
Marina Azahua
Archivo agonía
Editorial Sexto Piso
280 páginas
Como forma de detener la muerte o captar su núcleo y esencia, la artista Edith Vogelstein-Silva, indagó antes de morir, por medio de su obra fotográfica, en aquellos segundos que preceden a la muerte, entre ese paréntesis en que el cuerpo avista la posibilidad de un último suspiro y el momento en que ese suspiro sucede, en ese punto de no retorno, paréntesis que suele durar, a los ojos de la cámara de Edith, segundos, realizando con estos registros un archivo visual de ciertas agonías y las circunstancias precisas en las que estas ocurren.
La novela Archivo agonía de la escritora mexicana Marina Azahua reúne un conjunto de registros de las agonías captadas por Edith y cómo su pareja, Raquel Sánchez, se esmera en buscar editor para el archivo de la artista ya muerta. Rastrojea en ellos, los ordena, clasifica y comenta, generando una ficción de ese riquísimo material, cumpliendo así con la idea de la novela construida a partir de la ficción del archivo de la que nos habla Roberto González Echevarría en Mito y archivo: Una teoría de la narrativa latinoamericana, donde la novela se construye con base en las ficciones del archivo encontrado, archivos que organiza un historiador interno que «lee los textos, los interpreta y los escribe», cumpliendo, en este caso, esa función Raquel, la pareja doliente de la artista desaparecida.
La novela está narrada y se estructura sólidamente sobre el recurso del registro epistolar, cartas intensas se suceden entre Raquel y Gabriel, editor de renombre que escucha la petición de editar el material inédito que ha quedado tras la muerte de Edith: 86 cuadernos llenos de imágenes y recortes, fotos extrañas y anotaciones inconexas, escritas en una caligrafía también inusual, donde Raquel le solicita a Gabriel, en estas cartas fechadas en el año 2015: «Ni más ni menos que consideres publicar un libro de mi amante».
El libro en proceso, ese libro en bruto, es el archivo de Edith, la artista que también muere en extrañas circunstancias y que se dedicó obsesivamente a registrar y a analizar muertes insólitas y dolorosas, como por ejemplo la del monje Thích Quảng Đức, que se autoinmola en una calle pública de Vietnam; la imagen del último suspiro de Ruth Snyder, mujer que muere en la silla eléctrica; la de Omayra Sánchez, una niña que ante la erupción de un volcán en Colombia, agoniza durante sesenta horas entre el barro y los escombros a la vista de todos los que no pudieron salvarla; o la del hombre que muere en las vías del metro de New York empujado despiadadamente por otro, muertes que abren una de las reflexiones centrales de este oscuro y desgarrador libro, y que es la pregunta acerca de la muerte pública y la ética de su registro.
La pregunta acerca de esa ética es la que atraviesa esta novela-ensayo de Marina Azahua, configurando al texto no solo como un archivo acerca de la agonía sino que también como una reflexión acerca de su responsabilidad: «¿Seremos capaces, como humanos, de acompañar una muerte pública sin que la contemplación se convierta en una extensión del castigo?». Cómo representar de forma cuidada este proceso, o el qué implica ver morir a alguien, pensando que casi todas las muertes ocurren en compañía, o incluso qué implica registrar ese momento terrible en una foto, cuestiones que configuran la poética de este libro, las que lo atraviesan.
Así como Susan Sontag y su libro Ante el dolor de los demás indaga en la representación de la muerte, la guerra y la violencia; y Enrique Vila-Matas en Suicidios ejemplares presenta un cúmulo de historias de suicidios imaginarios para pensar en su propia muerte, Azahua concreta un catálogo de ciertas agonías para indagar en aquello que se esconde en esos últimos momentos antes de la desaparición, dando paso así a este monumental proyecto, donde el personaje principal, Raquel, indaga en la agonía que registró su novia Edith, en esos segundos en que el cuerpo deja de latir y su inminente destino, para cerrar con esa carta fundamental que no se la escribe Raquel a Gabriel, sino alguien que se ha enterado de cómo esta última ha caído gravemente enferma, para concretar así el proyecto y poética de este libro que es la pregunta por la muerte del otro y cómo es que la registramos y observamos para dar con el núcleo de ese último suspiro.