POR BETHANIA GUERRA DE LEMOS

I

Recordemos dos momentos fundamentales para la historia del pueblo brasileño. El primero: en este año de 2026 la ONU declara la trata transatlántica de personas esclavizadas como el crimen de lesa humanidad más grave de todos los tiempos. Dicho crimen, que tuvo en Brasil su período más longevo, ejercido durante casi cuatro siglos, sentó las bases económicas, culturales y sociales de Europa y América y extiende sus tentáculos hasta los días de hoy. El segundo: hace veinte años una escritora brasileña publicaba un monumento literario titulado Um defeito de cor (Editora Record, 2006), obra que revolucionaría el panorama literario en Brasil. No obstante, cuando Ana Maria Gonçalves (1970) lanzaba su gran novela no podríamos imaginar que aún tardaría tanto tiempo hasta que se entendiera una verdad histórica que debería ser obvia para todos.

Estos dos hitos, uno global y otro aparentemente local, están íntimamente relacionados. Lo que la maestría narrativa de Gonçalves consigue va mucho más allá de los –necesarios– debates políticos o morales. A lo largo de 951 páginas, se alza la construcción de una compleja estructura epistolar que revela casi cien años de la vida de una mujer que, al mismo tiempo, podemos y no podemos rastrear en el curso de la Historia. Se podría afirmar que la protagonista es Kehinde, Luisa Mahin o Luisa Gama. Puede parecer, y no deja de ser así, que los tres nombres se refieren a la misma persona, pero el cuerpo (físico e histórico) del personaje se desdobla en rostros e identidades complejas con sus múltiples vivencias: desde el Reino de Dahomey, desde el apellido que marca la procedencia étnica del grupo Mahi, o el nombre cristiano junto al apellido del señor de esclavos. Ninguna de ellas es una sola mujer, ya que la construcción inspirada en Luisa Mahin, madre del poeta Luis Gama (1830-1882), conlleva un profundo trabajo de ramificación historiográfica y ficcional.

II

Los diez densos capítulos se erigen alrededor de las posibles vivencias de la protagonista, los poderes de los orishas, los dolores de los castigos y la fuerza de la resistencia. Por otro lado, el título de la obra es en sí mismo una denuncia histórica. Luis Gama, escritor decimonónico e hijo de Luisa Mahin, fue un hombre negro nacido libre, y uno de los abogados abolicionistas más importantes de nuestra historia. No obstante, nunca pudo acceder a la Facultad de Leyes, y aun así alcanzó éxitos al luchar por la libertad de muchos que presentaban el mismo defecto que él. En una carta publicada en el periódico Gazeta do Povo el 1 de diciembre de 1880, afirmaba que «[…] en nosotros, hasta el color es un defecto, un vicio imperdonable de origen, el estigma de un crimen […]». No solo estigma, sino también motivo de procedimientos legales plenos de terribles sombras. El conjunto de leyes de la Corona portuguesa que rigió en Brasil, las Ordenaciones Filipinas de 1603, exigía la pureza de sangre (y consecuentemente de piel) para acceder a instituciones de estudio o religiosas y ocupar puestos públicos. En el caso de que una persona negra, mestiza o indígena lograra acercarse a esa posibilidad, se activaba un mecanismo jurídico conocido como dispensa del defectu coloris. Durante el acto, la persona racializada debería suplicar que se le perdonara y dispensara del defecto o accidente biológico, en un procedimiento vigente en Brasil desde el siglo XVIII hasta comienzos del XIX.

Luis Gama probablemente no pasó por ese proceso, ya que el desarrollo de sus actividades es posterior a la vigencia del mecanismo, sin embargo, la referencia al defecto en su carta de diciembre de 1880 se mezcla intencionadamente con las referencias jurídicas en la novela. El 25 de julio del mismo año, el autor escribe a Lúcio de Mendonça una larga carta biográfica que, siglos más tarde, sería la principal inspiración para la novela de Gonçalves. En ella afirmaba que era «hijo natural de una negra, africana libre, de la Costa de Mina, (de nación nagó) de nombre Luiza Mahin, pagana, que siempre rechazó el bautismo y la doctrina cristiana […] muy altiva, con carácter, inquieta y vengativa […], fue arrestada como sospechosa de haberse involucrado en actos de insurrección de esclavizados que no lograron éxito». En el mismo precioso documento, Gama explica cómo ejercía su labor como abogado (sin título) abolicionista: «consistía en formar parte del Partido Liberal; y, por la prensa y las urnas, pugnar por la victoria de mis ideas y las suyas; y promover trámites en favor de personas libres criminosamente esclavizadas; y auxiliar lícitamente, dentro de mis posibilidades, manumisiones de esclavizados, porque detesto el cautiverio y todos sus señores, especialmente los reyes».1

