Lo más probables es que Ory leyera estas palabras con cierta resignación a juzgar por la rabia que descarga —conforme consta en su diario— contra su humilde trabajo. Y es que, gracias a las amistades de su madre, había llegado a Madrid para trabajar primero en una oficina de suministro de gasolina y después en la exigua biblioteca del Parque Móvil de los Ministerios Civiles. No soportaba ninguna de las dos ocupaciones.

Aunque Cirlot se presenta en principio como un ser solitario que ni siquiera va a cine, en cartas posteriores se advierte que la cinefilia entrará lentamente dentro de sus intereses intelectuales, hasta convertirse en un estímulo esencial de su creación. Por ejemplo, en una carta del 8 de abril de 1946 cuenta su emoción ante una cinta protagonizada por Greta Garbo: «Yo soy el sujeto extraño que reacciona vulgarmente y lo dice. Por ejemplo, ayer vi una película de Greta Garbo y lloré. No era triste, lo triste no me emociona, era feliz. Lo feliz que pasa allá lejos me hace llorar. Sí, las nubes… las maravillosas nubes que allá lejos pasan». La emoción que filtra de nuevo a través de una referencia literaria como es el poema de Baudelaire «L’étranger». Este acercamiento al séptimo arte produce también un poema dedicado a Charlot. Se publica en el número 21 de la revista Espadaña y provocará una misiva insolente, dadaísta y provocadora firmada al alimón por Ory y Chicharro:

Tus versos sobre Charlot son malos. Lo que pasa es que tú estás, ya te lo hemos dicho, sobre falso derrotero. Para decirte algo vulgar: es lo mismo que una mujer hermosa que se pinta de azul los labios y que se pone la falda grana.

Nosotros creemos en ti, por eso te hablamos como dos verídicas bestias. Para que entiendas, y abras ojos y oídos, y te salves; o para que te jodas ya de una. Nosotros no somos Dios, pero tú, por si acaso, léete la Vida de Santa Teresa, léetela otra vez. Desecha los falsos dioses; olvídate de los verlanianos y bodelarianos, de los ultraístas nuestros y hasta del mismo Neruda. Busca la verdad en la vida que te rodea, en ti mismo y en la vida que no te rodea, aquella que tú, si quieres, puedes rodear. En una palabra, déjate de mariconerías poéticas. Ya ves cómo nosotros estamos persiguiendo al auténtico rabo de burro, al muy altísimo pollino.

[…] Haremos ahora otra confesión. Y mortificación: reconoceremos, reconocemos, es lo que queremos decir, tu cultura muy superior a las nuestras y, tal vez, tu sabiduría.

Así mismo, reconocemos que, de entre los tres, nosotros dos somos mucho más propensos a caer en error fundamental, pues sentimos una seguridad absolutamente desprovista de cimientos, sólida base, fortificaciones y demás asentaduras en el terreno, que la que tú puedas poseer.

¿Qué más decirte, pues, Cirloto [sic], si ya te abrimos no solamente el corazón y, como suele decirse, las entrañas, sino hasta los intestinos, hígado, páncreas y las partes más perdidas como puede ser apéndice, ombligo y orificio anal? Todo te abrimos (todo lo nuestro, se entiende): la casa, la cosa, el caso.

 

El mismo año, en la revista Maricel, Cirlot publica «Crítica del surrealismo», donde sustenta las raíces del movimiento en el irracionalismo de otras épocas y le reprocha su disociación del espíritu religioso, aspecto que le trasladará al mismo Breton cuando lo conozca personalmente en 1949. Pese a que la relación epistolar se mantuvo, el archivo de la Fundación Carlos Edmundo de Ory demuestra que el caudal de correspondencia entre ambos disminuye a partir de 1946. Sabemos que varios proyectos de escritura del gaditano se iban a centrar justamente en estas cartas. Uno de ellos pretendía titularse Los tres aquelarres: «Mi Cirlot será un Cirlot luminoso, lleno de cadenas y de alas. Lo trataré con la pluma de Melozzo da Forli. Alcanzaré su figura llameante y a veces negruzca a través de tu obra poética y tu conducta epistolar» (1-7-1948).

