1951 fue importante para Paz por muchas razones. Una de ellas, su adhesión pública al surrealismo beligerante, pues el 24 de mayo de ese año, a raíz del affaire Carrouges-Pastoureau —y las acusaciones a Breton y al surrealismo de haber traicionado la causa revolucionaria y condescender con algunos intelectuales católicos—, había firmado el manifiesto Haute Fréquence, donde podía leerse:

[…] Nous sostennos plus que jamais que les différentes manifestations de la révolte ne doivent pas être isolées les unes des autres ni soumises à une abritraire hiérachie, mais qu’elles constituent les facettes d’un seul et même prisme. Parce qu’il permet aujourd’hui à ces feux diversement colorés mais également intenses de reconnaître en luire leur foyer commun, le surréalisme, a meilleur escient encore que par le passé, se voue à la résolution des principaux conflits qui séparent l’homme de la liberté, c’est-à-dire du développement harmonieux de l’humanité dans son ensemble et ses innombrables manifestations, — de l’humanité enfin parvenue à un ses mois précaire de sa destinée, guérie de tout idée de transcendance, libérée de toute exploitation.

[…]

C’est à ces forces que s’allie, dans son éternelle disponibilité, la jeunesse avide de tout ce qui combat un utilitarisme de jour en jour plus aveugle. Ce sont elles qui se conjuguent et s’exaltent dans l’amour, annonçant un âge d’or où l’or n’aurait pas d’âge, où la fleur de l’âge, pour vivre, se passerait d’or. Ce sont elles encore qui font de la poésie le principe et la source de toute connaissance, en opposition permanente à la sottise (métaphysique, politique, etc.) et à ses manifestations journalistiques, radiophoniques, cinématographiques, etc.[xxxiv]

 

Junto con Breton, Peret, Ray y otros más, el nombre de Paz aparecía en este escrito y no es remoto que hubiera colaborado en su redacción o que, al menos, sus palabras quedaran grabadas en él de manera indeleble y alentaran su alegría cuando en 1968 observó la revuelta de los jóvenes franceses. El manifiesto, firmado en mayo, no apareció sino hasta el 6 de julio en las páginas de Le Libertaire, justo cuando Paz se atareaba con la escritura del artículo sobre Muerte sin fin, de Gorostiza, pero también con el discurso que ofrecería el 19 de ese mismo mes, pues debía participar en el acto de conmemoración del décimo quinto aniversario del estallido de la Guerra Civil española. Organizado por la Casa de Cataluña en el teatro Récamier, Paz y Camus fueron los principales oradores en el acto. Su asistencia le provocó problemas en la embajada y quizá provocó su posterior traslado, pues a Torres Bodet no le parecían correctas esas intervenciones públicas, tratándose, sobre todo, de un miembro del cuerpo diplomático, según narró el propio Paz en Vislumbres de la India (Seix Barral, 1995).

Aquel 19 de julio, Paz volvió a su casa exaltado, con el cabello revuelto, recuerda su hija, y, aunque es posible cuestionar la veracidad de muchos pasajes de las Memorias de Helena Paz, este párrafo parece arrojar luz sobre el asunto:

[…] A los pocos días, María Casares lo invitó a hablar en un mitin comunista (¡!) a favor de la República española. Mi padre, como en sus mejores épocas de «violinista húngaro», regresó a la casa con el pelo rizado, alborotado, y sin corbata. Pronunció un discurso incendiario con el puño cerrado en alto. No salió en los periódicos, pero la policía francesa le mandó un informe al embajador para prevenirlo de que uno de sus diplomáticos era un descarado agente soviético. Eso por poco le cuesta la carrera a mi padre.

