El examen de la Escuela Universalista permite discernir diversos sectores o subescuelas en virtud de los campos disciplinares, pero asimismo importantes círculos de relación y comunidades; también, claro está, individualidades, y ciertos aspectos o esferas que conviene especificar. A fecha de hoy, las investigaciones han hecho posible el trazado de toda la base de la escuela, aun siendo preciso insistir en que aún no se debe dar por cerrado este estudio, pues la emergencia de una extensa gama compuesta por varias decenas de autores, más sus precedentes inmediatos, y también precursores alejados además de autores relacionados y consecuentes, exige aún más concretas exploraciones. Sobre todo a autores americanos e italianos atañe esto. Es mucho lo que resta por matizar, especialmente en lo que se refiere a personalidades no de primer orden, o a la reinterpretación de algunas importantes y de sus discípulos.

Desde que en 1987 quedaron calificados por primera vez con el término de «universalistas» estos autores o sus obras, hemos insistido sobre Juan Andrés, Lorenzo Hervás y Antonio Eximeno como las grandes figuras de la en nuestro tiempo denominada Escuela Universalista Española o Hispánica. Pero a éstos se han de sumar muchos otros, centralmente los botánicos y naturalistas, españoles, americanos, filipinos: Antonio José Cavanilles, José Celestino Mutis, Francisco Javier Clavijero, Franco Dávila, Juan Ignacio Molina, Joaquín Camaño, Juan de la Concepción y otros; también Eximeno, Requeno y los musicólogos. Algunos de ellos perfectamente reconocidos, si bien de forma aislada, en ciertos sectores disciplinares, mientras otros sencillamente permanecen casi desconocidos. La subescuela mexicana, encabezada por Clavijero, pero también por Márquez, es sin duda la más nutrida y todavía menos examinada. La diferencia consiste en que aquellos tres llevaron a término proyectos metodológicos clave para la construcción cenital del universalismo desde criterios comparatistas, para la ciencia, la cultura, la literatura y la historia moderna de las ideas. Pero, por ejemplo, Clavijero es quien aporta, directamente, la gran visión de la población indígena, el otro lado humano que permite cerrar el horizonte universalista respecto de ese término fundamental. O finalmente, téngase en cuenta que la producción físico-matemática y astronómica creó una prolongada tradición interesantísima de confluencia humanística y humanitarista en su derivación meteorológica y sismológica gracias a Benito Viñes en La Habana y Federico Faura en Manila, a su vez proseguida por sus discípulos directos.

Ha quedado explicado por nuestra parte en otro lugar el método utilizado para establecer la adscripción de los miembros y, a fin de cuentas, las dimensiones de la escuela. Esto cabe resumir que ha consistido en determinar, de manera separada o combinada, tres aspectos sobre los autores: a) entidades de concepto y temáticas o disciplinares; b) relaciones intelectuales acerca de obras e ideas, o entre individuos pero en tanto conducentes a obras e ideas; c) todo ello sobre la base de un pensamiento o ideación de universalismo de contenido humanístico, científico, literario e histórica y disciplinariamente integrador y, por principio, radicalmente internacionalista o intercontinentalista. Si el criterio de integración es de evidente ambición tradicional humanística o bien moderna globalista, tanto para la ciencia como para la historia, el criterio de internacionalismo e intercontinentalismo, también notablemente revelador, atiende sin embargo a un aspecto que no sólo es remisible a diversos planos de la realidad, sino que, en ocasiones, requiere ser concretamente matizado. Es un hecho que la aplicación a un objeto discernible como universalista o globalista, internacionalista o intercontinentalista no cabe ser definida desde las limitaciones simplemente establecidas desde una posición cultural o geográfica de localización meramente opuesta por distante, sino mediante determinación de la propia naturaleza y función del objeto que se toma a consideración. Por lo demás, cada decisión concreta adoptada acerca de la inclusión de autores, viene precedida por un riguroso y puntual análisis que aquí no será necesario explicitar más allá de rasgos de concepto esenciales o bibliográficamente muy caracterizadores.

La solidaria formación del núcleo de la escuela y su entorno, el saber universalista de su concepción intelectual, se encuentra al amparo de un comparatismo de raigambre clásica. Su proyecto de ciencia futura arranca del conocimiento del pasado y ancla en la filosofía empírica y la física newtoniana según ya establecía Andrés colegiadamente en el que denominamos «primer programa epistemológico» de la Escuela Universalista, Prospectus Philosophiae Universae (obra que verá la luz próximamente en edición bilingüe latín-español). Este programa permite delimitar un amplísimo, totalizador perímetro de acción y confluencias que concierne a las grandes vértebras científicas vigentes y de proyección futura. Nuestra discriminación acerca de los «escuelistas» requiere por ello mismo un examen razonado y autolimitativo del cual aquí ofrecemos tan sólo algunos resultados obtenidos.

