ALFONSO REYES EN EL REGENERACIONISMO

La España a la que llega Alfonso Reyes en 1914 está en pleno proceso de regeneración ideológica, sociohistórica y moral. Nunca pudo ser terreno más fértil para el polígrafo mexicano: «El caudal de saberes que había acumulado durante su participación en la España renovadora (historia europea y universal, geografía, cinematografía, literatura universal y española y la ciencia filológica) lo integró Reyes en su obra de teoría literaria» (Gutiérrez Girardot 2006: 73). La España de la Institución Libre de Enseñanza, de la generación del 98, del regeneracionismo, de la generación de 1914 y la joven literatura, que cuajaría en el 27, y que, entonces, aunque incipiente, ya estaba ahí. En ese sentido, Reyes abordó su tarea como un escritor integral, abarcador de múltiples géneros literarios, todos ellos abordados con éxito y brillantez, visionario y avanzado para su tiempo, criticado muchas veces por incomprendido, sobre todo en México, al no entender su fervor por la antigüedad grecolatina. Hoy día hablamos de Alfonso Reyes, sin lugar a dudas, como precursor e instigador del 27, del gusto por Góngora y el gongorismo: «antecedió como fermento al grupo del 27», en palabras una vez más de Rafael Gutiérrez Girardot (2006: 70), quien no duda en asignarle un lugar mucho más preponderante que el que habitualmente la crítica historiográfica española le ha asignado: «Colaborador de R. Foulché-Delbosc en la primera edición de las Obras poéticas (1921) de Góngora y autor de bibliografía complementarias sobre “su poeta”, Reyes puso a disposición el material indispensable para la resurrección del inspirador del grupo del 27» (2006: 84). De hecho, fue invitado a colaborar en carta de Gerardo Diego del 28 de agosto de 1926 (ápud Morelli 2001: 119-120) al homenaje a Góngora, conviniendo en misivas sucesivas que se encargaría de las Letrillas, si bien nunca vieron la luz, ya sea por excusas o por diferentes inconvenientes. A falta de este volumen, sus Cuestiones gongorinas resultaron el mejor homenaje al cordobés… Y que conste que fue invitado a pesar de no formar parte de aquel selecto grupo de «jóvenes» poetas ni ser español, haciendo con él una «excepción tan honrosa» (en palabras del propio Reyes recogidas ápud Morelli 2001: 31). Dámaso Alonso se opuso en principio a la inclusión de Alfonso Reyes en esta nómina de editores del genial cordobés (ápud Morelli 2001: 45), argumentando lejanía, aunque más bien podemos adivinar que el carácter de gongorista avanzado —avant la lettre (véase Malpartida 2010: 28-29)— del mexicano le había granjeado, a la par que admiración, tampoco esto se duda, cierta envidia de quien después pasaría a considerarse su mayor estudioso, como fue el caso de Dámaso Alonso.

 

ALFONSO REYES, UN MEXICANO «CORDIALMENTE ESPAÑOL»

