
Sofía Crespo Madrid
Aunque me extinga
Candaya
112 páginas
Ni tópico ni relato identitario de consumo fácil, Aunque me extinga (Candaya, 2025), de la poeta venezolana Sofía Crespo Madrid, es un poemario que se instala en el territorio movedizo del exilio contemporáneo. Si en sus libros anteriores la autora ha construido una sensibilidad orientada a nombrar la pérdida, en este nuevo volumen, la escritura adquiere una temperatura distinta: se afirma en una materialidad que atraviesa el cuerpo, el amor y —por supuesto— el lenguaje.
El libro se abre con una distorsión vallejiana-rilkeana: «¿Quién, si yo gritara, / me oiría desde las cortes judiciales?», que desplaza la plegaria hacia el poder administrativo que regula la vida del migrante. La violencia burocrática —«modelo siete veinte», «solicitud de la solicitud», «país de procedencia: ninguno»— aparece como un modo de desposesión que perfora la identidad. Al dotar al expediente de textura poética, Crespo recupera para el lenguaje su capacidad de señalar, desgarrar y sostener una pregunta ética sin caer en el panfleto fácil, tan frecuente hoy en ciertas escrituras que confunden la urgencia con los trending topics.
Ahora bien, el libro no se orienta sólo hacia el daño. Frente a la maquinaria del Estado, los afectos actúan como contrainstitución. En «Astilla #5», la autora reescribe los votos matrimoniales desde una alianza lésbica precarizada que se afirma «en la enfermedad», en los despidos, «en contra de la policía». El poema levanta una política del cuidado que rehúye la solemnidad; se mueve entre el humor oscuro y la consciencia de que el amor no ofrece salvación alguna, aunque sí un modo distinto de atravesar la intemperie.
En un libro tan atento a la vulnerabilidad de los cuerpos, sorprende que en algunos momentos la acumulación de imágenes se vuelva tan intensa que el poema se espese. La imaginación de Crespo Madrid es poderosa, aunque en ocasiones esa acumulación exige un respiro que no siempre llega. Esta saturación, si bien puede llegar a ser cansada, no debilita el conjunto, porque forma parte del pulso del libro: una respiración que se abre y se contrae, que a veces busca la claridad y en otras se entrega al derrame verbal como forma de resistencia. Cuando la sobrecarga imaginativa pierde equilibrio, el poema se ralentiza y cuando responde a la respiración propia del texto, se convierte en un gesto de libertad formal y de exploración de los límites de la lengua.
Algo semejante ocurre con el hilo discursivo. La voz del libro se sostiene con firmeza, aunque ciertos pasajes adoptan un tono explicativo que tensiona la apuesta más arriesgada de los poemas. No es, necesariamente, un tropiezo porque esta vacilación también pertenece al territorio que el libro habita: un espacio donde el yo lírico piensa y siente a la vez, y donde la idea no busca clausurar a la imagen.
El núcleo más poderoso del poemario aparece en los momentos en que la escritura encarna aquello que afirma: «somos un río que busca / el origen de su sed». Este verso sintetiza la arquitectura emocional de Aunque me extinga. El río —que puede ser cuerpo, comunidad o un idioma que se desborda— funciona como figura persistente. En la estela de Varela, Vallejo y algunas escrituras recientes de la diáspora venezolana, Crespo Madrid trabaja la fragilidad como forma de resistencia y la vuelve un principio de estilo.
Situar este libro en la poesía hispanoamericana contemporánea exige reconocer varios desplazamientos. Frente a líneas líricas que prefieren una intimidad desprendida de lo social, Crespo Madrid asume que toda experiencia afectiva está atravesada por leyes, diagnósticos médicos, precariedad laboral y violencia policial. Frente a una tendencia discursiva que privilegia la tesis por encima del hallazgo verbal, su escritura urga en la duda, la ironía y la digresión.
Aunque me extinga apuesta por una ambición de conjunto —una respiración que oscila entre lo narrativo y lo fragmentario— que no siempre mantiene la misma tensión. Hay textos memorables y otros que funcionan como zonas de tránsito, espacios que enlazan dos intensidades. Esta irregularidad forma parte del organismo que el libro propone. La obra se mueve, se expande y, en algunos tramos, se excede. Y se trata de un exceso que responde a una voluntad de desviación, a un deseo de apartarse del camino previsto para explorar las sombras y los márgenes del lenguaje, allí donde el poema encuentra su riesgo y su libertad.