PECADOS: LA VANAGLORIA
En el caso de Fernando, la mencionada ausencia de intimidad e introspección en los relatos autobiográficos se complementa con un señalado culto a sí mismo que mantuvo a raya, al parecer de sus conocidos, acotándolo a un álbum de uso doméstico, que exhibía a las visitas y que, posiblemente, le haya servido de consuelo para sostener los vaivenes y el declinar de la fama. En este que llamó, con una distanciada y poco común ironía, «Álbum de mi vanidad», guardó enorme cantidad de fotografías personales, familiares y sociales, en todo tipo de poses y situaciones, en las que, en cuanto de él pudo depender, supo equilibrar con aparente naturalidad la pose estudiada y la espontaneidad (véase Morera, 2017).

Pegó en las enormes páginas recortes de prensa con reseñas, noticias y entrevistas, toda referencia pública o importante a su nombre, cartas de notables, invitaciones a cenas y recepciones. Los diecisiete abultados tomos del álbum, que conservan registros desde los orígenes (la genealogía, el nacimiento, la promisoria juventud) hasta 2001, se encuentran en el Centro Cultural de España de Montevideo, que alberga su voluminoso y desconcertante legado —por lo variado, por lo inclasificable—, ofreciendo un precioso ángulo para interpretar el siglo xx español, cuando se cumplen cien años de su nacimiento.[viii] El álbum conserva, aun después de su muerte, el estatuto indiscernible entre lo público y lo privado, que es parte de su atractivo; impacta como selección impúdica y tendenciosa de instantáneas brillantes menudamente clasificadas por décadas, como colección premeditada que aspiró a preservar de manera documental la parte más frágil y efímera del individuo: la juventud, la belleza, la fuerza física, la conquista o la pose amorosa, los datos del reconocimiento social y los contactos, en épocas previas a la web. Es, precisamente, el soporte físico del álbum el que confiere el anacronismo y le otorga un espesor (un aura privada y única, un prestigio) del que carecen los resultados de una búsqueda en internet.

 

HABLAR, ESCRIBIR, PUBLICAR
Considerada en conjunto la obra, se confirmaría que Fernando concibió la escritura en, al menos, dos niveles. En uno de ellos, buscaría el resultado inmediato: dinero, celebridad, invitaciones, contactos que sostuvieran el buen vivir. Corresponde, además, a este nivel, el estilo ameno y aun divertido, la variedad y agilidad de temas y acontecimientos, en que despuntaba el gran conversador que fue, incapaz de renunciar a la atención de los otros, de no provocarla. Pero también conocía el alcance y las limitaciones de los gestos destinados al suceso inmediato, que podrían equipararse a las de las colecciones (de fotos, de anécdotas) que atesoran las familias, esas mencionadas «“gracias” que, en su mayoría, divierten tanto a los parientes como aburren a los extraños», y que, con mucha suerte, sobreviven a la memoria de una generación. Aunque el propósito más evidente del álbum fuera esa vanagloria pasajera frente a sus invitados, pudo ser el organizador de sus propios recuerdos privilegiados y, a pesar de la frivolidad que declara, sigue ofreciendo contenidos nuevos y sirviendo a la producción de conocimientos.[ix] Como curioso de la vida privada, el autor debió ser consciente de su posible valor.

Los títulos de sus libros dicen mucho. Subtituló la biografía de Cervantes La amarga vida de un triunfador, distinguiendo, precisamente, éxito de triunfo. Fue también consciente de que la mayoría de sus libros estaban sostenidos en esa inmediatez efímera, que procuró fortalecer, asimismo, desde otros puntales y dejar constancia de su conocimiento de la diferencia:

 

Quizá porque sea algo escéptico respecto a lo duradero de la fama, especialmente de la literaria. Imagino que mis nietos juzgarán de los libros del abuelo un poco como se mira ese retrato del señor con bigotes que está situado en el salón de la familia, y luego, poco a poco —si la firma no es famosa y cotizable—, va trasladándose cada vez a un lugar menos visible, porque resulta anticuado. Igualmente surgirán en los autores nuevas modas y modos de escribir, y aquel nombre famoso empezará a ser considerado con crítica primero y con burla después. Quizá sea ésta la razón de que algunos de mis libros sean asépticos y precisos; quizá los que sobrevivan a ese expurgo del cura y del barbero que da el tiempo sean los que menos éxito tienen hoy, es decir, los poco apasionantes como la colección La historia de España en sus documentos (1975, p. 29).