Consideradas por tanto las precuelas y las secuelas, junto a algunos detalles pertinentes alrededor de Cartones de Madrid, hay que subrayar el carácter español de la obra, habiendo sido escrita por un mexicano «cordialmente español», como lo califica Gerardo Diego (1927-1928: 88 ápud García 2016: 189). Habría que matizar que aunque Cartones de Madrid indague en lo español, se alude a una hispanidad transversal, refiriéndonos al concepto antes expresado, y que quizás sea éste el motivo de preocupación central de la obra. Alfonso Reyes se suma así al regeneracionismo que, andando el tiempo, cuajará en la «Razón de Estado» (García Montero 2007: 2-3) que a la postre fue el 27. De los muchos temas que trufan Cartones de Madrid, quizás el que más llame la atención es esa indagación en lo español, en ese concepto de lo hispánico que preocupó a los escritores españoles, pero que también fue piedra de toque para aquellos intelectuales y escritores que se sentían en la tradición de lo hispánico, como Alfonso Reyes. Desde sus primeras páginas, tras la presentación de Madrid como cour des miracles, el medievalismo con que se nos introduce hunde sus raíces en el mismo nacimiento de lo español, en la tradicional «danza de la muerte» (1917: 3; 1988: 13; 1995: 49), la cual, por otra parte, es también mexicana, y a su vez el capítulo «I. El infierno de los ciegos» viene prefigurado por Dante, quien nos guía «nel mezzo del cammin di nostra vita, / mi ritrovai per una selva oscura», adentrándonos en la selva del libro y de la vida, concibiendo la obra como una aventura textual y vital, una experiencia literaria y de vida, pues se trata de un trozo del escritor, el cual es inseparable del ser humano. El narrador se presentará tácitamente como un flâneur (Benjamin 1998: 49 y ss.) que recorre las calles, figones, callejas y lugares más variopintos del Madrid de la época, curioseando y perdiéndose entre la multitud, como «El hombre de la multitud» de Poe, que tradujo precisamente Baudelaire, presentándonos unas estampas o escenas matritenses, remedando el costumbrismo de Mesonero Romanos (véase el capítulo xv, homenaje expresamente titulado «El curioso parlante», 1917: 81-84; 1988: 55-58; 1995: 81-83), actualizándolo… La conexión temática se extrapola al capítulo ii, que continúa la estela temática de los mendigos, «La gloria de los mendigos» (1917: 7-9; 1988: 15-17; 1995: 51-52), cuando alude a Juan Ruiz de Alarcón, de quien publicará —entre otros volúmenes— en Madrid sus Páginas escogidas, en la editorial Calleja en 1917, haciendo un guiño a su propia situación de escritor mexicano en Madrid. A Reyes le interesa no «la cuestión de la mexicanidad de Alarcón», sino «reflexionar acerca de la dinámica entre la cultura colonial de Nueva España y la cultura europea de la época» (Houvenaghel 2013: 16). Ahora bien, el mendigo —su verdad sospechosa— supondrá otro eje temático que conectará con una valoración ideológica profunda del mundo, como veremos, a través de los planteamientos liberales de Alfonso Reyes, desde el fisiocratismo a La riqueza de las naciones, de Adam Smith. En palabras de José Emilio Pacheco, Alfonso Reyes fue un «escritor laico y liberal por excelencia en una tradición tan católica como la nuestra» (Pacheco 1989). Su propio padre, Bernardo Reyes, provenía de una familia importante que formaba parte del partido liberal (Benavides Hinojosa, 1998 y 2014).

El fisiocratismo fue una doctrina económica que surgió en el ilustrado siglo xviii en Francia. Esta corriente afirmaba que toda la riqueza venía de la tierra y que la agricultura producía más de lo que se necesitaba para mantener a los que se ocupaban de ella. Propugnaba además la existencia de una ley natural que regía el funcionamiento económico. Los pensadores fisiócratas, al igual que los mercantilistas, buscaban una estrategia para el desarrollo económico mediante políticas coherentes. Pero a diferencia del mercantilismo, la fisiocracia se interesó en las fuerzas reales que conducen al desarrollo y llegaron a la conclusión de que la fuente de riqueza estaba en la tierra. Por lo tanto, hacia ella debía dirigirse el Estado para obtener fondos, por lo que propusieron el impuesto único sobre la tierra… Efectivamente, el fisiocratismo aparece en el segundo capítulo, y luego se complementa —a modo de teoría correctora— con el capítulo x, «Ensayo sobre la riqueza de las naciones» (1917: 55-58; 1988: 41-44; 1995: 70-72). Con una nota curiosa añadida a la edición de 1955 (y que no fue señalada en la edición de Hiperión), donde dice: «Si esos políticos quieren enriquecer al pueblo —es irremediable— que lo prostituyan», a lo cual apostilla a pie e página: «Recordemos la fábula de las abejas, de Mandeville, siglo xviii» (1995: 72). La fábula de las abejas, también titulada Vicios privados, beneficios públicos, desarrolla en una veta satírica la tesis de la utilidad social del egoísmo. Continúa, prefigurando a Nietzsche, que todas las leyes sociales son el resultado de la voluntad egoísta de los débiles, para apoyarse mutuamente protegiéndose del más fuerte. La obra, que se vio afectada por las ideas libertinas que se desarrollaban en Europa, critica a la sociedad hipócrita del inicio del desarrollo industrial, el cual presenta como virtuoso ocultar sus vicios y que, paradójicamente, según Mandeville, son necesarios para el bienestar colectivo.

