Leer

Deseo de archivo

POR CARMEN G. DE LA CUEVA

Hay en Cristina Oñoro (Madrid, 1979) una curiosidad infinita, tan inabarcable como la de los niños que comienzan a vislumbrar el mundo…
Leer

Revisitar al padre

POR CARMEN G. DE LA CUEVA

Hay unos versos de la poeta norteamericana Sharon Olds que me vinieron a la cabeza mientras leía Dios fulmine a la que escriba sobre mí…
Leer

En desiertos de tedio, un oasis de horror

POR CARMEN G. DE LA CUEVA

Cuando Roberto Bolaño estaba a punto de morir, escribió una conferencia a la que tituló Literatura + enfermedad = enfermedad, una conferencia larga, llena de epígrafes, que se publicó póstumamente en su libro El gaucho insufrible. En uno de esos epígrafes…
Leer

Albatros divagantes

POR CARMEN G. DE LA CUEVA

Escribió Anaïs Nin que no vemos las cosas como son, las vemos como somos nosotros. Ese filtro personal y único es el que atraviesa la experiencia misma de la vida, la cotidianidad, los afectos, hasta el último confín. La cita sirve para ponernos en alerta antes de comenzar la lectura de Los divagantes (Anagrama, 2023)…
Leer

La voz como una brisa en el hombro

POR CARMEN G. DE LA CUEVA

Hay un verso que me recuerda irremediablemente a Te di mis ojos y miraste las tinieblas (Anagrama, 2023), el título de la última novela de Irene Solà (Malla, 1990): «Vendrá la muerte y tendrá tus ojos» de Cesare Pavese. El poema continúa con la cadencia sutil del italiano: «—esta muerte que nos acompaña / de la mañana a la noche, insomne, / sorda, como un viejo remordimiento / o un vicio absurdo—…
Leer

El runrún de una pícara

POR CARMEN G. DE LA CUEVA

Lo único que quería Pili en esta vida era bailar. A los siete años aprendió a bailar sevillanas como casi todas las niñas andaluzas nacidas entre los ochenta y los noventa que acudíamos por las tardes a la academia del barrio o del pueblo para saber movernos en la feria. Con la mano que sube y baja y coge la manzana y se lleva la fruta a la boca comenzó la vocación de una niña distinta, aguda, inteligente y resuelta…
Leer

Una escritora ventanera

POR CARMEN G. DE LA CUEVA

«Hay dos formas de ponerse a leer, como de ponerse a hacer cualquier cosa en la vida: una serena y otra impaciente», dijo Carmen Martín Gaite. Si nuestro humor es estable y estamos dispuestos a dejarnos ir, el libro nos contará aquello que buenamente quiera. Si le escuchamos y «no le forzamos a que él entre en nosotros y acierte con el resquicio exacto por donde puede inyectarnos consuelo», nos tocará…