Tal visión de la crítica y del periodismo en general coincide con los presupuestos defendidos dos años atrás, presupuestos que se plasman en los sustantivos «imparcialidad y severidad». Si, a la altura de 1888, se presentaba como un objetivo a conseguir el que los periódicos deban inspirarse «en altos ideales y en los principios de una crítica severa. Éstos serán, pues, nuestros principios de conducta. Imparcialidad y severidad» (LV, 1-I-1888). Ahora en 1890, cabe reconocer que se ha tratado de ponerlo en práctica:

Dos años, poco más, hace que desarrollábamos en estas mismas columnas y con ocasión semejante, análoga doctirna, los que nos han seguido en nuestro camino ¡así ellos estén satisfechos como nosotros se lo agradecemos! saben con cuánta perseverancia y escrupulosidad hemos cumplido nuestros compromisos y nos hemos mantenido fieles a nuestras teorías (LV, 22-II-1890).

 

Otra de las ideas medulares o de los principios rectores que, a juicio de la redacción, debe caracterizar el periodismo moderno es que tome como objeto primordial de su análisis el ser «reflejo de la civilización», de la sociedad y de ésta en su totalidad y complejidad. De ahí que se considere que «todo entra en la jurisdicción del periodismo»:

El periódico moderno no puede ser hoy, como tantos años, un conjunto de trabajos en los cuales era principal cuando no único elemento, la fantasía y el ingenio del escritor; como tampoco puede ser un conjunto de noticias sin trabazón y sin arte. La hoja diaria hoy, como reflejo de la civilización, ha de confeccionarse con el procedimiento que pide dato, dato y dato; pero ha de ser tan compleja como la civilización misma, y desde el relato del suceso chico o grande hasta el examen del fenómeno científico más complicado abarcando con la palabra ciencia cuanto es objeto de inteligencia, todo entra en la jurisdicción del periodismo conforme hoy se practica, todo tiene en el periódico su retrato o su remedo (LV, 22-II-1890).

 

La actualidad social, política, económica pero asismismo literaria y científica es materia pertinente en la prensa. Esta declaración tiene su importancia pues ya no es la revista específicamente literaria, artística, científica o cultural el ámbito en el que de modo particular —y para minorías— se analizan estas materias, sino que asimismo la prensa diaria se erige en plataforma oportuna y óptima para la difusión, crítica y valoración de obras literarias o artísticas.

En este sentido, debe reconocerse el destacado lugar que ocupa La Vanguardia en el conjunto de la prensa diaria publicada en Cataluña en la última década del siglo xix. En sus páginas, desde el arranque de su nueva etapa en 1888, cabe advertirse la presencia constante de una sección literaria firmada por importantes escritores que, como colaboradores habituales, contribuyen con sus juicios críticos a la educación estética del público lector o bien a dar amplia resonancia a acontecimientos de la vida cultural y literaria del momento.

Así, en una de las notas informativas que abren la edición del 1-I-1888 —al iniciarse la segunda etapa del periódico— se daba a conocer la intención de que colaboraran importantes firmas en su confección: «Hemos reorganizado nuestra redacción; hemos formado importante colaboración de escritores conocidos y reputados que enviarán a nuestro periódico trabajos originales e inéditos».

Nota que se sitúa en la misma línea que la «Advertencia» publicada unos días después en la que se daba a conocer el propósito de iniciar una sección dedicada a cuestiones literarias; sección que van a ocupar en primera instancia las plumas de Perés, Yxart y Sardá, a lo largo de varios años: «La Vanguardia ha abierto en sus columnas, en obsequio del lector y con objeto de darle lectura variada y amena, una sección exclusivamente literaria, en la cual se propone publicar trabajos de las firmas reputadas entre los literatos y estimadas del público dentro del género que cultivan» (LV, 10-I-1888).

En el balance realizado dos años después se advierte la importancia cada vez mayor que ha ido cobrando esta sección gracias a la colaboración de prestigiosos críticos y a la publicación de trabajos de carácter monográfico en ella:

Convertido de ese modo en ancha antesala del libro, el periódico es tanto mejor cuanto más especializados tenga sus trabajos, y cuantos más elementos de la moderna civilización ponga a contribución en sus páginas. A esta necesidad ha respondido y responde la multiplicidad de nuestros redactores y colaboradores diarios, entre los cuales hay, como saben nuestros lectores, literatos y hombres de ciencia políticos y artístas de todas las artes (LV, 21-II-1890).

 

III

Los críticos más importantes de La Vanguardia en los años que median entre 1888 y 1902 fueron, para las letras españolas, Yxart (1852-1895), Ramón D. Perés (1863-1956), Joan Sardà (1851-1898) y Josep Soler i Miquel (1861-1897), aunque bueno es advertir que otras plumas se ocuparon de la literatura española en alguna serie de artículos. Tal es el caso de Antonio Cortón y Ramón Pomés. La Vanguardia ofrece el primer texto de Yxart el 17 de febrero de 1888. Se trata de la conferencia «La crítica y el arte», dictada en el Círculo Artístico el día anterior. Dicha conferencia motivaría una polémica de Yxart con el crítico Luis Alfonso (un crítico segundón que años antes había polemizado con Clarín y con Pardo Bazán) usando el primero la tribuna de La Vanguardia y Alfonso las páginas de La Dinastía, diario barcelonés conservador y antirepublicano. A partir de este momento su colaboración en La Vanguardia será habitual hasta su prematuro fallecimiento.

Total
2
Shares