Desde la mendicidad, concebida como el acto primordial del lucro, en tanto que necesidad antropológica, pasando por la dialéctica mendigo/pícaro, hasta la exaltación de la propina (es bien sabido, por ejemplo, que la II República española prohibió la propina), se nos presenta, desde la conciencia de lo hispánico, una suculenta manera de ver el mundo, ese submundo —inframundo, pues se trata de un descensus ad inferos— no sólo de Madrid sino de cualquier realidad social extrapolable. Todo ello veteado de un particular antimercantilismo, como buen fisiócrata y reformista, al afirmar: «La compra-venta no puede ser causa de la riqueza: es un mero círculo vicioso» (1917: 56; 1988: 42; 1995: 70). Así que se trasluce una particular visión sociopolítica del mundo, ideológica al fin y al cabo, de Alfonso Reyes en sus Cartones de Madrid. Y diferenciando sin anfibologías, en la página siguiente, a la propina de la limosna o caridad (particularmente asociada a la decadencia española), a la picaresca, al hundimiento del Imperio. Precisamente a la época dorada, y a un momento culmen de la historia de los Austrias, se refiere el autor cuando alude al príncipe Baltasar Carlos (1917: 38; 1988: 32; 1995: 63), muerto a la edad de dieciséis años por viruela. Después, ya se sabe, le sucedió Carlos II, apodado El Hechizado, con lo que podríamos encontrarnos frente al apogeo… y el inicio del declinio. Las alusiones al Barroco, que tras la teorización de Eugenio d’Ors —quien aparece en el orteguiano capítulo viii, «Estado de ánimo» (1917: 43-44; 1988: 34-35; 1995: 65) a propósito del ideal vegetativo y la indolencia hispánica, y en el siguiente capítulo ix, «El derecho a la locura»— pasará después a denominarse lo barroco (cf. Ors 2002), y que se considera tan hispano como novohispano, conectan con lo grotesco (relacionado posteriormente con lo español vía Romanticismo), la no reducción de lo español a través de lo andaluz, desde el pintoresquismo de los viajeros románticos (en la presentación de Cartones de Madrid comienza citando al viajero Théophile Gautier más como pintor que como escritor), o los vínculos del carnaval con el medievalismo, como singularidad del universo hispánico (que entronca con lo mexicano) en el capítulo v, «El entierro de la sardina» (1917: 23-27; 1988: 24-27; 1995: 58-60). En ese sentido, el capítulo iv «La fiesta nacional» (1917: 43-44; 1988: 20-23; 1995: 55-57) no es sólo una definición de la identidad hispana, sino también de la novohispana, aunando visión española y mexicana, pues la fiesta de los toros se comparte a un lado y otro del Atlántico.

Quedan bastantes detalles por comentar, pues la prolija y densa prosa de Alfonso Reyes daría para mucho. Pero vamos a concluir. La cantidad de citas, nombres, referencias, etcétera, desde el torero Lagartijo (1917: 18; 1988: 21; 1995: 56) al califa del siglo viii Harún al-Rashid (Aroun al Raschid en su transcripción fonética, 1917: 50; 1988: 39; luego Harun al Raschid, 1995: 68), o desde Luis Taboada hasta Ventura de la Vega (1917: 18; 1988: 21; 1995: 56), por citar sólo algunas, son innumerables. Y ello nos haría extendernos más de lo conveniente, quizá de manera innecesaria, ya que en cualquier caso Alfonso Reyes incide en la renovación o reforma de lo español a través de lo hispano, aprovechando lo mejor de la tradición europea, con énfasis en lo grecolatino, dotando de un nuevo valor a la fértil relación con América, en un «gran diálogo transatlántico» (Pastor 2011: 13-29) que como buen liberal se encarna en él mismo, en unas raíces que agarran a un lado y otro de la mar océana. Alfonso Reyes, un mexicano ejemplar y cordialmente español.

