El tiempo, pues, es una losa implacable para Leopardi, y no hay más existencia que la vivida en soledad, lo que se explicita en títulos como «La vida solitaria», «El gorrión solitario» e, incluso, «La noche del día de fiesta», donde el protagonista de los «días horribles de la joven edad» contempla el silencio que sigue a la diversión ajena, mientras él continúa solo, estremecido y triste, hasta el hoy y desde la infancia. En estos poemas citados, se halla el clímax emocional de Leopardi y verdaderamente sus rasgos estéticos son distintos de los textos escritos en otras etapas. De este modo lo ve Colinas, quien, por otra parte, ofreció una antología de más de un centenar y medio de fragmentos del Zibaldone con un título inspirado en el nombre que Leopardi usó en forma de índice para un proyecto, Tratado de las pasiones. De tal manera que el poeta leonés, a la hora de analizar la evolución poética leopardiana, distingue con claridad tres periodos: un primero de corte neoclásico, influido por sus lecturas y traducciones grecolatinas —diez largos poemas de tono ampuloso, como «A Italia», en el que se pregunta por la gloria pasada del país—; un segundo que da inicio con «El infinito», en el que estarían los poemas aludidos al inicio del párrafo; y un tercero, a partir de 1832, caracterizado por «un mayor tono de reflexión, desgarro y gravedad», como en «La retama», escrito en la ladera del volcán Vesubio.

Dicha distinción será muy útil para el que quiera captar la vigencia artística de los Canti, pues, al tenerlos todos reunidos, asimismo se podrán valorar con detenimiento otras traducciones —caso de la selección de poemas que había ofrecido Eloy Sánchez Rosillo en 1998, con los que, a su juicio, constituyen los mejores veinte cantos; el resto (veintidós más), opinaba, «no son más que materia muerta, de esa que hace las delicias de eruditos y filólogos. Nada añadirían al Leopardi esencial»—. Al comparar los libros, vemos cómo ambas versiones se toman licencias distintas en busca de la fidelidad al heptasílabo y endecasílabo leopardianos, emplean léxicos y giros sintácticos diferentes, distribuyen los encabalgamientos y la puntuación de manera diversa, etcétera.

Entonces, ¿con cuál quedarse? «En efecto, existe la dificultad de la versión castellana de la poesía de Leopardi, quizás a causa de su lenguaje refinado y musical, hasta el punto de que Alcalá Galiano, primer traductor del poeta italiano, se resiste, como él confiesa, a publicar el texto», explica Gabriele Morelli en la introducción de la más reciente antología poética leopardiana, si bien esa traducción —la del poema «Canto notturno di un pastore errante dell’Asia», cuya forma y rima está «casi despejada de consonantes», como apunta en una nota previa el propio traductor— acabaría viendo la luz en una revista, en 1877, y luego en la Antología de poetas líricos italianos traducidos en verso castellano (1200-1889), a cargo del mallorquín Juan Luis Estelrich.

La lectura ideal, tal vez, sería una combinación de ambas, la literal —como la que practicó Carmen de Burgos en Giacomo Leopardi (su vida y sus obras), publicada 1911 en dos volúmenes, uno de poesía y otro de prosa, muy preocupada, por lo demás, por conocer el contexto del artista— y otra más libre, pero que demuestre una mayor sensibilidad lírica, como la prestigiosa versión de 1928 de Miguel Romero Martínez, que recibió palabras admirativas de Miguel de Unamuno (también traductor de Leopardi, en su vertiente bastante literal) y Jorge Guillén, entre otros; todo lo cual no deja de ser una señal de la grandeza del poeta antologado, que, interpretado de forma diversa —no en vano, Citati insiste en compararlo en varias ocasiones con Tolstói en lo artístico y con Rousseau en lo filosófico—, sigue siendo visto como un creador sublime, sigue estando plenamente vivo, adaptado a la posteridad, a nuestros tiempos. Ya lo dijo en 1855 Juan Valera, el gran reivindicador del poeta italiano en España, como recoge Morelli en el texto aludido, en que, por cierto, se acaba centrando en cómo los Cantos influyeron en Luis Cernuda: «Los versos de Leopardi no sólo son apasionados, amorosos y tristes, sino elegantísimos y perfectísimos de hermosura».

 

Me he ocupado del mismo autor en Experiencia y memoria. Ensayos sobre poesía (Sevilla, Renacimiento, 2006).[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

BIBLIOGRAFÍA
· Argullol, Rafael. Enciclopedia del crepúsculo. Acantilado, Barcelona, 2005.

· Calvino, Italo. Seis propuestas para el próximo milenio. Traducción de Aurora Bernández y César Palma, Siruela, Madrid, 2014 (11.ª ed.).

· Citati, Pietro. Leopardi. Traducción de Juan Díaz de Atauri, Acantilado, Barcelona, 2014.

· Leopardi, Giacomo. Antología poética. Traducción de Eloy Sánchez Rosillo, Pre-Textos, Valencia, 1998.

–. Obretes morals. Prólogo de Giorgio Colli y traducción de Rossend Arqués, Destino, 2001.

–. Cantos. Pensamientos. Traducción de Antonio Colinas, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2006.

–. Las pasiones. Traducción de Antonio Colinas, Siruela, Madrid, 2013.

–. Poesías. Introducción de Gabriele Morelli y traducción de Miguel Romero Martínez, Renacimiento, Sevilla, 2013.

–. Zibaldone. Naturaleza, razón, pasión, placer, filosofía práctica, artes y letras, belleza y amor. Traducción y selección de Elena Martínez, Madrid, Gadir, 2017.

–. Recuerdos del primer amor. Traducción de Juan Antonio Méndez, Acantilado, Barcelona, 2018.

· Pla, Josep. Diccionario Pla de literatura. Traducción de Jorge Rodríguez Hidalgo, Destino, Barcelona, 2001.

· Ungaretti, Giuseppe. Ensayos literarios. Traducción de Guillermo Fernández, Universidad Nacional Autónoma de México, México D. F., 2000.

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