Ida Vitale
La ley de Heisenberg
Ampersand
200 páginas
POR SOFÍA DE LA VEGA

La elegante editorial Ampersand ha armado la colección Lector&s de tal forma que no podemos saltearnos ninguna novedad. Cada uno de los libros propone un mapa de lectura y los convocados eligen el camino para contarlo: Archipiélago, por ejemplo, el último libro de Mariana Enríquez, forma islas para hablar de sus obsesiones; Daniel Link, intelectual argentino, en La lectura, una vida, escribe una memoria de la cultura porteña y sus maestros; en Libros chiquitos, de la poeta Tamara Kamenszain, el recorrido parte de la relación entre dinero y lectura; también tenemos a Margo Glantz en Un texto encuentra un cuerpo recuperando a las heroínas en sus lecturas instituyentes de la juventud. Esto es solo para nombrar algunos y para diferenciar el trabajo que hace Ida Vitale en La ley de Heisenberg.

La centenaria escritora uruguaya, reconocida principalmente por más de sus veinte libros de poesía, tiene también una obra híbrida de prosa, ensayo, crítica que se equipara en importancia y, hasta diría, destaca por su lucidez. En este grupo de libros «raros» podemos ubicar a La ley de Heisenberg, un compilado de ensayos, fragmentos de conferencias, artículos, que van desde la década de los sesenta hasta la actualidad. Sin embargo, la reunión de textos arma una unidad sólida en la que podemos leer la persistencia del estilo y pensamiento de Vitale. A diferencia de otros libros de la colección Lector&s, no es una memoria ni una autobiografía, aunque por supuesto tiene pinceladas sobre la infancia para hablar de las primeras lecturas, pero este compendio se acerca más a un manifiesto de lectura, una propuesta de cómo leer y acercarse al mundo de los libros. Ida Vitale no se ciñe a ningún género sino que habla en los mismos términos de poesía como de prosa, así como también de literatura uruguaya, argentina, italiana, francesa. Algunos ensayos se dedican específicamente a figuras como Nicanor Parra, Flaubert, César Aira, Sara Gallardo, Dino Buzzati, Juan Carlos Onetti, Edgar Bayley, Armonía Somers, Beckett, Eugenio Montale, Macedonio Fernández.

El ensayo que da título al libro se refiere al principio de incertidumbre que afirma que no se puede conocer con precisión la velocidad y posición de una partícula. Ida Vitale inicia este texto contando el encuentro de un libro de Montale firmado por él mismo en la biblioteca de una universidad. A partir de esta escena recapitula otros particulares encuentros con libros y usa la metáfora de Heisenberg para ubicar a la lectura y escritura en ese mismo lugar de incertidumbre.

Otro ensayo a destacar es «Los padecimientos de la imaginación» donde Vitale se posiciona en defensa de la imaginación y en contra de la visión únicamente utilitaria de la lectura/escritura. Toma una frase de Mircea Eliade que dice «carecer de imaginación es hallarse separado de la realidad profunda y de su propia alma». En esos mismos términos hablaba el teólogo Adolphe Gesche que piensa a la imaginación literaria como la base de la imaginación religiosa, para él imaginar es una revelación del mundo, y sirve para encontrar las huellas del pasado no tramitadas por la realidad. Es la verdadera forma de aprehender. Vitale lo afirma, para ella la imaginación no puede ser una evasión desde el pensamiento clásico sino que es una manera de ver el mundo en su totalidad, es el lugar donde inventamos nuevas relaciones entre lo que existe «y propone recursos para que esas nuevas relaciones sean visibles para todos». Entonces, la propuesta sería usar la imaginación como herramienta colectiva, el derecho a la fantasía para comprender el mundo. Creo que más que nunca estos enunciados resuenan.

En uno de los textos de más largo aliento, «Lo que traté de hacer con ello», retoma este carácter social de la literatura y se dedica a hablar de la poesía. Sin usar anécdotas, hace un recorrido por todas las variantes del quehacer del poeta. Piensa que por supuesto un médico es más importante, pero ambos oficios deben cumplir su tarea para la comunidad. Vitale se pregunta por qué los poetas se empecinan en escribir cuando la prosa es el habla de todos. Y responde que la poesía sirve para surcar los misterios. «El poema es, entonces, la interrupción del silencio, de ese silencio que reina, maravilloso, en el mundo mientras no es derrotado». Para Vitale, participar en ese misterio, en el silencio, es participar de lo real.

La ley de Heisenberg no es un libro de poemas, sin embargo, genera el mismo efecto y sus misterios nos quedan resonando al terminar.