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

· Aatar, A. (2015). «La poesía de Alfonso Reyes (a través de su experiencia en Madrid)», Sur. Revista de Literatura 5, Málaga: mayo, 1-15. https://goo.gl/ZRhFf7 [Ref. consultada el 28 de febrero de 2019].

· Alberti, R. (1988). Obras completas. Tomo I. Poesía 1920-1938, Ed., intr., bibliografía y notas de Luis García Montero, Madrid: Aguilar.

· Alvar, M. (1992). «Del castellano al español», Cuadernos Hispanoamericanos, Madrid: 7-39. https://goo.gl/2ocLmp [Ref. consultada el 28 de febrero de 2019].

–. (2001). «¿Fragmentación del español?», en Echenique y Sánchez Méndez 2002, 221-236. https://goo.gl/uKF4yc [Ref. consultada el 28 de febrero de 2019].

· Ameri, S. y Abril, J. C. (2009). «Introducción», en Pasolini 2009, 7-20.

· Benavides Hinojosa, A. (1998). El general Bernardo Reyes, vida de un liberal porfirista, Monterrey: Ediciones Castillo. Luego publicado en 2009 en Ciudad de México: Tusquets Editores.

–. (2014). «Bernardo Reyes: un liberal porfirista», Monterrey: TEC de Monterrey, Cátedra Alfonso Reyes, 23 de febrero de 2010. https://goo.gl/HiW8EN [Ref. consultada el 28 de febrero de 2019].

· Benjamin, W. (1998 [1972]). Poesía y capitalismo. Iluminaciones II, Trad. y pról. de Jesús Aguirre, Madrid: Taurus.

· Castañón, A. (2011). «Alfonso Reyes, hispanista», Armas y Letras. Revista de literatura, arte y cultura 74-75, Monterrey: Universidad Autónoma de Nuevo León, enero-junio, 54-68. https://goo.gl/UnjE6h [Ref. consultada el 28 de febrero de 2019].

· Diego, G. (1927-1928). «Crónica del centenario de Góngora (1627-1927)», en Soria Olmedo, ed. 1997, 87-97.

· Echenique, Mª. T. y Sánchez Méndez, J. P., coords. (2002). Actas del V Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, Valencia 31 de enero-4 de febrero 2000, Madrid: Gredos.

· García, M. Á. (2001). El Veintisiete en vanguardia. Hacia una lectura histórica de las poéticas moderna y contemporánea, Valencia: Pre-Textos. I Premio Internacional «Gerardo Diego» de Investigación Literaria.

–. (2016). Cartografías del compromiso. Vanguardia e ideología en los poetas del 27, Madrid: Calambur, col. Selecta Philologica.

· García Montero, L. (2007). «La Generación del 27 como razón de Estado», Ínsula: revista de letras y ciencias humanas 732, Madrid: Espasa, diciembre, 2-3.

· Gutiérrez Girardot, R. (2006). «Alfonso Reyes y la España del 27», en Rafael Gutiérrez Girardot, Tradición y ruptura, Bogotá: Debate, 2006, 67-86.

· Heidegger, M. (2001 [1947]). Carta sobre el Humanismo, Versión de Helena Cortés y Arturo Leyte, Madrid: Alianza, 1ª reimpr.

· Hobsbawn, E. (1995 [1994]). Historia del siglo XX, Trad. de Juan Faci, Jordi Ainaud y Carme Castells, Barcelona: Crítica.

· Houvenaghel, E. (2013). «Juan Ruiz de Alarcón y Alfonso Reyes entre dos orillas», Orillas. Rivista d’ispanistica 2, Padova: Università degli Studi di Padova, 1-20. https://goo.gl/8rbL9P [Ref. consultada el 28 de febrero de 2019].

· Malpartida, J. (2010). «Góngora», Letras Libres 100, Madrid: 28-29. https://goo.gl/GYQQHU [Ref. consultada el 28 de febrero de 2019].

· Morelli, G., ed. introd. y notas (2001). Gerardo Diego y el III centenario de Góngora (Correspondencia inédita), Valencia: Pre-Textos.

· Moreno Villa, J. (1940). Cornucopia de México, Ciudad de México: La Casa de España en México.

–.  (1976 [1944]). Vida en claro. Autobiografía, Madrid: FCE, 1ª reimpr.

