Andrés Cota Hiriart
Fieras familiares
Libros del Asteroide
291 páginas
POR RAQUEL GARZÓN

Fue el desajuste, se exculpa con humor el zoólogo y escritor Andrés Cota Hiriart. Haber deseado nacer en otra época, con territorios inexplorados y especies silvestres por descubrir y no en la megalópolis que le tocó en suerte: Ciudad de México durante los años 80 del siglo pasado. Ese desfasaje («no haber sido… un cuidador de gorilas, pastor de jirafas o criador de lemures. Un pionero de algún tipo…») lo habría llevado a darle rienda suelta a la temprana «adicción» por los reptiles que narra en Fieras familiares.

El ensayo, proyecto finalista del I Premio de No Ficción Libros del Asteroide, es a la vez, la desopilante memoria de formación del naturalista cachorro y el documentado alegato del estudioso en favor de la biodiversidad, violentada por los desmanes del Homo Sapiens, que a esta altura del Antropoceno, diagnostica, lleva las manos atadas al teléfono móvil mientras cae a un precipicio de devastación ecológica. Un extremo que Cota subraya con datos alarmantes como la veloz desaparición de los insectos o que el 70% de todas las aves del planeta sean los pollos que criamos para comer.

Hijo único de padres científicos, lector de los aventureros Gerald Durrell y Redmond O’Hanlon, con una madre alérgica a perros y gatos, su sed de jungla y afán de coleccionista eran casi una ruta obligada, afirma el autor (argumento que debió perfeccionar ante sucesivas y riesgosas fugas domésticas de sus especímenes). En el proceso de estirar límites, propio del crecimiento, un trueque llevó a otro y el naturalista en ciernes terminó compartiendo la habitación, por caso, con Perro, una boa constrictor de más de 30 kg de peso y 4 metros de largo.

El «museo viviente» que propone Fieras familiares se organiza en dos partes, «Cautiverio» y «Libertad», articuladas por un intermedio a la altura de la originalidad del libro: una guía práctica para sobrevivir al ataque de una anaconda en la selva, elaborada a partir del manual de supervivencia de los Cuerpos de Paz estadounidenses para sus voluntarios en el Amazonas (no se la pierda).

En la primera parte del libro, los animales que fueron llegando a la vida y (la casa) del aprendiz de biólogo son protagonistas, a cuál más misterioso, del bestiario que acompañó durante dos décadas su educación sentimental. Cada capítulo, precedido por las ilustraciones de Ana J. Bellido, se abre con una ficha que permite entender las claves de la especie.

Así desfilan las historias con el axolotl o ajolote, anfibio que Cortázar ya había hecho famoso en un cuento; la Güera, una pitón que, descuido mediante, casi le cuesta el brazo izquierdo al narrador (el relato desesperado de esos minutos es uno de los momentos altos del libro); dos escorpiones emperador (peculiar prenda de amor fosforescente que recibió a los 19 años); camaleones de cuatro cuernos (capaces de hechizar al punto de instigarlo al contrabando de especies exóticas) y Lupe, cocodrilo de río rescatado por las autoridades, del que debió hacerse cargo cuando ya tenía 40 animales en casa, en su calidad de director de una unidad de conservación de la vida silvestre, fundada para criar especies en cautiverio, comerciarlas y evitar de ese modo la predación.

La resonancia friki que tienen estas experiencias para el común de los mortales se asume siempre con gracia y agudeza. Humor e inteligencia se potencian en este libro del autor de Faunologías (2015) pero también en Masaje Cerebral, el podcast sobre ciencia que conduce junto a Claudio H. Martínez, un espacio cuyos contenidos Cota define como «el tipo de pláticas que no quieres tener en la fila de un baño si quieres ligar».

Quizá por nostalgia de la naturaleza, vedada en la pandemia de covid durante la cual fue escrito, Fieras familiares es también un libro de viajes, rico en paisajes sorprendentes e inusuales que desgrana las impresiones del científico, maduradas por la investigación posterior. «Libertad», esa segunda parte, narra viajes a diversas islas y el contacto de Cota con la fauna originaria en Galápagos (Ecuador), Borneo (Malasia), Komodo y Sulawesi (Indonesia) y Guadalupe (México).

Empacado con las mejores armas, arte y oficio de la narrativa, Fieras familiares denuncia la omnipresencia del greenwashing: las campañas publicitarias de empresas y Estados que ponen en primer plano el «como si» estuvieran haciendo algo en favor del medioambiente, mientras lo dañan sin pausa. En los agradecimientos Cota incluye a quienes dedican su trabajo a salvar lo que queda de la vida silvestre. «Es un nado a contracorriente», arenga, «pero vale la pena».