
Hugo Mujica
Las hojas, la brisa y la luz danza las sombras
Visor
80 páginas
Lees su nuevo libro y sabes que Hugo Mujica tiene un plan: oír el silencio sin escuchar las sombras. Me parece una gran definición de la serenidad que pueden traer los años. En lugar de sentarse a ver la cuenta atrás del tiempo, este hombre ya de ochenta y cinco años cuya poesía no los aparenta escribe para describir la luz. Y da igual si es un optimista o un pesimista mal informado, porque sus versos son para el lector una sorprendente lección de vitalidad reflexiva, un auténtico curso de supervivencia. Este libro de título extraño, Las hojas, la brisa y la luz danza las sombras, es una celebración de lo bello que tiene este mundo de todos los demonios, un canto vital y una llamada a la solidaridad entre perdedores: «abierta la herida / toda sangre es sangre / hermana».
Esta obra, con la que su autor ha obtenido el prestigioso y ya veterano premio Loewe, mantiene el pulso de su larga carrera literaria, sigue las sendas de la filosofía y mantiene una cierta estética oriental, bordeando unas veces el epigrama y otras el haiku; y, como todos sus títulos, es una invitación a no dejarse arrastrar por la prisa de esta época vertiginosa, a pensárselo todo dos veces y a repetirnos las preguntas sobre nuestra identidad y nuestro destino que nos importan y nos torturan casi desde que el mundo es mundo, en el que estamos condenados a cruzar una y otra vez, en ocasiones solos y a veces con alguien o para encontrar a alguien en la otra orilla, “este rio del tiempo / que hace con nuestro pasar / su cauce.”
Hugo Mujica con una mirada atenta al detalle que lo dice todo -“una rama se quiebra / y es un réquiem lo que escucho”- rastrea los laberintos de la presencia y los dramas de la ausencia -“aunque a nadie moje / la lluvia cae”- y sus sentencias nos obligan a replantearnos las cosas: qué lugar ocupamos y qué va a ser de ese sitio cuando ya no estemos; qué huella vamos a dejar en lo otro y los otros. Pero, además, ¿qué hay de nosotros mismos? ¿Nos conocemos? Aquí se nos dice que el ser humano «es para sí mismo / su extraño», y hay algo perturbador en el modo en que estas páginas muestran una aspiración de espejos que, por otra parte, es la que tiene siempre, de un modo u otro, la buena literatura.
No hay muchos Las hojas, la brisa y la luz danza las sombras, ni ningún otro Hugo Mujica en el horizonte. Lo que sí, hay muchas personas que se le parecen: todas las que lo lean. Conviene no perdérselo.