· Ors, E. d’ (2002). Lo barroco, Pról. de Alfonso E. Pérez Sánchez, Ed. preparada por Ángel d’Ors y Alicia García Navarro de d’Ors, Madrid: Tecnos/Alianza.

· Ortega, J., compilador (2011). Reyes, Borges, Gómez de la Serna. Rutas trasatlánticas en el Madrid de los años veinte, Ciudad de México-Monterrey: Orfila-Tec de Monterrey.

· Pacheco, J. E. (1989). «Para acercarse a Alfonso Reyes», El proceso, Ciudad de México, 20 de mayo. https://goo.gl/qubFqs [Ref. consultada el 28 de febrero de 2019].

–. (1991). «Alfonso Reyes en Madrid (1914-1924)», en Rangel Guerra 1991, 19-26.

· Pasolini, P. P. (2009 [1957]). Las cenizas de Gramsci, Ed., trad., pról. y notas de Stéphanie Ameri y Juan Carlos Abril, Madrid: Visor.

· Pastor, B. (2011). «Ramón, Borges, Reyes: apuntes sobre un gran diálogo trasatlántico», en Ortega, compilador 2011, 13-29.

· Paz, O. (1999 [1991]). La casa de la presencia. Poesía e historia. Obras completas I, Barcelona: Galaxia Gutenberg/Círculo de lectores, 2ª ed.

· Rangel Guerra, A., ed. y notas (1991). Alfonso Reyes en Madrid: Testimonios y homenaje, Monterrey: Fondo Editorial Nuevo León.

· Reyes, A. (1911). Cuestiones estéticas, Pról. de Francisco García Calderón, París: Sociedad de Ediciones Literarias y artísticas, Librería Paul Ollendorff.

–. (1917). Cartones de Madrid (1914-1917), Ciudad de México: Editorial Cultura.

–. (1927). Cuestiones gongorinas, Madrid: Espasa-Calpe.

–. (1988 [1917]). Cartones de Madrid, Pról. y notas de Juan Velasco, Madrid: Hiperión.

–. (1995 [1956]. Obras completas, II, Ciudad de México: FCE, col. Letras mexicanas, 3ª reimpr.

–. (1996a [1955]). Obras completas, I, Ciudad de México: FCE, col. Letras mexicanas, 3ª reimpr.

–. (1996b [1958]). Obras completas, VII, Ciudad de México: FCE, col. Letras mexicanas, 3ª reimpr.

· Rodríguez Padrón, J. (1993). «Alfonso Reyes y el Madrid posible», Anales de la literatura hispanoamericana 22, Madrid: Universidad Complutense, 203-218. https://goo.gl/oQ4eqX [Ref. consultada el 28 de febrero de 2019].

· Salvador, Á. (2008). «Los escritores hispanoamericanos y la Generación del 27», Letral. Revista Electrónica de Estudios Transatlánticos de Literatura 1, Granada: Universidad, 23-51. https://goo.gl/hfjWxL [Ref. consultada el 28 de febrero de 2019]. Luego en Antonio Jiménez Millán y Andrés Soria Olmedo, eds., Rumor renacentista. El Veintisiete, Málaga: Diputación, Centro Cultural Generación del 27, col. Estudios del 27, 255-289.

· Serrano Alonso, J. (2012). «“Tres modos estéticos”. Una conferencia olvidada de Valle-Inclán en Valladolid (1917)», Boletín de la Biblioteca de Menéndez Pelayo, LXXXVIII, 2, Santander: Real Sociedad Menéndez Pelayo, 277-296.

· Soria Olmedo, A., ed. (1997). ¡Viva don Luis! 1927. Desde Góngora a Sevilla, Madrid: Publicaciones de la Residencia de Estudiantes.

· Touraine, A. (2000 [1992]). Crítica de la modernidad, Trad. de Alberto Luis Bixio, Buenos Aires: FCE, 6ª reimpr.

· Velasco, J. (1988). «Prólogo», en Reyes 1988, 7-10.

· Videla, G. (1971). El ultraísmo. Estudios sobre movimientos poéticos de vanguardia en España, Madrid: Gredos, col. Biblioteca Románica Hispánica, 2ª ed.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]