Tomás Sánchez Bellocchio
Los oscurecimientos
Alianza
312 páginas
POR SERGIO GALARZA

Tomás Sánchez Bellocchio es un autor argentino que reside en Barcelona. Su primer libro, la colección de relatos Familias de cereal (Candaya, 2015), tuvo una acogida excelente en los suplementos culturales y entre los lectores que apreciaron su capacidad para enfrentarlos con realidades incómodas. La novela Los oscurecimientos es su siguiente libro después de una década sin noticias de su escritura.

La novela se sitúa en la Patagonia argentina, un territorio mítico por su paisaje de estepas, glaciares y una cordillera imponente que era el hogar de los tehuelches, los indígenas originarios de dicha región. Allí sucede la vida de un grupo de adolescentes liderados por Quito, un chico huérfano de madre e hijo de Carlos Ecuador, un capitán del ejército que ahoga sus demonios en el alcohol. Como fondo de los ritos de iniciación tenemos el Mundial de fútbol de 1978 con sede en Argentina y el fantasma de una guerra con Chile, país fronterizo con Punta Frías, el pueblo desde donde el mundo parece un lugar desolador para la pandilla. A una etapa decisiva se le pretende otorgar un marco histórico. No es una apuesta novedosa y por ello requiere de gran pericia y elementos atractivos en la forma narrativa.

En este caso el autor ha elegido un camino convencional para contar y una representación austera de los escenarios. El narrador recuerda aquellos días de amistad con una nostalgia contenida, quiere descifrar el pasado, sin negar la envidia que en ese entonces le provocaba Quito: «Quizás lo que yo sentía eran celos. Ahora pienso que no, que era otra cosa. Quito era mi amigo, pero yo empezaba a intuir que ciertas cualidades, como el coraje o la lealtad, no provenían de adentro, eran en realidad comparativas y solamente se proyectaban en el duelo de fuerzas». La historia es lineal, una acumulación de experiencias que van engrandeciendo la figura del protagonista, mientras los secundarios, salvo Elena (que desaparece de pronto) no llegan a ocupar un papel más importante que el mero acompañamiento (quizás sí las Rojas Ávalos). No hay una asignación de roles, como suele ocurrir en las historias de pandillas adolescentes, lo cual reduce las posibilidades de confrontar a Quito con otros sujetos que no sean su padre, quien lo apaliza sin piedad.

Si la crítica y los comentaristas resaltaron la prosa de Sánchez Bellocchio en su primer libro, aquí sólo es posible apuntar la facilidad de lectura que permiten las frases bien hilvanadas y los párrafos con una extensión justa. La elección del vocabulario es más correcta que precisa, y acaso roza la elegancia en sus mejores páginas, pero no alcanza para consolidarse como el prosista que se anunciaba. Las reflexiones tampoco abundan: «En la amistad entre varones adolescentes, a falta de arrepentimiento, uno se salta la redención y se reconcilia a base de olvidos. Es una desmemoria voluntaria y estratégica en la que parecieran no acumularse las traiciones, y acaba siendo empezar de cero cada vez». Ganan los hechos sobre las ideas. En las afueras del pueblo aparece un tanque abandonado y se empiezan a tejer teorías distintas sobre su presencia y origen. La pandilla lo ocupa cuando puede para recrear su propia guerra. El tanque es el símbolo de la violencia que está presente en su forma de relacionarse y en sus propias biografías, sobre todo en la de Quito, algo que pareciera estar en la periferia y sin embargo forma parte de ellos mismos.

Los oscurecimientos es una de esas novelas que podría haber apelado mal a la nostalgia para saldar cuentas con el pasado y poner orden en la memoria de un país desde un lugar mítico, o haberse valido de la geografía venerada de la Patagonia para componer una galería de personajes desterrados del bienestar social. En vez de su convencionalidad lo fragmentario habría sido una opción. Pero son elecciones del autor y lo que se valora esta vez son un protagonista construido desde casi todos los ángulos posibles, la lectura sin tropiezos y algunos datos históricos que no son de uso común y que suman a la ficción, pese a que no la elevan por encima del promedio de novedades. Y ese es el problema: los elementos que la habrían diferenciado de obras similares no lo consiguen.