 

Durante esa época, Camus le había «contado» el argumento de El hombre rebelde y Paz lo avisó de los seguros ataques de Sartre, pero el argelino no le creyó, asegura el poeta, aunque Domínguez Michael apunta que era «improbable que Camus haya sido tan ingenuo como para esperar la no beligerancia de Sartre, quien le advirtió, habiendo circulado previamente fragmentos de El hombre rebelde, que la reacción, en Les Temps Modernes, sería enérgica».[xxxv]

Paz dejó de ver a Camus cuando salió de Francia. A pesar del conflicto con Breton (que finalmente terminó con lágrimas del poeta surrealista cuando se enteró de que había sido el propio Camus quien lo había propuesto para participar en otro evento en apoyo de España ese mismo año), el mexicano y el argelino siguieron comunicándose. En 1953, cuando Paz se encontraba en Ginebra, Camus le envió su traducción de La devoción de la cruz, de Calderón de la Barca. Ya en México, el 17 de noviembre de 1953, Paz le escribe a Lambert desconcertado por la realidad del país al que volvió. No sabía qué hacer ni qué proyectos podrían realizarse, pero uno de ellos era llevar a cabo su vieja y permanente idea de editar una revista o dirigir un suplemento cultural. En ambos quería incluir a Lambert como corresponsal en Francia, de modo que enviara mensualmente «una suerte de carta» sobre los acontecimientos culturales importantes y «comentarios sobre lo que llamaríamos la “política de la inteligencia” (polémica Sartre-Camus, posición política del surrealismo, etcétera) en la que se sinteticen los acontecimientos más importantes».[xxxvi] Poco después, en febrero de 1954, se quejaba con el mismo Lambert de la situación intelectual en México, donde la única revista que podría publicar un ensayo que Kostas Papaioannou le había enviado era Cuadernos Americanos; sin embargo, le parecía que esta revista cada día más se inclinaba por el estalinismo. «Además, las gentes están acobardadas, hay una especie de terror y todos tienen miedo de ser acusados de simpatizantes del imperialismo yanqui. La situación no es muy distinta a la de Europa, excepto que aquí no existe un grupo de intelectuales capaz de adoptar una posición realmente independiente. Imposible encontrar una posición semejante a la de Camus».

En esa carta, Paz reiteraba la petición a Lambert de colaborar con futuras revistas que nunca se llevaron a cabo, salvo una, la Revista Mexicana de Literatura, dirigida por Fuentes y Emmanuel Carballo —y donde Paz fungía como «el director de directores», de acuerdo con la opinión de Carballo—.[xxxvii] En ella, la presencia de Camus fue visible en los distintos números que publicaron.

Como ya dije, en 1967 apareció Corriente alterna, y muchas de sus páginas fueron un evidente homenaje a Breton, pero también una discusión con Camus. Aunque no lo citó, como lo advierte Domínguez Michael, pocos autores podrán haber recibido una influencia tan notable como la que Paz obtuvo de su lejano amigo. «La rebelión va acompañada de la sensación de tener uno mismo, de alguna manera y en alguna parte, razón. En esto es en lo que el esclavo rebelado dice al mismo tiempo sí y no», leímos en El hombre rebelde.[xxxviii] Casi cuarenta años después de haberlo conocido, Paz aún conversaría con él: «La libertad no es una filosofía y ni siquiera es una idea: es un movimiento de la conciencia que nos lleva […] a pronunciar dos monosílabos: sí o no».[xxxix] Lejos quedaban ya los días de La Rose Rouge, donde Paz, Camus y Fuentes se divertían bailando y discutiendo. En 1951 Paz salió de París hacia la India y Carlos Fuentes regresó a México.

[i] Carlos Fuentes, Myself with Others, New York, Farrar, Straus & Giroux, 1988, p. 22.

[ii] Helena Paz, Memorias, México D. F., Océano, 2003, p. 72.

[iii] Octavio Paz, «Carta a Gabriela Mistral», legado Gabriela Mistral. Biblioteca Nacional de Chile.

[iv] Carlos Fuentes Papers, Paz, Octavio; box 306, folders 1, 2, 3, 4; Manuscripts Division, Department of Rare Books and Special Collections, Princeton University Library. Agradezco a Ángel Gilberto Adame haberme proporcionado copia de esta y otra correspondencia del poeta. En adelante cito por la fecha de la carta.

[v] Albert Camus, Carnets, 2, en Obras, 4, Madrid, Alianza Editorial, 1996, p. 352.

[vi] Monique Fong, «Entre Octavio Paz y Marcel Duchamp», Tierra Adentro, 189 (marzo-abril de 2014), p. 72.

