Manuel Rico
Qué es la poesía
Sílex ediciones, 2025
67 páginas
POR MARTÍN RODRÍGUEZ-GAONA

En el breve ensayo Qué es la poesía Manuel Rico nos ofrece una perspectiva personal de los distintos aspectos que conforman el fenómeno poético contemporáneo. El enfoque, de acuerdo a requisitos editoriales, no pretende ser exhaustivo, mas sí ofrecerse como una introducción al género y una invitación al diálogo. De este modo, en concordancia con la decidida aproximación generacional -desde los setenta, en el ocaso de la dictadura-, sus páginas brindan recomendaciones sobre cómo enfrentar la lectura de un género minoritario y difícil, a la vez que critican aspectos de la ciudad letrada y el mundo del libro (el acecho de lo mercantil, que amenaza la autonomía artística y la libertad de expresión).

Estructurado en siete apartados, cuatro tratan aspectos testimoniales o sociológicos (la iniciación personal en el género -bajo la hegemonía de los Novísimos-, la lectura y la escritura, la difusión y la crítica) y dos aspectos acaso ontológicos (lo inefable y la utilidad de la poesía), cerrando con una sugerencia para sus practicantes (la humildad).

Así, tras consideraciones sobre la clase social y el origen de los poetas (mayoritariamente omitidas en este tipo de textos), el ensayo ofrece un compendio de definiciones de autores de distintas épocas, idiomas y estilos. Estas son matizadas por unas cuantas definiciones del propio Rico, que a su vez coinciden con las de grandes poetas como Ezra Pound y Lezama Lima. Fuera de la pertinencia de esta muestra, los diálogos y ecos abiertos confirman que la definición de poesía constituye un género tentativo y aforístico, tendiente a lo polifónico (algo que el formalismo y otras aproximaciones científicas no han logrado desplazar).

Sin embargo, descartando cualquier populismo, Manuel Rico sostiene con contundencia que la poesía y su lectura tampoco pueden satisfacer a todos. Se recoge el curioso caso del editor Jaime Salinas, hijo de Pedro Salinas, amigo de poetas de los cincuenta, que se declaraba negado para la lectura de poemas. Una imposibilidad de raíz freudiana o casi una patología, podría decirse, como en los intolerantes a la lactosa, pero que debe ser comprendida y respetada, ya que tal aceptación implica también que la poesía como género debe mantener siempre, pese a su pluralidad, ciertos valores y exigencias («güisqui a secas», en la analogía de Fernando Quiñones).

Con respecto a la lectura, un acierto didáctico es la relación que Manuel Rico establece entre la poesía y las artes plásticas, las que comparten el énfasis en la materialidad y la contemplación:

«Por lo general, sin embargo, leer poesía es leer poema: esa es la unidad de lectura, la unidad de crítica, la unidad de percepción artística. Es en ese proceso cuando advertimos esa similitud con la contemplación de un cuadro: todos los elementos del poema están accesibles a nuestros ojos en un muy breve espacio de tiempo. Los procesos de relectura, de conocimiento de lo esencial del poema -y de su totalidad- pueden sucederse de modo casi inmediato».

Otros aspectos valiosos por la larga experiencia de Rico como crítico, editor y gestor cultural, serían sus cálculos en cuanto a los lectores de poesía en España. Así la poesía de expresión literaria o artística, en el mejor de los casos, alcanzaría los 2.000 lectores, cifra muy alejada de las de fenómenos sociológicos o mercantiles como la poesía pop tardoadolescente.

Qué es la poesía continua con sugerentes impresiones sobre la relación de la poesía y los medios de comunicación, deteniéndose en el influjo de la televisión, la radio e internet (con apuntes sobre cantautores e influencers). Dada la visibilidad de estas figuras, el autor considera cada vez más crucial la función paradigmática de un crítico cultural-poeta como T. S. Eliot.

Este enfoque poliédrico y pragmático al fenómeno poético es el que permite a Manuel Rico abogar finalmente tanto por una pluralidad de estéticas como por la autonomía del lenguaje artístico, algo que lo obliga a establecer distancia frente a la poesía esencialista y su proselitismo elitista.

Debe subrayarse asimismo que Qué es la poesía es un libro ágil, escrito con una prosa sugerente y clara, que concilia los a veces antagónicos oficios del periodista y el poeta. El acierto fundamental del mismo sería, por consiguiente, trazar un riguroso testimonio de una experiencia histórica y comunitaria que, paradójicamente, conecta con una temporalidad que propicia una segunda dimensión de lo real. Sin temor a reconocer que la poesía también está en la realidad y es reconocida cabalmente como encanto y misterio por quienes no la leen ni la escriben.