POR JUAN CARREÑO
«Solo en el anonimato de las grandes catedrales
llenas de oficinistas y
secretarias moribundos
suicidas y deudores
se puede dar un respiro en este trekking
y, claro, en las
alturas. Gloria a dios en
las alturas»

Germán, te nombro poeta guardián del valle de Santiago: tus cenizas quedan en el sitio más alto de esta caja de fósforos, con piedras amontonadas construí un pequeño santuario para que los hermanos menores, los poetas del futuro, se animen a venir a saludar y a informarte: ya todas estas montañas son del pueblo, poeta, el volcán ya no es una propiedad privada, ya todos los niños de Chile practican deportes náuticos, alta montaña, ya la nieve por fin no es un lujo y la poesía del futuro ya no la escriben los asegurados de cada administración.

Déjame poner aguanieve en tu semblante, hermano.

¡Germán!, ¡despierta!, ¡hay que volver a la montaña!

Por Juan Carreño

Costa y cordillera

una pareja siempre tendrá la oportunidad
de huir al hielo a los glaciares al oxígeno
en caso que algo se destemple
luego de 5, 7 o 50 años de matrimonio.
Ahí podrán fugarse y soñar
que son pumas o güiñas o zorros,
o mejor: un hombre y una mujer de hielo
que enfrían todo pensamiento que anulan
la esclavitud de los sentidos
y luego se derriten y son agua
pura que baja hacia el valle

arriba 1

Somos nubes en pantalones, Juan Comprofierro
y hemos quedado atrapados dentro de una:

da un poco de frio y se pierde la visibilidad
pero esperamos a que reaparezca el sol

–en la foto parecemos guerrilleros que cucharean atún de tarro
relajados debido a la certeza (suponemos)
de la lejanía física del enemigo–

y escuchamos el idioma ultramoderno, extraño
de la montaña: ahora entiendo por qué algunos chiflados
piensan en dioses y cosas por el estilo: fenómenos
físicos y asuntos del viento
que de verdad produce un idioma inédito:
el poema concreto de la natura;

salí de un laberinto de cerros
y algo de ese nudo sin desatadura posible
queda en lo que hago, sea verso o prosa.

–Sabes qué loco,
quizás la gente debería subir al menos 3.000 metros

para leer o escribir cualquier cosa,
como condición, digo yo.

2

Somos –es evidente– los menos equipados, Comprofierro
y la nieve amenaza con ponerse brígida,
frígida,
pero qué más da: en un santiamén los equipos que se usan hoy
serán reemplazados mañana por otros
más sofisticados o sencillos
o por nada, anda a saber
–todo es vintage, o alguna vez lo será–
Ikuzi mendizaleak.
                                 Los incas.
                                                         Mira, el sol:
subamos, aprovechemos al toque.
–Para mí la mujer es una montaña
y nosotros somos perritos de departamento
que se vuelven locos al aire libre:
no gente chiflada que usa el deporte o la natura
como boyas para huir de su propia vida,
eso no. –Ya, sigue nomás:
falta un tramo.

*Poemas de Germán Carrasco (Santiago de Chile, 1971-2026).