[vii] Citado por Tony Judt, Pasado imperfecto, Madrid, Taurus, 2007, p. 181.

[viii] «Acaso sea oportuno también publicar algo en Sur de esta terrible acusación contra lo que todavía algunos llaman “la patria del proletariado”», le escribe Paz a Bianco en carta del mes de diciembre. [Sin fecha], José Bianco Papers. Paz, Octavio, 1943-1979; box 1, folder 5; Manuscripts Division, Department of Rare Books and Special Collections, Princeton University Library. En adelante se cita por la fecha de la carta. Sobre esta correspondencia puede leerse «Concordia, las cartas a José Bianco», de Guillermo Sheridan, Habitación con retratos (2015).

[ix] «L’age d’or (La edad de oro) se estrenó en el cine Studio 28, al igual que Un Chien Andalou y se proyectó durante seis días a sala llena. Después, mientras la prensa de derechas arremetía contra la película, los Camelots du Roi y les Jeunesses Patriotes atacaron el cine, los cuadros de la exposición surrealista que se había montado en el vestíbulo, lanzaron bombas a la pantalla y rompieron butacas. Fue el escándalo de La edad de oro». Luis Buñuel, Mi último suspiro, Barcelona, Plaza y Janés, 1982 (versión para lector digital).

[x] Octavio Paz, «Cannes, 1951: Los olvidados», en Fundación y disidencia, México D. F., Fondo de Cultura Económica, 1994, p. 231.

[xi] Luis Buñuel, «[Querido Octavio:]», Vuelta, 41 (abril de 1980), p. 50.

[xii] En Ilegible, hijo de flauta. Argumento cinematográfico original de Juan Larrea y Luis Buñuel (Sevilla, Renacimiento, 2008), de Gabriele Morelli, puede encontrarse la historia de este argumento y la correspondencia relativa, excepto la publicada en la revista Vuelta.

[xiii] Juan Larrea, «Complementos circunstanciales», Vuelta, 40 (marzo de 1980), pp. 24 y 25.

[xiv] Octavio Paz, «De Octavio Paz a Luis Buñuel», Vuelta, 201 (agosto de 1993), pp. 72 y 73.

[xv] Carlos Fuentes, «Luis Buñuel», en Personas, México D. F., Random House, 2012 (versión para lector digital).

[xvi] En «Luis Buñuel. Cineasta de las dos orillas», Fuentes narra la misma escena del cineclub en Ginebra y modifica lo dicho anteriormente. Asegura que fue allí donde vio por primera vez no La edad de oro, sino Un perro andaluz, lo que desmentiría a sus antiguos amigos que años antes, justo en esa época, habían publicado que en su compañía vieron la cinta en México, origen del movimiento basfumista. El párrafo es el siguiente: «En 1950, estudiaba en la Universidad de Ginebra y frecuentaba un cineclub en la ciudad suiza. Allí vi por vez primera Un perro andaluz de Luis Buñuel. El presentador de la película explicó que se trataba de la obra de un cineasta maldito muerto en la guerra de España. Levanté la mano para corregirlo. Buñuel estaba vivito y, supongo, coleando, en la Ciudad de México y acababa de filmar una película, Los olvidados, que sería presentada ese mismo año, 1950, en el Festival de Cannes». Nexos, 277 (enero de 2001), p. 50. La película, por cierto, se presentó en 1951.

[xvii] Octavio Paz, «El cine filosófico de Buñuel», en Corriente alterna, México D. F., Siglo XXI, 1967, p. 113.

[xviii] «Avec Octavio Paz et Luis Buñuel, Julio Cortázar représente aujourd’hui l’avanta garde, l’Amérique du Sud. Avec Paz, il partage la tensión incandescente de l’instant en tant que poin suprême de la marée temporelle. Avec Buñuel, il partage la visión de la liberté en tant qu’aura du désir permanent, d’une insatisfaction aujourd’hui frappé d’interdit, et, partant, révolutionnaire». Carlos Fuentes, «Trouverai-je la Sibylle?», La Quinzaine Littéraire, 20 (15 de enero de 1967), p. 6. Esta reseña aparecería unos meses más tarde en Mundo Nuevo, la revista de Emir Rodríguez Monegal, con el título de «Rayuela: la novela como caja de Pandora», Mundo Nuevo, 9 (marzo de 1967), p. 69, y fue incluida en La nueva novela hispanoamericana (1969).

