Yeniter Poleo
Las costuras invisibles
Editorial Tránsito
83 páginas
POR MICHELLE ROCHE

A primera vista, Las costuras invisibles parece una novela sobre los cuidados. Una nieta se ocupa de su abuela de ochenta y cinco años enferma de Alzeimer, igual que esa misma abuela la cuidó a ella de niña. Aunque al leerla una piense con frecuencia en la enfermedad mental. Aunque la trama del relato urdida por la narradaora sin nombre sean los recuerdos y, más específicamente, los olvidos. La segunda novela de Yeniter Poleo va mucho más allá de la simple reflexión sobre temas trillados. Los cuidados, la enfermedad mental y la memoria son los tres aspectos que toma la intensa reflexión sobre los vínculos familiares que hace la autora colombovenezolana en casi ochenta páginas.

Un viaje desencadena los acontecimientos de esta nouvelle. Es el viaje de la madre y las tías de la narradora y protagonista que la obliga a quedarse con su abuela durante un fin de semana. El viaje más importante, sin embargo, lo hace la protagonista dentro de su cabeza, sin moverse. El único desplazamiento posible es el recorrido entre aquello olvidado y lo que se recuerda, los clarouscuros y matices del entramado que construye la hisotria de tres generaciones de mujeres de la misma familia.

El trauma aparece también hacia el final de esta novela que es breve en la misma medida que densa. El trauma como pieda angular de la maduración y los pequeños traumas que atañen al proceso de envejecimiento y componen las vidas particulares de las mujeres. Porque donde hay oscuridades y claroscuros los recuerdos se esconden para enmascarar al trauma. De todas formas, algo queda. «Me pregunto cómo se fijan ciertos recuerdos en apariencias fútiles, como la textura de unas medias tejidas o el olor a tabaco», escribe Poleo. «A veces atesoramos la camisa o el calor que hacía, pero es más común almacenar la energía del momento, si había tensión si se sentía angustia o vértigo. (…) El consuelo y el maltrato ocupan casi todo el espacio porque lo que conquista la memoria no son los datos. La savia del recuerdo es lo sensorial».

Es muy revelador de la intensa relación que las Las costuras invisibles establece entre los recuerdos perdidos y los encontrados que la narradora protagonista sea informática y el grueso de su oficio se centre en los métodos para evitar la pérdida de la información: evitar que las computadoras «olviden».

En prólogo al libro, Marta Sanz escribe sobre la relación entre la identidad propia y los recuerdos en la novela. Se refiere a la relación entre lo familiar y lo siniestro. A ese análisis, yo le añadiría la variable de lo femenino, que planea sobre la novela. «En la vejez todo se voltea», escribe Poleo. «He visto cómo las hijas pasan a ser las madres de su madre. Son ahora ellas quienes tienen la razón y punto, quienes toman las decisiones, compran los zapatos, pagan la consulta médica, las acuestan a dormir. Es mi abuela quien se descubre sin argumentos, acepta refunfuñando y va adonde la llevan». La cita es un ejemplo de la belleza y simplicidad del lenguaje de la autora. Lenguaje que, por otro lado, le permite moverse para atrás y para adelante en el tiempo de manera que cuenta la historia propia y la familiar en paralelo. El resultado de eso es un bello fresco sobre lo femenino en general y lo materno, en particular.

Para Julia Kristeva, la herida psicótica del mundo moderno se sustenta en la incapacidad que tienen nuestros códigos de «domesticar» lo maternal. Según escribe la psicoanalista, teórica de la literatura y feminista en su libro Historias de amor, esto se debe a la apropiación masculina de los discursos literarios. Parte del impacto del trabajo de las autoras contemporáneas se basa en su capacidad de resignificar los códigos patriarcales sobre lo femenino que ha convertido a la maternidad en tema fundamental de la narrativa. El aporte de Las costuras invisibles a estos discursos no está a simple vista. Pero es fundamental. No se trata solo de los personajes de la abuela y de la madre o de la decisión de la protagonista de no tener hijos. En la novela, lo materno no se limita a lo generativo de la vida. Lo importante es qué pasa cuando falla el aspecto de la protección asociado a lo materno. El resultado es, por su puesto, la desafección. Es por eso que en un momento dado la protagonista se pregunta: «Por qué, si la familia es la única relación que no elegimos, hemos de ponerla por encima de cualquiera».