Pasa el tiempo y las escasísimas cartas redactadas por Ory en los cincuenta revelan que se ha producido un encuentro con su amigo en Barcelona. De hecho, desea que le sirva de puente con Dau al Set, grupo al que Cirlot se ha incorporado como crítico y teórico en 1949. Quiere también que le ayude a encontrar un editor para sus cuentos. Pero sus deseos no llegarán a buen puerto. Tampoco fructificará la novela autobiográfica Yo te amo, Madrid, pues Cirlot se niega a autorizar que construya ficciones sobre la base de su epistolario (Ory le consulta en una carta de 1970). La amistad rugiente de los años cuarenta se había consumido. Sus vidas habían cambiado mucho. Si bien Cirlot nunca dejará de sentirse un surrealista —así lo expresa en una carta conservada en su archivo personal que le dirige a Larrea—, su inmersión en el estudio del universo simbólico le llevará por otros caminos. Ory, por su parte, trabajará como bibliotecario en Amiens, donde funda en 1968 el Atelier de Poésie Ouverte, y continuará escribiendo sin descanso. Nunca olvidará el talento de Cirlot ni ese canal de escritura que dos heterodoxos como ellos abrieron en los duros años de la posguerra, como un río de lava urgente y necesario.

 

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[1] Me refiero a los dos textos publicados por Carlos Edmundo de Ory (el artículo memorialístico que firma dentro del catálogo de la exposición en el IVAM dedicado a Cirlot y el prólogo a El libro de Cartago), así como a los trabajos de Victoria Cirlot (2001) y Ana Sofía Pérez-Bustamante (2015). También en las biografías dedicadas a ambos autores, Antonio Rivero Taravillo (2016) y José Manuel García Gil (2018) espigan algunas líneas de este corpus epistolar. Agradezco a Javier Vela las facilidades que me dio para la consulta del archivo de Carlos Edmundo de Ory. Este artículo se inscribe dentro del proyecto de investigación de I+D Epistolarios inéditos en la cultura española desde 1936 (Ref. PGC2018-095252-B-I00), del que es investigador principal José Teruel.

[2] Así, por ejemplo, en «Berceuse» (Oda a Ígor Strawinsky y otros versos, 1944) resuena con claridad el mundo de Cernuda, mientras que en «El poeta» (Árbol agónico, 1945) resulta patente la huella del neorromanticismo aleixandrino. Aún más pronunciada, en estos primeros años de formación y de búsqueda, aparece la influencia de Lorca si leemos los romances y canciones de Cirlot.

[3] En otra de sus cartas, sin fecha exacta pero de este ciclo, Cirlot realiza en pocas líneas una radiografía desmitificadora del mundo intelectual catalán, al tiempo que lamenta la envidia de la obra inédita encerrada en el cajón, «la envidia tremenda de las obras largamente inéditas a las otras que pudieron ver la publicación», así como «la desgarradura de la obra entre sí y contra sí».

[4] «It [the secondary Imagination] dissolves, diffuses, dissipates, in order to recreate; or where this process is rendered impossible yet still at all events it struggles to idealize and to unify. It is essentially vital, even as all objects (as objects) are essentially fixed and dead» (1907, I: 202).

[5] Véase el clásico estudio de Albert Béguin (1954). En la revista Entregas de Poesía (núm. 10, 1944), Cirlot (2005: 671-673) publica lo que puede considerarse su primera poética, donde destacan sus alusiones al sueño, a los collages de Max Ernst —seguramente conocidos a través de Alfonso Buñuel, que también creará los suyos— y a la música de Ravel. Considera que el poema parte de una idea que se delinea musicalmente en un esquema métrico y rítmico, aspecto que lo alejaría del automatismo psíquico surrealista, al tiempo que afirma la necesidad de hallar un lenguaje y un mundo.

[6] Las huellas del creacionismo se advierten en muchos de los poemas elaborados durante se etapa zaragozana en homenaje a Pilar Bayona y publicados tras la muerte de Cirlot con el título de Pájaros tristes y otros poemas a Pilar Bayona (2001).

[7] En La vida muerta, que como se ha dicho precede a la escritura a El libro de Cartago, ya se distinguía entre la muerte —lugar de comunión y acorde— y la ruina o vida muerta, «sangre sin sangre y sin latido» (Cirlot, 2005: 171). En su Diccionario de símbolos se establecía este paralelismo: las ruinas «[…] significan destrucciones, vida muerta. Son sentimientos, ideas, lazos vividos que ya no poseen calor vital pero que todavía existen […] saturados de pasado y de realidad destruida por el paso del tiempo» (1988: 394).

[8] «I kneel, an altered and an humble man, / Amid thy shadows, and so drink within / My very soul thy grandeur, gloom, and glory!» (1909: 29). El interés de Cirlot por Poe se advierte en los artículos que le consagra en 1944 y en 1969, recogidos posteriormente por Victoria Cirlot en Confidencias literarias (1996).[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

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