 

Aun así, luchó hasta el final por sostener la figura y la admiración mundana desde la amistad con escritores, periodistas, intelectuales del circuito puntaesteño, incluso cuando menguó el ingreso de dinero por libros y el dispendio de la buena vida, siempre un poco por encima de sus posibilidades, le comenzó a pasar factura. El librero Roberto Cataldo recuerda las refinadas recepciones y tertulias semanales en el piso que Díaz-Plaja habitó con su esposa uruguaya Haydeé Carro, en Punta del Este, balneario elegante en verano y residencia permanente de jubilados adinerados. Los últimos años Díaz-Plaja se apoyó en los vínculos con la Embajada de España en Uruguay y prolongó la actuación del personaje anotado en todos los eventos y en algunas crónicas sociales, en una versión modesta y periférica de los viejos tiempos, en que era invitado frecuente del Palacio Real. No dejó por eso de publicar libros, hasta que la avanzada vejez le jugó una mala pasada: pasados los noventa y dos años, una caída al salir de la piscina en que nadaba a diario le impidió la movilidad y, en los últimos días, debió ser acogido en el Hogar Español de Montevideo.

Los testimonios coinciden en su agradable trato social y sus dotes de conversador agudo y humorista, memorioso exacto, irónico sin ser cruel, y, posiblemente, ésas fueron las condiciones que podía pasar de la oralidad al libro de divulgación con fluidez y naturalidad. Se jactó de ser un buen titulador de libros, llamó a uno Arte y oficio de hablar (1996) y a otro Cómo escribir y publicar (1988), los que tienden otro arco posible para interpretar su carrera de escritor. Escribió mucho, vivió mucho (intenso y largo) y murió en un país que desconocía sus mejores épocas. Su menguado entierro en un cementerio de espectacular vista sobre el estuario del Plata fue el epígono de una época y el cierre paradójico de una pose exhibicionista que ya no dependía de él, sino, definitivamente, de los otros. Hubiera interesado la escena a Valle-Inclán tanto como a él mismo, emblema de un donjunanismo cortés ya en decadencia. Así comenta su final el diplomático Eduardo de Quesada, a la sazón cónsul de España en Montevideo:

Pocos españoles de mi generación —al menos los de nivel universitario— dejaron de leer las obras más relevantes de su copiosa producción. […] No tuve el privilegio de conocerlo personalmente. Al verlo por primera y última vez en la despojada y desolada soledad de su capilla ardiente, con tan sólo dos personas presentes en la contigua antesala velatoria —pocas más acompañaron el exiguo cortejo fúnebre en el panteón de La Española, cementerio del Buceo— no pude evitar caer en una melancólica reflexión sobre el final tan solitario que la fatalidad le reservó a un hombre que había gozado de éxito, fortuna y popularidad hasta un grado que pocos de sus colegas compatriotas y coetáneos lograron alcanzar (2012, p. 12).

 

Universidad de la República

Montevideo, Uruguay

 

[i] No disponemos aún de una bibliografía preparada con pretensiones de ser completa. En la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos se registran ciento cuarenta y cuatro libros de su autoría. Véase <https://catalog.loc.gov/vwebv/search?searchArg=fernando+d%C3%ADaz-plaja&searchCode=GKEY%5E*&searchType=0&recCount=25&sk=en_US>. Consultado el 11 de junio de 2018. La base de datos Dialnet registra nueve artículos de revista, una colaboración en obra colectiva y ciento veinticinco títulos de libros.

[ii] Hay pocas imágenes suyas disponibles en la web. Su época (la edad que ya tenía cuando apareció internet, la fecha de su muerte) no favoreció esa forma de la posteridad. A pesar de su acertada estrategia de apostar a la imagen visual para el reconocimiento del escritor en la sociedad contemporánea, no llegó a incorporar el cambio tecnológico.

[iii] Puede reconocerse en esta predilección de enfoque el magisterio de Deleito y Piñuela en la Universidad de Valencia.

[iv] Vilanou y De la Arada atribuyen la obsesión por la síntesis al magisterio de D’Ors (2017, pp. 105-120).

[v] Sólo en Montevideo, el cotejo de textos editados e inéditos de Fernando Díaz-Plaja podría dar trabajo a generaciones de estudiantes o estudiosos interesados.

[vi] Algo de esto he planteado (2017) y Florencia Morera indaga más en profundidad estos aspectos, en el marco de un proyecto común de investigación.

[vii] Fernando Díaz-Plaja, Mis pecados capitales (1975); Guillermo Díaz-Plaja, Retrato de un escritor (Barcelona, Pomaire, 1978), y Fernando Díaz-Plaja, El viaje de mi vida (1999).

[viii] En octubre y noviembre de 2018 se ofreció una exposición documental en homenaje a los cien años de Fernando Díaz-Plaja, «El ruido y la furia. El siglo de Fernando Díaz-Plaja (1918-2018)», comisariada por María de los Ángeles González y Florencia Morera en el Centro Cultural de España en Montevideo.

