POR VICENÇ LLORCA

El Principat d’Andorra es un pequeño estado situado en los Pirineos, entre Catalunya y Francia. Su lengua oficial es el catalán, idioma en el que se ha escrito una interesante literatura que, especialmente a lo largo del siglo XXI, ha llevado a cabo una valiosa aportación al conjunto de las letras catalanas. Además, el fenómeno se ha producido en todos los géneros, de forma que tanto poetas como narradores han sido capaces de llamar la atención de los lectores dentro y fuera del país. De entre los libros destacados durante este siglo, sobresale Morts, qui us ha mort?, firmado por el narrador Iñaki Rubio y que apareció en la editorial barcelonesa Comanegra en 2021. La obra, que ha merecido el reconocimiento de crítica y público, ha sido reeditada en tres ocasiones y traducida al castellano en 2022 bajo el título de Muertos, ¿quién os ha muerto? (Editorial Medusa) por el también escritor andorrano David Gálvez Casellas.

Iñaki Rubio nació en Barcelona en 1974. Profesor de lengua y literatura catalanas, se afincó a finales del siglo pasado en Andorra, donde realiza colaboraciones periodísticas en el Diari d’Andorra y en programas de Ràdio Nacional d’Andorra, y participa activamente en el movimiento literario del país (miembro fundador del Col·lectiu Portella, editor de la revista Portella. Andorra, lletres, arts y miembro de la Assemblea de la Comissió Nacional Andorrana de la UNESCO, y autor de libros como Bestiari pirinenc, Pau de Gósol. Picasso al Pirineu, entre otros).

¿Qué es lo que convierte Morts, qui us ha mort? en un libro clave para comprender la literatura catalana escrita en Andorra durante el siglo XXI? En primer lugar, el tema elegido impacta de lleno en uno de los episodios más relevantes de su historia contemporánea: la aplicación por última vez de la pena de muerte en el país. Se trata del caso del fusilamiento de Pere Areny, que tuvo lugar el 18 de octubre de 1943, acusado del asesinato en Canillo de su hermano Antoni. Este hecho formaba parte de la memoria secreta del pueblo andorrano. El escritor y diplomático Antoni Morell se atrevió a tratarlo literariamente en Set lletanies de mort (1981), libro que le dio una gran proyección en las letras catalanas. A pesar de ello, se trata de una novela simbólica a clé, ya que el autor elude tanto los nombres reales como las referencias directas al crimen acontecido en Cal Gastó de la Costa de Ransol. Más bien aborda, desde la perspectiva de la tragedia, el tema del silencio y la culpa bajo la metáfora de las letanías que van acompañando al reo antes de la ejecución. Con más perspectiva histórica, Iñaki Rubio asume el riesgo de dialogar con un clásico como Set lletanies de mort y replantear el caso. Su investigación exhaustiva pone de manifiesto las irregularidades del proceso judicial y acaba con el silencio y los rumores posteriores que se habían instalado como verdad de los hechos.

Y aquí surge otro aspecto importante: ¿cómo tratar literariamente un tema tan relevante para la memoria colectiva andorrana y, al mismo tiempo, visualizar la causa contra la pena de muerte en el mundo? Desde el punto de vista del género literario, Rubio opta por escribir una obra híbrida que desarrolla prosísticamente, bajo el subgénero del true crime, una hábil mezcla de la crónica documental de carácter periodístico con una reconstrucción narrativa que da vida a las principales escenas de los hechos. Y, además, añade la reflexión ética del ensayo al plantearse el porqué de lo sucedido. Con un estilo claro en la exposición y evocador en los momentos literarios, uno de los mayores aciertos estilísticos de la obra es el trabajo de la oralidad, ya que el autor consigue dar voz propia a los personajes históricos con naturalidad, evitando el artificio y consiguiendo una gran verosimilitud. El patrimonio lingüístico vertido en los diálogos es extraordinario. En el marco del habla catalana de Andorra y la comarca del Alt Urgell, el autor incorpora geosinónimos locales a la vez que recupera palabras y frases propias de la Andorra rural de la época. En este apartado, hay que subrayar también tanto el uso de los idiolectos, que le permite caracterizar la procedencia social de cada personaje, como la adaptación al ritmo de la ficción de las declaraciones reales contenidas en los archivos históricos y judiciales, otorgando una voz propia a los protagonistas. De esta manera, consigue crear un subtexto emocional en el que la oralidad trasmite perfectamente la tensión y el secretismo que envuelven el crimen.

