Rodrigo Gervasi
Una grieta dentro de una casa
Editorial Sexto Piso
120 páginas
POR CLAUDIA APABLAZA

«Habrá quien piense que esta habitación es minúscula y a quien le parezca más que suficiente. Es la habitación en la que vivo. Una cama individual pegada a la pared entre un armario y una librería. En la pared opuesta, dos estantes colgados y un escritorio cerca de la ventana. No me gusta el escritorio, es pequeño e incómodo, y no pienso cambiarlo», así comienza la novela La grieta del escritor español Rodrigo Gervasi, que narra la experiencia de Hugo, un joven desempleado que pasa la mayor parte del día en el piso que comparte con otros compañeros, y cuya particular mirada pone el foco en cada detalle físico del hogar, en los elementos del interior de la casa que no solo cumplen la función ornamental y práctica, sino que responden a la función de explicarse los afectos, la vida personal, los vínculos y cómo se relaciona con sus compañeros de piso.

En La grieta el narrador sitúa la mirada en lo que significa habitar pisos compartidos, y cómo los que habitan esos espacios sienten, se comportan y relacionan, todo a partir de las cosas que delimitan el espacio: la luz, los rincones vacíos, las puertas, los ruidos, las ventanas, la humedad, las escaleras, la máquina de afeitar, el jabón, los muebles, la oscuridad, los metros cuadrados de cada habitación, entre otras. Detalles espaciales fijos que sostienen la subjetividad de los protagonistas y le otorgan monotonía al cotidiano.

Así, la novela La grieta es una reflexión acerca de cómo el espacio material determina nuestras vidas y las relaciones humanas, una mirada que hace sintonía con lo que expuso Junichirō Tanizaki en su magistral ensayo El elogio de la sombra, donde se aferra a la idea de pensar cómo los elementos de un hogar no solo están al servicio de una función práctica o decorativa sino cómo los objetos de un espacio determinan atmósferas, influyen en la subjetividad y la belleza de las experiencias. Así, Hugo, el personaje triste y melancólico de La grieta, nos dice: «Cuando mis compañeros de piso han salido y estoy solo en casa, deambulo por las estancias vacías. Cruzo descalzo el pasillo hasta la cocina y miro la encimera sin migas, el patio de luces al que da la ventana y el baño de la vecina, grande y elegante». Formas de mirar que, por otro lado, también observó el escritor francés Georges Perec, sobre todo en sus libros Especies de espacio, Las cosas, y La vida instrucciones de uso, además del filósofo Jean Baudrillard en su libro El sistema de los objetos.

Pero en esta novela no todo es una luz fija que sostiene -«Paseo por la casa fijándome siempre en los mismos detalles, pensando en las mismas cosas»-, sino que también se abren eventos particulares que generan tensión y quiebre en esa seguridad. Se abren fisuras desde donde entra otro tipo de luz, una oscuridad al cotidiano y desde donde los elementos del hogar y sus habitantes también se desfiguran. De ahí surge el título de este libro, esa «grieta» que se abre en ese cotidiano del hogar compartido, donde un evento específico complejo da un giro a la narración y a la vida de los personajes.

Más allá de la luz, la oscuridad y estas fisuras, La grieta también es una novela que reflexiona acerca de la soledad de los pisos compartidos, el ir y venir de nuevos habitantes al hogar que dejan vacíos y quiebres y con los cuales no es posible establecer relaciones duraderas, más allá que los objetos fijos que pueblan el hogar: «En la habitación oscura vive Santiago, quien reemplazó a Andrés, que en su momento había ocupado el lugar de Valentina. En la grande han vivido Paloma, luego Natalia, y ahora está Gabriel». El libro refleja esa soledad de los pisos compartidos, donde en cada habitación hay un mundo, una casa, y por donde desfilan mes a mes nuevos compañeros de piso con los que no se logra establecer vínculos sostenidos.

Por último, La grieta también es un retrato generacional, no hablo de generación X, Y, o Z, sino una generación más amplia, aquella precarizada por la forma de habitar los espacios, marcada por el deseo de vivir en las grandes ciudades, y cómo la luz que atraviesa esos pequeños ambientes determinan las historias personales.