Desde su publicación en 2006, Um defeito de cor ocupa un lugar singular en la narrativa latinoamericana contemporánea. Aunque se centra en la historia de Brasil, la amplitud de sus preocupaciones sitúa la obra entre las más relevantes del siglo XXI para pensar la esclavitud atlántica, la memoria de la diáspora africana y los relatos alternativos. Creo que es posible trazar una interesante genealogía de escritoras racializadas que dialogan con elementos del pasado esclavista de sus territorios de nacimiento, en creaciones ficcionales de distinta factura, y que podrían encontrar en Um defeito de cor un precursor simbólico de ese movimiento latinoamericano desde el último país en abolir la esclavitud. Pienso en muchas escritoras, y elijo nombrar a tres que publicaron en 2025 nuevas historias o reediciones modificadas de libros anteriores: Yolanda Arroyo Pizarro, de Puerto Rico (las Negras, Yegua de Troya), Maielis González, de Cuba (Palenque, Cuatro Lunas) y Luciana de Mello, de Argentina (Mandinga, Yegua de Troya). Entender la relevancia y la pervivencia de esa temática en nuestra literatura latinoamericana es fundamental para comprender nuevas epistemologías, que se dibujan de manera compleja y nada lineal en el campo artístico y literario de nuestros países.

III

La novela de Gonçalves combina la reconstrucción histórica con una escritura memorialística que concede centralidad a la mujer negra y cuestiona la mirada eurocéntrica. La autora dedicó dos años exclusivamente a la investigación documental (consultas a archivos históricos, textos jurídicos y materiales sobre el tráfico atlántico de personas) y luego otros cinco al proceso de escritura/reescritura. En 2007, la novela obtuvo el Premio Casa de las Américas, recibiendo por lo tanto su primera (y única hasta la fecha) traducción al castellano. Lamentablemente, las dificultades de distribución en el ámbito editorial cubano hacen que sea prácticamente imposible conseguir el volumen en la actualidad. Sin duda la obra merece y necesita un nuevo proyecto editorial que pueda lanzarse a la compleja tarea de traducir y publicar una novela de esas dimensiones.

Su relevancia, no obstante, trasciende los premios. La combinación de investigación documental, ficción y revisión crítica explica que hoy sea considerada una obra de referencia tanto en los estudios sobre literatura brasileña como en las investigaciones dedicadas a las literaturas negras y a las nuevas formas de representación de la historia en América Latina. Uno de los principales aportes de la novela reside en su manera de replantear la relación entre ficción y realidad. Lejos de utilizar el pasado únicamente como escenario, Gonçalves construye un relato que se convierte en un espacio de reflexión sobre los límites y las rupturas en la narrativa.

Imagen de Ana Maria Gonçalves. Fotografía de Leo Pinheiro.

La narración adopta la forma de unas memorias redactadas por Kehinde, quien, ya anciana, reconstruye su vida mientras intenta reencontrarse con el hijo del que fue separada décadas atrás. Esta elección permite recorrer un siglo de historia desde la perspectiva de quien experimentó directamente la violencia del sistema, colocando el foco en las vivencias individuales y colectivas de los sometidos a la esclavitud. Con cien folios pegados en las paredes, uno por cada año narrado, en los que apuntaba los datos que deberían desarrollarse, Gonçalves sentó las bases de su proceso creativo, como cuenta en innúmeras entrevistas. El camino de concepción del texto responde a la necesidad de reconocer que determinados grupos sociales fueron sistemáticamente excluidos de los archivos escritos. Como nos enseña la artista afroportuguesa Grada Kilomba, la mujer negra es «el otro del otro». En la novela de Gonçalves esa otra toma la palabra.

Si, como afirma Achille Mbembe, la condición de la persona esclavizada es «[…] el resultado de una triple pérdida: pérdida de un “hogar”, pérdida de los derechos sobre su cuerpo y pérdida de su estatus político» (Mbembe, 2011, pp. 23-24), la elaboración ficcional de un posible discurso en la boca de Kehinde permite, simbólicamente, el ejercicio del «poder de la palabra y el pensamiento», imposible dentro de la plantación, pero alcanzable en los palenques físicos o literarios, construidos también con cien páginas de papel colgadas en los muros.