Con todos estos elementos, Iñaki Rubio reconstruye el complejo contexto histórico que envuelve los acontecimientos. Hay que tener en cuenta que Andorra en 1943 se encontraba en un verdadero cruce entre la Francia ocupada por los nazis y la España franquista que acababa de vivir una guerra civil de grandes consecuencias. Rubio retrata muy bien ese momento. Por un lado, dota de imagen literaria el aislamiento de una sociedad de montaña que persiste en sus costumbres rurales ancestrales y en las leyes no escritas que la rigen. Es una vida dura en la que salir de las normas provoca marginalidad, un hecho importante para comprender el detonante de la tragedia. Por otro, recrea muy bien la presión nazi en la frontera, así como las incursiones de sus oficiales en un territorio que tiene que compaginar la preservación de su independencia con la propia subsistencia en el día a día. En cierta medida, el final del linaje de los Areny simboliza una frontera cultural entre la Andorra antigua y la Andorra que acabaría convirtiéndose más tarde, a partir de la segunda mitad del siglo XX, en un centro financiero y turístico de primer orden.

Imagen de Iñaki Rubio, Forografía de Laura Galvez Rhein.

El título de la obra proviene de la expresión Mort, qui t’ha mort? («Muerto, ¿quién te ha muerto?»). Se trata de una fórmula jurídica que se utilizó en Andorra hasta la promulgación de la Constitució del Principat d’Andorra en 1993. La frase se hacía servir en el momento del alzamiento de un cadáver que presentaba signos de muerte violenta. La figura del batlle (equivalente a un juez) se acercaba al yacente y golpeaba la cabeza del muerto hasta tres veces mientras le preguntaba ritualmente «Mort, qui t’ha mort?». Al final, al no obtener respuesta, se decía otra frase: «Aquest mort està ben mort perquè no parla» («Este muerto está bien muerto porque no habla»). Se daba así por confirmada oficialmente la defunción, se permitía el traslado del cuerpo y se abría el proceso judicial. Al recrear la escena del crimen en Cal Gastó, Iñaki Rubio encuentra el título perfecto, ya que pone en plural la expresión para alertar sobre la muerte en, realidad, de dos personas: la víctima, Antoni Areny, y el acusado, Pere Areny, que fue castigado con la pena de muerte sin la piedad de nadie.

De ahí que la obra se estructure en dos partes diferenciadas: «La primera mort» y «La segona mort», enmarcadas por un prefacio y un epílogo que sitúan al lector en el contexto de la investigación de la última ejecución en Andorra y el silencio institucional y social a los que el autor tiene que hacer frente décadas más tarde. Ya en la primera parte, a través de veintiocho capítulos relativamente cortos, el autor parte de la Casa Gastó para recrear su historia y la vida de sus últimos habitantes hasta el asesinato de Antoni. Hay momentos memorables, como «El primer nazi», donde el vehículo de un oficial de la Wehrmacht ha de detenerse ante el paso del rebaño de ovejas bajo la mirada impertérrita de Antoni Areny. Es el propietario de las tierras por donde pasa la carretera y el coche tendrá que esperar pese a la arrogancia del oficial acostumbrado a mandar. Pero, sin duda, uno de los momentos más icónicos es «Tartera» (en castellano, canchal o pedregal), nombre con el que se conoce en el Pirineo andorrano y catalán al terreno cubierto de piedras desprendidas de las cimas en las laderas de la montaña. Alegóricamente se explica el hundimiento de la familia Areny en comparación con un fenómeno del paisaje de alta montaña del Pirineo: el desprendimiento que puede ocasionar el movimiento de una roca en la «tartera».

La segunda parte, compuesta por treinta y cinco capítulos, traslada al lector a los momentos de confusión tras el asesinato, a la comprobación de la muerte de Antoni con la fórmula ya explicada de «Mort, qui t’ha mort?» y al proceso posterior de detención y enjuiciamiento. Iñaki Rubio reconstruye la complejidad del momento histórico atendiendo a la actuación de las autoridades responsables de administrar justicia y, como en una crónica novelada, recompone, con claridad y sensibilidad narrativas, las escenas clave que conducen a la confesión final de Pere Areny y a su detención en agosto de aquel año. Olvidado de todo el mundo, permaneció en el calabozo de la Casa de la Vall (la sede histórica del Parlamento) en Andorra la Vella durante más de dos meses antes del juicio en el Tribunal de Corts, el 15 de octubre de 1943.

