
David Aliaga
La lengua herida
Candaya
169 páginas
Punto es la última palabra de esta novela. Y se ha convertido en la primera de este texto porque darle la vuelta, voltear es lo que genera el leer el nuevo trabajo de David Aliaga (L’Hospitalet de Llobregat, 1989). Tras varios libros de relatos y su novela Hielo, reconocido como uno de los veinticinco mejores escritores jóvenes en lengua española por la revista británica Granta, nos entrega aquí algo que además de voltear, hace girar los ejes sobre los que se vive. O como la ilustración de la cubierta, titulada Caos 21 de Pablo Castañeda. Voltear, caos, tiene sentido, dota de sentido homogéneo a una novela que transgrede. Las formas en las que se trata un tema. La originalidad de no buscar serlo para acabar encontrándola o encontrándose con ella de sorpresa.
David Aliaga nos lleva al norte de México, tan vilipendiado como violento, como narrado, como Bolañizado se desee para una búsqueda al menos noble. Los orígenes y ancestros de la identidad judía. Con la impronta de lo que puede ocurrir con la falibilidad del lenguaje, como autor. La historia del abuelo exiliado, el triestino que ha de emigrar a otro continente a principios del siglo XX. Cómo se cuenta la memoria y el fascismo que desplaza a las personas. Y además el traslado del judío no aceptado en tantos lugares. David Aliaga afronta en qué momento es un imperativo ético relatar la historia de ese abuelo Coen. El tener del personaje nieto como instinto el proteger la historia del desplazado. Conocerlo, hacerlo presente como el lenguaje por el que también tiene que luchar el autor. Batallas escondidas entre las confrontaciones reales que se dieron en Europa.
La narración de lo sucedido aunque sea filtrado por el narrador personaje, es una tensión con la que dialoga Aliaga y sale muy bien parado. Porque no se queda en ningún lugar acomodado ni común. La tensión que balancea entre nombrar y no nombrar las cosas. La memoria como la identidad construida a partir del encuentro con el otro. Al explicarlo al otro, es parecido a lo que hace nuestra memoria. Quiénes somos. Cuando P. Coen escribe sobre el abuelo, sus recuerdos, hay un conflicto entre lo que piensa que es su abuelo y lo que vivió. Como el viaje a Mexicali, su trabajo en el cómic y percibir que la memoria no deja de ser una cierta forma de engaño. Y la batalla del lenguaje, la incorporación de las lenguas en los judíos, el yidish, el italiano triestino, el sefardí de Tesalónica, el griego particular. Un periplo lingüístico que siempre va a ser parcial, concreto, puntual. Sin poder ser troncal. Solo mediante piezas, mosaico, intenta una cierta resistencia frente al contar quienes somos de forma unívoca. Como si al decir que es un escritor judío no puede ser otra cosa que lo que el exterior toma como lo que ha de ser. Y nunca alguien que se pueda sentar en una terraza a leer un tebeo de personajes con pantalones de colores. Parece un mal chiste, un chascarrillo banal. Y sin embargo, las referencias literarias, Kerouac, Bolaño, conforman, aquí sí, con seguridad, la categoría de pensamiento de la novela que se apoya en la poesía de Celan y la mirada a Kafka.
En este ramal de autores valiosos es donde David Aliaga coge peso y paso, para mostrar un texto con un poso nada baladí. Imposible de diluir, como la lucha contra lo burocrático. La cábala como coadyuvante para contar el relato que muchas veces no se puede enhebrar de otra manera. Defender la tesis de que ser judío es una tensión con el lenguaje, porque nunca con palabras se puede acabar de expresar la existencia de Dios. Kafka y Celan sirven de apoyo para su parlamento. Un conflicto que como toda buena literatura no tiene resolución, y menos definitiva, por lo que saber equilibrar contenido con lenguaje, con parajes europeos y mejicanos para encontrar el rastro del abuelo y narrarlo con palabras imprecisas pero que se deshagan de la equivocación es el reto superado por esta obra. Si la lengua está herida, el empeño por sanarla, o al menos, cuidarla, es no solo loable sino aconsejable. Hay en Aliaga un novelista concienciado con un empeño y lo que en estas páginas queda claro es que quien quiera leer un texto honestamente trabajado va a encontrar lo que busca la literatura desde antes de cualquier éxodo. Una idea con la que poder seguir viviendo mirándose cada día en el espejo sin ver un fraude hecho rostro. En cualquier lengua que se quiera decir.