[ix] A propósito de la importancia de los archivos personales para el estudio de la historia y la literatura, así como el valor de los «cajones» de recuerdos como «organizadores de la interioridad», véase Caballé, 2017.

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BIBLIOGRAFÍA
· Caballé, Anna. «La autobiografía contemporánea o la superación del memorialismo decimonónico», en Autobiografía en España: un balance. Celia Fernández y María Ángeles Hermosilla (eds.). Visor, Madrid, 2004, 145 y 155.

–. «La vida literaria en directo: el epistolario de Guillermo Díaz-Plaja», en El Fondo Guillermo Díaz-Plaja: perspectivas de un legado. Octaedro, Barcelona, 2017, 53-71.

· De Quesada, Eduardo. «Obituario de Fernando Díaz-Plaja». Suplemento cultural de El País. Montevideo, 7 de diciembre de 2012, 12.

· Díaz-Plaja, Fernando. Cervantes. La amarga vida de un triunfador. Plaza & Janés, Barcelona, 1974.

–. Nueva historia de la literatura española. Plaza & Janés, Barcelona, 1974.

–. Mis pecados capitales. Plaza & Janés, Barcelona, 1975.

–. Otra historia de España. Círculo de Lectores, Barcelona, 1975.

–. Cómo escribir y publicar. Temas de Hoy, Madrid, 1988.

–. Arte y oficio de hablar (una pasión española). Nobel, Oviedo, 1996.

–. El viaje de mi vida. Planeta, Barcelona, 1999.

–. El don Juan español. Encuentro, Madrid, 2000.

–. El tango y los cuernos. El Galeón, Montevideo, 2006.

· Díaz-Plaja, Guillermo. Visiones contemporáneas de España. La patria vista por los escritores. La Espiga, Barcelona, 1935 (reed. 1936). Selección, vocabulario y prólogo.

–. Antología temática de la literatura española. Siglos xviii a xx. Imprenta Castellana, Valladolid, 1940.

–. El sentimiento del amor a través de la literatura española. Olimpo, Barcelona, 1942.

–. Geografía e historia del mito de don Juan. Instituto del Teatro, Barcelona, 1944.

–. Nuevo asedio a don Juan. Sudamericana, Buenos Aires, 1947.

–. Don Quijote en el país de Martín Fierro. Cultura Hispánica, Madrid, 1952.

–. Federico García Lorca. Su obra e influencia en la literatura española. Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1954.

–. Cuestión de límites. Cuatro ejemplos de estéticas fronterizas (Cervantes, Velázquez, Goya, el cine). Revista de Occidente, Madrid, 1963.

–. Las estéticas de Valle-Inclán. Gredos, Madrid, 1965.

–. Memoria de una generación destruida: 1930-1936. Delos-Aymá, Barcelona, 1966. (Dedicado a su hermano Fernando, «mi hermano en la sangre y en el quehacer»).

–. África por la cintura: Etiopía, Kenia, Tanzania, Uganda. Notas a un safari fotográfico. Juventud, Barcelona, 1967.

–. La creación literaria en España. Primera bienal de crítica: 1966-1967. Aguilar, Madrid, 1968.

–. El oficio de escribir. Alianza Editorial, Madrid, 1969.

–. Los paraísos perdidos: la actitud «hippy» en la historia. Seix Barral, Barcelona, 1970 (reed. 1971).

–. Goya en sus cartas y otros escritos. El Heraldo de Aragón, Zaragoza, 1980.

· González Briz, María de los Ángeles. «El siglo xx en primera fila: el archivo de Fernando Díaz-Plaja», Tenso Diagonal, núm. 3, mayo de 2017, 122-146. Disponible en línea: <http://www.tensodiagonal.org/TD03/TensoDiagonal03-EX-Gonzalez.pdf>.

· Mainer, José-Carlos. «El ensayista bajo la tormenta: Guillermo Díaz-Plaja (1928-1941)», en La filología en el purgatorio. Los estudios literarios en torno a 1950. Crítica, Barcelona, 2003, 17-38.

· Matamoro, Blas. Novela familiar. El universo privado del escritor. Páginas de Espuma, Madrid, 2010.

· Morera, Florencia. «Figuras del desplazamiento en Álbum de mi vanidad. (Orígenes a 1976), de Fernando Díaz-Plaja». Ponencia en VII Jornadas de Investigación; VI Jornadas de Extensión y V Encuentro de Egresados y Estudiantes de Posgrado, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Montevideo, Uruguay, 2017.

· Vilanou Torrano, Conrad y Raquel de la Arada Acebes. «Guillermo Díaz-Plaja y Eugenio D’Ors, el combate por la luz», en El Fondo Guillermo Díaz-Plaja: perspectivas de un legado. Octaedro, Barcelona, 2017, 105-120.

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