Tras poner de manifiesto algunos errores en el proceso judicial, Iñaki Rubio abre dos aspectos de reflexión interesantes ante la crueldad de la pena de muerte: la falta de perdón y la necesidad de considerar los atenuantes que nunca se aplicaron. De esta forma, reclama una nueva mirada hacia el caso que tenga en cuenta los aspectos psicológicos, así como los de salud mental y emocional que llevaron a Pere Areny a cometer el fratricidio. Por ello, sugiere que, en realidad, Pere Areny padecía algún trastorno psiquiátrico, seguramente brotes esquizofrénicos. En este contexto, aborda también otro hecho significativo: el de la actitud del agente Pere Canturri que se negó a formar parte de la ejecución y renunció a su cargo, alegando que la policía estaba para ayudar a la gente, no para quitarle la vida. Aunque la familia nunca pudo demostrar estas palabras, el autor sí que ha encontrado el documento clave con la renuncia manuscrita y firmada por Pere Canturri, cerrando así otro de los silencios que envuelven el caso.

El 18 de octubre de 1943, Andorra se ha paralizado. Un gentío está en el núcleo de Andorra la Vella. El clic de la cámara de Valentí Claverol capta el desenlace en la foto más conocida. El batlle Solsona le pide al notario Moles que lea la sentencia. Después, cualquiera de las personas presentes en la plaza puede pedir clemencia y automáticamente se conmutaría la pena de muerte. Sin embargo, se produce un silencio absoluto. Escribe Rubio: «Sin saberlo, obedeciendo a las autoridades, siguiendo las leyes y tradiciones, callando y condenando a Pere, Andorra también se condena a sí misma. Hay una Andorra que quedará enterrada con los gastones». En comitiva, se dirigen hacia el cementerio mientras las cofradías van rezando el rosario y Pere también. Sus últimas palabras mirando al piquete se dirigieron a los que no le habían dado una segunda oportunidad: «Miradme aquí, postrado ante vosotros».

Años después de estas palabras, Iñaki Rubio firma una obra espléndida que ayuda a comprender lo que sucedió en Andorra en tiempos históricos convulsos y que, sin entrar en juicios de valor preestablecidos, plantea un tema tan universal como el de la necesidad de comprensión y empatía entre las personas a la hora de juzgar los hechos, sobre todo ante los atenuantes derivados de la salud mental. El autor rompe así con el silencio que se había instalado en las instituciones y en la sociedad andorranas durante décadas, a la vez que busca una reparación histórica de Pere Areny, llevando a término un proceso de humanización del acusado, mientras intenta comprender las causas que condujeron a la condena.

Sin duda, Morts, qui us ha mort? simboliza la capacidad de la literatura andorrana de situar ya en las coordenadas del siglo XXI, lejos del costumbrismo y el localismo, la relectura del propio pasado colectivo en clave universal, así como de plantear temas de candente actualidad desde todos los géneros y su propia complejidad. Por ello, Andorra se ha convertido en un centro interesante de creatividad literaria en el conjunto de las letras catalanas que, además, rompe fronteras a través de las traducciones a otras lenguas, convirtiendo así, en algunos casos, a los autores andorranos en embajadores de la literatura en lengua catalana en el mundo. Entre otros, destacan Albert Villaró, que desarrolla una magnífica propuesta de thriller pirenaico, ucronía y novela fantástica y de aventuras a través de obras como Blau de Prússia (2006, Premio Carlemany), Els ambaixadors (2014, Premio Josep Pla), o La compañía nórdica (2020); o Teresa Colom, que ha ampliado su labor como poeta a la narración corta y a la novela. Su libro de relatos La senyoreta Keaton i altres bèsties (2015), situado entre el cuento gótico y el realismo fantástico, se ha traducido a diversas lenguas como el castellano, el francés o el mandarín. La consolidación de diversos sellos editoriales, la labor de los medios de comunicación en la difusión de la literatura o el impulso de diversos premios literarios han redundado en la profesionalización del ecosistema cultural andorrano. Y, en este contexto rico y dinámico, el Principat d’Andorra encuentra en la obra Morts, qui us ha mort? de Iñaki Rubio todo un punto de referencia literario.