Más interesantes si cabe son los artículos de Marino Gómez Santos, procedentes de una larga entrevista, publicados en el diario Pueblo en seis entregas entre el 4 y el 9 de noviembre de 1957 bajo el título genérico de «Camilo José Cela cuenta su vida», artículos que desembocarán en un tomito de la serie «Pequeña historia de grandes personajes», que la editorial Cliper editó en Barcelona en 1958. El periodista asturiano dibuja en sus preguntas los varios perfiles del recién elegido académico de la RAE, quien se muestra muy explícito en sus respuestas. A la pregunta de qué ha hecho en Mallorca en los tres años y pico que lleva residiendo en la isla, contesta: «Por ahora, mi temporada mallorquina no ha podido ser más fructífera. Aquí he fundado los Papeles de Son Armadans; aquí he escrito La catira, Judíos, moros y cristianos, El molino de viento; aquí he empezado una versión en romance moderno del Cantar de mío Cid y he reanudado la redacción de mis Memorias; aquí estoy terminando un Viaje a Andalucía y un Viaje al Pirineo de Lérida».[21] Gómez Santos se adentra en una serie de preguntas sobre PSA mientras visita la sede de la revista. Una de ellas, a propósito de cómo fue el fundar PSA, le permite a Cela contestar: «Quise hacer la experiencia de ver hasta qué punto era posible que una revista de índole literaria e intelectual naciera sin subvención oficial o particular alguna».[22] Gómez Santos le pregunta por lo que la rumorología había hecho un lugar común: «¿Te la financia don Juan March?». La contestación de Cela es tajante:

Sé que no faltan almas caritativas que propagan la especie de que mi revista está financiada por don Juan March. Que digan lo que quieran. […] Uno de mis orgullos en mi revista es, precisamente, su absoluta independencia. El otro es su puntualidad. Los Papeles de Son Armadans nacieron hace diecinueve meses y van por su número 19.[23]

 

No le faltaba razón pero, a la luz de los datos que se conservan, tanto esta afirmación como la que le había formulado al periodista de El Español (3-III-1957),[24] Enrique Ruíz García, no es toda la verdad. Hubo a lo largo de su vida bastantes problemas de financiación.

El sustento primero, a veces único, de PSA fueron los suscriptores, algunos muy relevantes como Juan March, quien además de sus importantes suscripciones ofreció su ayuda —que Cela rechazó— cuando la revista caminaba hacia su defunción inevitable. La publicidad suponía un pequeño apoyo, especialmente de las editoriales (Noguer, Gredos, Destino, Seix Barral o Gustavo Gili). El propio director reconoció en un fragmento de las «Breves palabras de despedida», que abren el último número (1979), las ayudas recibidas:

En diciembre de 1958 y en diciembre de 1959, Manuel de la Quintana desde el Club Orbis nos pagó los números dedicados a Solana y a Guadí.

En diciembre de 1960, el llorado Bartolomé Buadas, el mecenas de las Conversaciones poéticas, hizo posible el número del Poemario de Formentor.

En febrero de 1961, la Sociedad de Estudios y Publicaciones, que gobierna José Antonio Muñoz Rojas, mandó a la imprenta el número dedicado a Ángel Ferrant […].

En diciembre de 1961, Jesús Huarte corrió con los gastos de la Antología poética de los oficios de la construcción.

Y, por último, en el año 1973, el Banco Urquijo que gobernaba Juan Lladó nos regaló un millón de pesetas.[25]

 

Cela olvidó algunas ayudas más, especialmente las que recibió de la Sociedad de Estudios y Publicaciones, gracias al poeta, mecenas y hombre clave de la Sociedad, Muñoz Rojas, y al director del Banco Urquijo, propietario de la Sociedad, Juan Lladó.

El epistolario con Muñoz Rojas revela que Cela ya había acudido a su mecenazgo a comienzos del otoño de 1958 con motivo del número doble de PSA celebrando los sesenta años de Vicente Aleixandre y Dámaso Alonso. La carta del 21 de setiembre de 1958 deja bien a las claras el tono de reserva que Cela quería para estas gestiones cerca del Banco Urquijo mediante Muñoz Rojas y, meses después, de Juan Lladó, consejero delegado primero y presidente después de la entidad bancaria. Escribía Cela a propósito de la financiación del número doble (xxxii-xxxiii) de los Papeles de Son Armadans:

Hechas las cuentas con optimismo (si no lo tuviese —y que Dios me perdone— Papeles habría muerto hace ya tiempo), se me presenta un déficit mínimo y absolutamente insalvable de 10.000 pesetas, en números redondos. Y en cifra, en las habas contadas de nuestra caja, es la muerte o, al menos, la larga y depauperadora invalidez.

Esas 10.000 pesetas, a título de mecenazgo y en loor de nuestros amigos, es lo que a ti —léase Banco Urquijo— me permito pedirte. El fin es noble y no se me cae ningún anillo por hacerlo.

Nadie —ni aun Caballero Bonald— conoce esta carta y nadie, claro es, conocería tu negativa, de producirse. Quiero advertirte, por último, dos cosas: que tu decisión, sea la que fuere, siempre la entendería razonada y lógica, y que el número, en cualquier caso, estará en la calle en la fecha prevista.

Y ahora, un ruego: que Vicente y Dámaso no se enteren de estas dificultades. Los dos son muy felices con el proyecto, a los dos debo mucha gratitud y a ninguno de los dos quisiera disgustar o, simplemente, preocupar.

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