp. 151-171.
· Palm, Walter. El plano de las misiones en territorio Guaraní en el siglo XVIII. Asunción, Estudios Paraguayos II, nº 2, 1974.