El hecho ya referido de que los universalistas en su mayoría fuesen jesuitas describe una circunstancia importante, pero no más que una circunstancia y parcial, siendo además el caso que el haber focalizado con preeminencia tal cosa relativa a orden religiosa ha contribuido gravemente a cegar otras posibilidades de estudio propiamente epistemológicas, sobre todo las relativas a la especificidad de las portentosas investigaciones realizadas por los escuelistas e incluso la misma determinación del concepto «universalista», cuyo anclaje es culturalmente general pero fueron estos autores quienes decidieron culminar de forma especializada, a su modo. También es de advertir acerca de que la circunstancia de la profesión religiosa predeterminó la condición misionera de algunos de los autores, su diseminación por las Indias, su altísima movilidad geográfica desde América a Asia y cómo la operación política de la expulsión española de los jesuitas en 1767, que había de reunirlos en Italia, recreó una especial modalidad de transterramiento cuya fenomenografía sociohistórica y circunstanciación según individuos concretos tuvo como resultado factores reconocidamente adecuados para la expansión intercultural y el incremento de sentido comparatista. Si ese campo y esos estudios, además de un argumento teórico humanístico, venían precedidos por la gran comunidad política y cultural hispánica, no sólo religiosa, es de recordar que importantes universalistas como Franco Dávila o Javier de Cuéllar no fueron jesuitas, ni misioneros ni siquiera sacerdotes. Y es de advertir parejamente acerca de la actividad expedicionaria, política y concerniente a los grandes viajes comerciales y científicos cuya relevancia es manifiesta y a día de hoy suficientemente conocida. Pero permítasenos cerrar el bucle del argumento: una cosa es el posible tratamiento historiográfico aplicable a la historia de las expediciones y otra bien distinta la historia de las ideas, aunque el impulso expedicionario pueda ser también objeto de esta última, pero sobre todo de la historia de la cultura y no de las ideas.

La escuela en su conjunto describe confluencias científicas especificables, por una parte, mediante una serie de esferas o «círculos» de relación de los autores concernidos, a veces en una suerte de «comunidad», a su vez en intersección con los campos disciplinares o temáticos: bibliográfico, lingüístico, botánico, físico, americanista, filipinista… De ahí, con frecuencia, la posible discriminación de subescuelas y subgrupos. Como no podía ser de otro modo, existen a su vez múltiples relaciones, ya como antecedentes próximos, es decir «autores relacionados», también subsecuentes, o bien como antecedentes más o menos lejanos, es decir, precursores. Salvo alguna excepción, apenas entraremos aquí en las repercusiones y consecuentes. En cualquier caso y según adelantamos, la Escuela Universalista es precursora insospechada, como gran antecedente intelectual, esto es, en su mejor posible sentido, de la globalización. Todo ello especifica muy diferentes formas del saber, de su continuidad y discontinuidad.

Juan Andrés y Lorenzo Hervás son quienes configuraron no sólo obras de totalización enciclopédica culminante sino dos auténticas comunidades de estudiosos, dos comunidades intelectuales y científicas altamente internacionalizadas, por nuestra parte ya bien estudiadas cuando menos en sus grandes aspectos e individualidades. Cabe asegurar una treintena aproximada de autores como «escuelistas», y sus tendencias y caracteres más generales, grupos y tematizaciones, que son las disciplinares ya enumeradas; también a los autores con más eficiencia «relacionados», incluyendo los precedentes y algunos subsecuentes. Hervás dispuso de una verdadera red de informantes o colaboradores en Europa, América y Asia. Entenderemos por «relacionados» aquellos autores discriminables mediante algún relevante concepto de universalismo o de vinculación a éste, ya por distinción analógica o ya por fehaciente integración participativa. Esta categoría de «relacionados» incorporará un entorno de hasta aproximadamente un siglo a la redonda, si se permite la expresión. Se indicarán pues las principales evoluciones y, por último y sin discontinuidad, la apreciación incluso de antecedentes lejanos. Según lo referido, se entenderá que las relaciones pueden establecerse, siguiendo el método comparatista, como «de facto» o bien «por analogía». Se trata de una gama de individuos con frecuencia calificable, al modo de la comparatística, de talentos dobles, cosa que otorga extraordinaria solidez y amplitud generalista a esta escuela y permite, por otra parte, considerar el aspecto de pluralidad tematológica como caracterizador de la misma. También se trata de sacerdotes y profesores, preceptores, misioneros, empresarios y expedicionarios, funcionarios de la administración, y comúnmente viajeros, a menudo abocados por la fuerza al viaje como destierro, pero en cualquier caso cosmopolitas y, de concepto y hecho, constructores de una imagen más plena y totalizadora del universo, de la naturaleza, del mundo humano y científico.