Por lo tanto, la ficción funciona como un espacio desde el que imaginar vidas posibles que la Historia oficial difuminó. Aunque la violencia es una presencia constante, la obra evita reducir a Kehinde a la condición de víctima permanente. La protagonista desarrolla estrategias de supervivencia, resiliencia y autonomía que muestran la capacidad de agencia de las mujeres negras tanto en luchas cotidianas como en rebeliones célebres, como la Revuelta de los Malés (un levantamiento de 1835, articulado por africanos musulmanes esclavizados en Bahía). Asimismo, la narrativa incorpora continuos movimientos entre diferentes espacios atlánticos, modificando la comprensión de la diáspora, en la que el océano –muchas veces tumba– también aparece como un territorio de circulación de personas, lenguas, religiones y conocimientos.

IV

Aunque la narrativa brasileña contaba con autores que abordaban el devenir negro, esta novela supuso un punto de inflexión por situar a una mujer como protagonista absoluta de un relato de dimensiones casi épicas en pleno siglo XXI. No obstante, una precursora inevitable debe ser nombrada: Úrsula, de 1859, escrita por una mujer (Maria Firmina dos Reis) y considerada la primera novela abolicionista brasileña.

Por otro lado, las decisiones narrativas de Um defeito de cor, al situar la voz de la protagonista desde la experiencia de la madre que busca al hijo perdido, constituyen un eje fundamental. Esa búsqueda se configura como una manera de visibilizar la ruptura sistemática de los vínculos familiares en el sistema esclavista. Al mismo tiempo, convierte la maternidad en un espacio de escritura de la resistencia frente a la negación de la humanidad de las esclavizadas. Así como Sojourner Truth (EE. UU. 1797 – 1883), con sus actos Kehinde se pregunta si «no es una mujer». La experiencia materna adquiere una dimensión histórica y política, que conecta la ficción (las cartas y la imaginada búsqueda de la madre) con la realidad documentada del hijo. Luis Gama, en la ya citada carta autobiográfica, cuenta cómo fue vendido como esclavo por su propio padre: «[…] despilfarró una considerable herencia recibida de una tía en 1836; y, reducido a la extrema pobreza, el 10 de noviembre de 1840 […] me vendió como esclavo a bordo del bergantín Saraiva».

A dos décadas de su publicación, la novela se ha consolidado como una referencia ineludible en el panorama brasileño. Esta posición responde tanto a su recepción crítica como a su creciente circulación en espacios académicos, culturales e institucionales, donde es leída como un texto fundamental para analizar la relación entre literatura y memoria. Desde la primera edición despertó un notable interés en la investigación universitaria, generando numerosas tesis y artículos que dialogan con disciplinas como los estudios culturales, la crítica feminista y las teorías decoloniales. Además, su influencia se observa en el debate público brasileño. En 2022, fue incluida en la séptima posición de la lista de los 200 libros más importantes para entender Brasil, elaborada por el diario Folha de São Paulo. En 2024, cuando la escuela de samba Portela eligió Um defeito de cor como tema central de su desfile en el carnaval de Río de Janeiro, esa decisión acercó la novela a un público masivo y la situó entre los libros más vendidos del país. Profesoras y escritoras organizaron homenajes, obras colectivas, exposiciones. El volumen Cartas para Kehinde (Editora Conexão 7, 2023), organizado por la profesora Marta Lima de Souza es una preciosa muestra de ello.

V

En 2025, Ana Maria Gonçalves fue elegida miembro de la Academia Brasileña de Letras, convirtiéndose en la primera mujer negra en ingresar en esta institución. La ABL, fundada en 1897 con Joaquim Maria Machado de Assis como su primer presidente (el escritor negro más destacado entre las figuras clásicas brasileñas), tuvo que esperar hasta ahora para que una mujer con el mismo defecto de su fundador ocupara una de sus inmortales sillas.

Desde la perspectiva continental, su importancia reside en haber ampliado los límites del canon. La literatura del siglo XXI experimenta una apertura hacia narrativas que recuperan memorias de pueblos originarios y de la diáspora africana, cuestionando las versiones homogéneas de las identidades nacionales. La novela de Gonçalves participa de este proceso mediante una propuesta estética de gran complejidad formal. La excelencia de la obra, por supuesto, no radica solamente en su exhaustivo proceso de documentación. Ana Maria Gonçalves elabora un cuidadoso trabajo ficcional al construir la voz de Kehinde y bucear en los huecos de su historia borrada por la oficialidad, tal cual una arqueóloga de la memoria (para pensar en los términos de Walter Benjamin), o como una escribivente (para pensar junto a Conceição Evaristo). La escritura de Gonçalves se instaura como una de las más importantes escribivencias de nuestra literatura de los últimos años, alimentándose de un proceso anterior y siendo punto de referencia para escritoras y escritores que vinieron después. Al establecer el relato de su propia trayectoria y la de todo un país en cartas que escribe a su hijo, Kehinde ofrece el mayor y más importante legado no solo a él, sino a todos nosotros. La memoria.