
Carmen M. Cáceres
La ficción del ahorro
Fiordo
112 páginas
Gatopardo
112 páginas
Posadas es la capital de la provincia de Misiones, ese bracito del mapa de la Argentina que se adentra entre Brasil y Paraguay, y que termina en una triple frontera y en las majestuosas cataratas del Iguazú. Es un lugar pequeño, pero es una ciudad y no una toldaría de campo. Es, digamos, un territorio extraño para la literatura argentina. Y sin embargo, ahí —a mil kilómetros de la ciudad de Buenos Aires— transcurre La ficción del ahorro, una novela de Carmen M. Cáceres. Los hechos ocurren en el verano de 2001, cuando faltan algunos meses para que desencadene la dramática crisis de diciembre de ese año pero ya se rumorea que habrá una retención bancaria del dinero de la gente (algo que después se conoció como «corralito»). En todo el país la gente comienza a desconfiar de los bancos y, si puede, de a poco retira lo que tiene en las cuentas o en las cajas de seguridad.
La novela de Cáceres es breve: gira alrededor de una familia, un territorio (la mencionada Posadas, donde Carmen M. Cáceres, la autora, nació en 1981) y unos cuantos fajos de billetes de dólares. Y avanza a buen paso: con acción, con imágenes.
La protagonista se llama Belén y es una chica de 20 años que vuelve desde Buenos Aires hacia Posadas para ayudar a su «segundo padre» (el padre biológico no se deja ver: de él no sabemos nada, o casi anda) a retirar su plata de una caja de seguridad del banco: ese episodio, narrado en el comienzo poderoso de la novela, está lleno de detalles. La protagonista se coloca los fajos verdes bajo la ropa, adosados a su cuerpo, para salir a la calle sin llamar la atención y evitar un robo que —en ese momento— era un clásico en la vida de los clientes de los bancos argentinos. Así La ficción del ahorro comienza a enhebrar de una manera elegante las tinieblas y las dulzuras del dinero, algo que en la literatura argentina fue escrito recientemente por Pedro Mairal en La uruguaya y por Alejandra Laera en el ensayo Ficciones del dinero.
«El sistema es muy sencillo», se lee en la novela, «vamos a forrar mi cintura con cinta de embalar y, sobre esa superficie de plástico, vamos a pegar los fajos de dólares». Eso es lo que dice Belén, la protagonista, cuando está en la caja de seguridad con su segundo padre. Los dólares, en la Argentina, no eran (ni son) una rareza para financistas, mafiosos o turistas. No. Eran (y son) la garantía que cualquiera necesitaba para comprarse un automóvil, un juguete tecnológico o incluso un departamento. Todavía hoy, ningún argentino confía demasiado en el peso nacional: es una moneda frágil, acosada por la inflación permanente, y para muchos no sirve para nada.
En esta novela Carmen M. Cáceres se dedica a seguir el rastro que deja el paso de ese dinero por esa familia, a describir el panorama de las pequeñas ciudades argentinas y a construir el suspenso de una crisis social que está por estallar en la capital del país y, quizás también, en la plaza céntrica de Posadas. Antes, Cáceres —que es ilustradora y licenciada en administración de empresas— escribió otra novela (Una verdad improvisada, Pre-Textos, 2016) y dos ensayos (Un año con los ojos cerrados, Papeles Mínimos, 2021; y Al borde de la boca: Diez intuiciones en torno al mate, Fiordo, 2022).
La trama retrocede hacia 1995: ahí es cuando comienzan los episodios que después se vuelven importantes. El lento origen de la riqueza familiar o, por ejemplo, el episodio en el que una vecina adolescente se quita la vida. Hay una tercera parte en la que volvemos al presente, a la bóveda del banco, sólo que ahora no estamos en el banco sino en la calle porque acabamos de salir junto a sus personajes.
Ahorrar es ilusionarse. Es pensar que guardar plata garantiza protección, futuro y estabilidad. La novela, sin embargo, cuestiona esa creencia y muestra que esos billetes no son solo dinero, sino también el deseo de control y la herencia silenciosa que se transmite entre generaciones. Así, en pocas páginas, La ficción del dinero logra convertir un episodio económico coyuntural (el corralito) en una experiencia íntima. La crisis no está contada como una catástrofe colectiva o como un problema político, sino como un lente a través del cual Carmen M. Cáceres espía el alma de una familia.