[xix] En Personas, Fuentes narra que conoció a Cortázar en 1960 en París, sin embargo, la fecha es errónea. Fue en 1961, según puede corroborarse en la correspondencia de Cortázar, en la carta a Susana Speratti del 27 de octubre de 1961, donde le comenta que acaba de conocer a Fuentes (Julio Cortázar, Cartas 1955-1964, Buenos Aires, Alfaguara, 2012, p. 256). En adelante se citan las cartas de Cortázar publicadas por Alfaguara por la fecha.

[xx] Anthony Stanton, «Paz y Cortázar: estéticas paralelas», Literatura Mexicana, 17.2 (2006), pp. 213-222.

[xxi] Sobre las opiniones de Paz alrededor de Cortázar en Sólo a dos voces (México D. F., Fondo de Cultura Económica, 1999), véanse las páginas 129-135.

[xxii] Braulio Peralta, «Cortázar, la vida como juego metafísico: Paz», La Jornada (20 de febrero de 1994), p. 28.

[xxiii] Mario Vargas Llosa, «La muerte de Aurora», El País (16 de noviembre de 2014). Recuperado de <http://elpais.com/elpais/2014/11/13/opinion/1415893327_540070.html>.

[xxiv] Octavio Paz, «Literatura de fundación», en Fundación y disidencia, cit., p. 43.

[xxv] Carlos Fuentes, «Situación del escritor en América Latina», Mundo Nuevo, 1 (julio de 1966), p. 9.

[xxvi] Octavio Paz, «Cartas de un editor», Letras Libres, 112 (abril de 2008), p. 14.

[xxvii] Octavio Paz, «El poeta Buñuel», en Fundación y disidencia, cit., pp. 222 y 223.

[xxviii] Paz, Octavio, «El cine filosófico de Buñuel», en Fundación y disidencia, cit., p. 44.

[xxix] Octavio Paz, «El poeta Buñuel», en Fundación y disidencia, cit., p. 225.

[xxx] Carlos Fuentes, «Viendo visiones», en Viendo visiones, México D. F., Fondo de Cultura Económica, 2003, p. 20.

[xxxi] Albert Camus, «Discurso de Suecia», Obras, 5, Madrid, Alianza Editorial, 1996, p. 181.

[xxxii] Octavio Paz, «Inicuas simetrías», en Miscelánea, 3, Barcelona, Círculo de Lectores, 2002, p. 204.

[xxxiii] Guadalupe Nettel, «Jean-Clarence Lambert, buscador de poesía», Nouvelles du Mexique, 1 (junio-agosto de 2001). Recuperado de <http://mexiqueculture.pagesperso-orange.fr/nouvelles1-lambert.htm>.

[xxxiv]Una fotografía del original de esta publicación se encuentra en la página dedicada a Breton <http://www.andrebreton.fr/work/56600100999904#>. Allí se muestran también varios documentos manuscritos del poeta francés donde se incluye a Paz como parte de las actividades de los surrealistas, en particular, las que se refieren a la participación del mexicano en L’Art magique, entre otras.

[xxxv] Christopher Domínguez Michael, Octavio Paz en su siglo, México D. F., Aguilar, 2014, pp. 150 y 151.

[xxxvi] Octavio Paz, Jardines errantes, México D. F., Fondo de Cultura Económica, 2008, pp. 56 y 57. En adelante se cita por la fecha de la carta.

[xxxvii] Iván Pérez Daniel, «Notas sobre los orígenes de la Revista Mexicana de Literatura». Tema y Variaciones de Literatura, 25 (segundo semestre de 2005), p. 153.

[xxxviii] Albert Camus, El hombre rebelde, Buenos Aires, Losada, 1978, p. 17.

[xxxix] Octavio Paz, «Poesía, mito, revolución», Vuelta, 152 (julio de 1989), p. 8.

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